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—Ya estoy lista.—Ayna se giró con el bolso en la mano. Había terminado su turno de mañana y puesto que tenía la tarde libre, se había decidido a llevar a su hermana a un parque infantil. Tanto centrarse en Dominic le hacía sentir culpable para con la niña—. Estás preciosa mi pequeño ángel, ¿vamos?— Isola asintió con entusiasmo al mismo tiempo que sonó el timbre. La pequeña voló más que corrió para abrir la puerta y Ayna supo inmediatamente quién era la persona que los visitaba a juzgar por el grito de ilusión que le hizo. No esperaba recibirle, pues había dicho que no iba a estar disponible en todo el día, por lo que se sintió tontamente animada. Se acercó despacio, aun ocultando su ansiedad por verle. Sus miradas se cruzaron fugazmente pues prestaba atención y sonreía a la niña, a la que tenía acogida en sus brazos.

—Estoy muy enfadada contigo, papá.—Él dejó escapar una risilla.

—¿Qué he podido hacer para ocasionar tal estado?—dijo con fingida inocencia, aunque Dominic ya lo sabía. La pequeña había creado un vínculo con él tremendamente intenso y él había desaparecido de su vida demasiado tiempo para que un alma inocente como ella pudiese perdonarlo. A su pesar, sonrió.

—Bueno, es que has estado muchos días sin venir y no me has llamado. Menos mal que he estado entretenida hablando con Niko...—La pequeña hizo un puchero.

—¿Niko..., Nikolái?—tartamudeó sin darse cuenta y fulminó a Ayna con la mirada. Esta se encogió de hombros.

—Te dije que yo no era su objetivo.—Dominic se quedó unos instantes con la boca abierta.

—¿Tu tía?—Dejó a Isola en el suelo preso de una enorme incredulidad y despertó de su trance cuando sintió cómo tiraban de su mano.

—Íbamos a salir a tomar un helado, ¿vienes con nosotras verdad, papá? Porque para que te perdone, tienes que venir.—Él parpadeó y carraspeó, aún asombrado.

—Seguro.—La pequeña comenzó a relatarle episodio por episodio todo lo que había estado haciendo esos días en los que él no había estado, mientras caminaban los tres calle abajo en pos de una heladería.

—Llamó a tía Beth, pero como no quiso hablar con él, pues habló conmigo.—Soltó un resoplido nada femenino—. Es que no entiendo por qué simplemente no le dice que le da vergüenza. A mí no me da vergüenza hablar con ningún chico guapo. Y Niko es muy guapo y está muy solo también, como tú antes, papá, cuando tenías el hechizo.

—¿Hechizo?—Dominic arrugó la nariz, a veces se le escapaba la magnitud de la imaginación de esa niña.

—No tienes peligro tú —apuntó su hermana. Dominic sonrió. De alguna forma, compadecía al hombre al que aquella niña eligiera para su futuro.

—Pero no te preocupes, papá, tú eres el más guapo del mundo mundial.—A su pesar se sonrojó.

—Me alegra estar por encima de Niko.—En sus palabras se reflejaba cierto cinismo que la niña no llegó a entender, pero su hermana sí.

La tarde fluyó cotidianamente, tomaron un helado, pasearon por el centro, Dominic insistió en comprar algunos regalos para Isola, cosa que Ayna discutió. Aún sabiendo que era para redimir su comportamiento, ya le era muy difícil intentar que la pequeña no idolatrara tanto a aquel hombre como para encima tolerar que se convirtiese en una consentida. A su pesar, sonrió. La escena era para contemplarla, aquella niña, con su habitual desparpajo, su inocencia infantil y su calidez de alma habían calado tan profundamente en el corazón de Dominic, que había logrado filtrarse a través de cuantos muros él se empeñase en construir. Realmente sería un gran padre. Inmediatamente se le paró el corazón. Un escalofrío recorrió su espina dorsal y el vello se le erizó. Aunque había desechado aquel pensamiento a un rincón de su mente en numerosas ocasiones, este volvía con más fuerza si cabía. Había estado manteniendo relaciones con Dominic sin protección alguna. No se consideraba una mujer irresponsable, pero de alguna manera, este se las había ingeniado para borrar cualquier cautela que ella pudiese conservar. Cuando se encontraba entre sus brazos, olvidaba el resto del mundo y la posibilidad de que hubiese peligro alguno. ¿Que si un hombre puede arrastrarte tanto a la locura que no seas consciente de la realidad? Sí, sí podía, ella lo estaba viviendo en su piel. Le observó detenidamente y su pulso comenzó a acelerarse. Estaban en un parque y ambos, adulto y niña, mantenían una especie de competencia a ver quién llegaba más alto en unos columpios. A pesar de la debacle que invadía su pensamiento, tuvo que sonreír. Por la expresión de su rostro, sabía que era la primera vez que se montaba en uno. Inmediatamente sus ideas comenzaron a girar en una vorágine de dudas y temores. Tenía que hacerse una prueba y sería esa misma noche. ¿Y si era positiva? Sintió temblar las piernas y se dirigió a un banco cercano. No es como si no quisiese tener hijos, adoraba a los niños y Dios sabía que uno de sus sueños era sentir cómo se creaba una vida en su interior, verlo nacer, crecer. Se le empañaron los ojos. No era el momento. El hombre desde luego que sí. Tras unos instantes mirando sus pies, volvió a levantar la mirada, que se cruzó con la de él. La intensidad de aquellos ojos del color del carbón le quemaba la piel. Por supuesto que quería que toda su vida estuviera enlazada a Dominic, ¿ser madre de sus hijos? Su pulso se aceleró. Tuvo la visión de pequeños con los cabellos del color del ónice y las miradas de una profundidad devastadora. Unas lágrimas acudieron a su mirada, haciéndola borrosa. De alguna forma, siempre había pensado que el hecho de quedarse embarazada sería algo positivo, lo más emocionante que le pudiese ocurrir, y que no entrañara preocupación alguna, más allá de las pertinentes. Pero se debatía constantemente entre lo que deseaba y lo correcto. No sonaba nada bien que se quedase embarazada de pronto del millonario más cotizado en una relación que apenas acababa de comenzar. Se tapó los ojos con las manos y dejó escapar un sonoro suspiro. ¿Cómo decirlo si fuese cierto? ¿Cómo se lo tomaría él? ¿Debería interrumpirlo? Su corazón se quejó. Jamás podría hacer tal cosa. A su pesar, continuó divagando lo que quedó del día.

El Caballero OscuroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora