Una vez frente a la puerta del hotel, Ayna se quedó contemplando a la gente que salía y entraba. Sus ánimos estaban por los suelos, pero tenía que hacerse valer. Ella era una persona muy responsable con las cosas que se proponía, debía demostrarlo. Sólo había sido un pequeño incidente, y estaba claro que ella no había sido la causante, simplemente había cumplido órdenes. Dejando escapar un largo suspiro se dispuso a entrar.
Saludó a Noida, que le devolvió el saludo, sin mostrar ningún rasgo que denotase que le guardaba algún tipo de antipatía por lo ocurrido el día anterior, lo cual era un buen comienzo. Se fue sin más a la habitación de empleados, y se cambió tan rápido como pudo.
Al llegar a recepción, Noida atendía a un matrimonio demostrando un dominio del inglés que la dejó sorprendida. Disculpándose con ellos un minuto, se volvió hacia ella.
-Ayna, ¿sabes dónde está el bono que te dejé ayer, el de la agencia?- Ayna se paró a pensar.
-Pues... - recordó la última vez que lo vio.- Sí, lo dejé en la oficina. Espera un momento, ahora mismo lo traigo.- Cuando entró en la oficina, el bono no estaba en el lugar donde, supuestamente lo había dejado, pero recordaba perfectamente haberlo puesto allí antes de irse a obedecer a...
-¿Y bien?- Ayna salió de la oficina con la cara seria.
-Yo... estaba segura de que lo había dejado en la oficina, pero no está.
-¿Cómo que no está? Sin el bono, no podemos hacer la salida a los clientes. ¡Dios!
El cliente comenzó a impacientarse llamando la atención de Noida y ella les pidió que esperasen unos minutos haciendo gala de una sonrisa espectacular. A continuación, cogió el teléfono de la centralita.
- ¿Señor? Tenemos un problema, el bono de la agencia de unos clientes no aparece, y se impacientan.-... - A ha, de acuerdo.- Noida colgó y les comunicó que el mismo director sería el que atendiese sus peticiones. A la pareja no les quedó más remedio que esperar, sin ocultar sus caras de desagrado. Ayna estaba en todo momento expectante a lo que podría pasar. Su corazón le iba a mil y notaba como le faltaba un poco el aire.
La melodía del ascensor sonó, y el fabuloso director apareció, con su fascinante aire de superioridad. Sus pasos resonaban en toda la sala, los clientes, Noida y Ayna no tuvieron más remedio que quedarse mirando cómo se acercaba, como si fuese una especie de Dios.
De repente Ayna se quedó helada, ¿era posible que ese hombre estuviese sonriendo?
Desde que comenzó a estudiar supo que su inglés era medianamente bueno y que con un poco de esfuerzo lograría perfeccionarlo, pues siempre había tenido oído para los idiomas, pero en ese momento, sintió su autoestima tremendamente baja. El director del hotel era simplemente fascinante. Cómo se desenvolvía hablando un perfecto inglés no era solo lo que llamaba su atención. Era su sonrisa, su saber estar y sobre todo ése carisma que poseen muchas personas para hacer cambiar a todo el mundo de opinión y llevárselas a su terreno. Ése don de gentes que Ayna siempre había envidiado, pues aunque ella era de carácter fuerte, carecía de esa esencia especial que hacía de las personas, ser diferentes. Después de darse cuenta que contemplaba la escena boquiabierta, pestañeó y tragó saliva, para contemplar el desenlace. Los clientes habían terminado sonriendo e incluso habían sido cómplices del sentido del humor de aquel hombre oscuro. ¿Quién diría que lo tuviera? Y acto seguido, se dirigieron al restaurante. En ése preciso instante, la simpatía del director desapareció y se giró hacia ellas. Fue hacia el mostrador y dejó encima un papel. La sorpresa de Ayna fue instantánea al reconocer el bono.
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El Caballero Oscuro
RomansaDominic es exigente, prepotente e insoportable. Esa manera casi espartana de trabajar le mantiene en alerta y en un agotador estado de resistencia. El despotismo de Dominic la conduce a una espiral de misterio y claroscuros llenos de cicatrices dond...
