A pesar de sus infructuosos intentos de concentrarse en lo que estaba haciendo, no desistió en intentarlo de nuevo, pero como todas las veces anteriores, el sonido de aquella pequeña pelota golpeando el techo una y otra vez, atrajo su atención, despistándole, y no pudo evitar apretar la boca en un evidente gesto de enfado.
—¿Es que no tienes otro lugar donde ir?—Le indicó la puerta, exasperada—. Ve a divertirte por la ciudad, ve a la playa, date una vuelta en alguno de tus coches, queda con alguna mujer, ¡lo que sea!—Dio una palmada sobre el escritorio—. Pero déjame trabajar tranquila.—Sus increíbles ojos dorados se clavaron en ella.
—La culpa es de Domi, hermanita. Prometió acompañarme toda la semana cuando dije que ampliaría mi estancia y no me dijo nada de que se iba de viaje, el muy astuto.—Sus últimas palabras apenas fueron un susurro de fastidio. Volvió a su posición inicial. Allí, tumbado sobre el sofá beige, con las piernas cruzadas, arrojaba una pequeña pelota hacia el techo y la recogía, una y otra vez. Noida se sujetó el puente de la nariz. Se conocían prácticamente desde siempre, pues cuando Dominic salió del internado y tomó el control de la empresa, Nikolái había aprovechado cualquier tiempo libre del que dispusiera para acudir a verle. Ella salió de su propio colegio, nada que ver con el de su hermano, no mucho tiempo después y pasó a dirigir la recepción, para asumir la dirección del Hotel Costa del Amanecer siempre que Dominic tenía un viaje de negocios. Se podría decir que ambos hermanos sabían desenvolverse perfectamente en aquel ámbito. Así pues, fue cuando Niko comenzó a llamarla hermanita, y prácticamente se había convertido en su protector, teniendo en cuenta el carácter reservado y distante de Dominic. Dejando de lado el sentimiento de cariño que le tenía, el tenerle allí sin nada que hacer, básicamente perdiendo el tiempo, le ponía de los nervios. Unos suaves golpes en la puerta llamaron su atención y dio por perdida su guerra de quitárselo de encima.
—Adelante.
—Noida..., aquí tienes el informe que me pediste.—Ayna entró sin reservas sin percatarse del intruso. Ella asintió dirigiendo su mirada cristalina a aquellos documentos—. Brigitte ya ha logrado comunicarse con el señor Jules, que ha aceptado el nuevo presupuesto y...—Se cruzó de brazos y dejó escapar un suspiro, mientras Noida pasaba las páginas ojeando brevemente lo que tenía que firmar— aún faltan algunas agencias por confirmar la solicitud que enviaste con respecto al próximo evento.
—Ahá...—añadió distraída—,pues tendremos que...—Sus ojos volaron hacia Niko, que se había quedado callado, dándole vueltas a la pequeña pelota y mirándolas a ellas. Abrió los ojos ante su idea. Se irguió dejando sus palmas sobre el escritorio. Ayna observó sus manos y le dedicó una breve mirada a aquel escritorio. Dominic con el cabello revuelto, la camisa abierta y su amplio pecho al descubierto. Cerró los ojos con fuerza. «Mierda». Era su primer día sin él y no paraba de fantasear, no quería ni imaginar lo que ocurriría a medida que avanzase la semana—. Ayna...—Esta parpadeó para atender a su superiora—,lleva los documentos relacionados con el Baile de la Luna a las agencias pertinentes. No vuelvas hasta que no encuentres respuestas de todas. Si tienes algún problema o te ponen algún tipo de impedimento, me llamas. Después necesito que pases a recoger todo el merchandising que necesitaremos para el evento.—Ayna se quedó reflexionando unos instantes.
—No quisiera contradecir tu orden, pero... ¿no es algo que se puede hacer informáticamente? Además, la mayoría de las agencias son de fuera de la ciudad, por no decir que el merchandising lo mandan directamente al departamento de provisiones.— Noida levantó una ceja rubia, gesto que le recordó a alguien en particular.
—Por supuesto que se puede hacer vía Internet, pero prefiero que lo hagas personalmente.—Ayna asintió de mala gana. Con los adelantos que habían, y teniendo en cuenta que en sus otros hoteles prácticamente todo estaba a la última tecnológicamente hablando, seguía sin entender por qué en ese hotel todo funcionaba un poco a la antigua. Se mordió el labio. Un poco sonaba demasiado condescendiente. Aquel hotel funcionaba como si se hubiese estancado varios siglos atrás. ¿Sería inherente a aquel lugar?—. Y... llévate a ese guardaespaldas.—Señaló hacia el sofá y ella se giró sorprendiéndose en el acto. No se había percatado de que había otra persona en la sala. Y su asombro aumentó al reconocer a aquel hombre que se incorporó con gesto de indignación.
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El Caballero Oscuro
RomansaDominic es exigente, prepotente e insoportable. Esa manera casi espartana de trabajar le mantiene en alerta y en un agotador estado de resistencia. El despotismo de Dominic la conduce a una espiral de misterio y claroscuros llenos de cicatrices dond...
