Decidido a omitir los hechos acontecidos la noche anterior, Dominic se dispuso a bajar por su cappuccino a la misma hora. Darse cuenta de que todos sus sentidos se encontraban alerta por lo que pudiese ocurrir lo irritó al punto de lograr enfadarlo consigo mismo.
Cuando llegó a la planta baja, de nuevo se sorprendió mirando la sonrisa que dedicaba aquella muchacha a los clientes y por un fugaz instante, se imaginó siendo el destinatario de esa sonrisa. Reprendió a su mente en el mismo momento en que lo pensó y soltó un bufido de indignación que le llevó a andar con más celeridad hacia la cafetería designada exclusivamente para el personal. Encontrarla despejada a aquellas altas horas era ya una costumbre, así pues se limitó a proceder como tantas noches, a prepararse la bebida que necesitaba para despejarse y de ese modo, poder acabar lo que quedaba de trabajo.
Mientras Ayna hacía la entrada de los últimos clientes de la noche, observó por el rabillo del ojo que su jefe había entrado a la cafetería, así que cuando terminó de hacer el papeleo se armó de valor, respiró hondo y se dirigió hacia allí. Ésa era su oportunidad para disculparse por el incidente con su hermana. Con paso firme entró en la sala, pero a medida que se acercaba los nervios se iban extendiendo por todo su interior convirtiéndola en toda una maraña de inseguridad. Apenas le separaban unos pasos de aquella imponente figura cuando se paró en seco y se quedó observando la escena. La cafetería era una enorme sala con planta circular. Al fondo se encontraba la barra que hacía forma de media luna y detrás había unas enormes estanterías con una amplia gama de bebidas así como los utensilios pertinentes para su uso. Las mesas se distribuían de una forma eficiente aprovechando todo el espacio y sin embargo, proveyendo de amplitud y privacidad a cualquier persona que tuviese a bien sentarse en ellas. Pero lo que llamó su atención fue ver al director del hotel, sin su impecable chaqueta negra. Su inmaculada camisa blanca remangada hasta los codos, su cabello sujeto hasta el más mínimo pelo diariamente, se encontraba libre y rebelde, pues cada mechón se dirigía hacia un lugar distinto. Lo que más le sorprendió es ver la destreza con la que manejaba la máquina, pues para su poco conocimiento al respecto, una persona de su categoría, por decirlo de alguna manera, tendría al personal necesario sirviéndole lo que desease a cualquier hora del día, y sin embargo, allí estaba él, suministrándose a sí mismo. Sus ojos se quedaron embelesados en cómo los músculos de su espalda se marcaban por cada movimiento. Al igual que las luciérnagas con la luz, Ayna comenzó a caminar atraída por esa imagen. Cada vez se encontraba más cerca y no podía dejar de mirar sus antebrazos. Tragó saliva. ¿Realmente aquella escena era tan fascinante o más bien era producto de su cansancio? Cuando se dio cuenta de su aturdimiento ya tenía las manos sobre la barra. Tenía justo delante de ella una pequeña taza encima de su plato correspondiente, así como una cucharilla. Y de repente se volvió con la cafetera en la mano. Tan impactada como ella se quedó él, su rostro lo reflejó perfectamente. Unos segundos claro, porque después el caballero oscuro apareció.
-¿Qué estás haciendo aquí?- Aunque su repentina voz hizo eco en toda la sala y le produjo un escalofrío, Ayna no podía dejar de mirarlo. De frente, tenía los botones superiores de la camisa abiertos, lo que dejaba a la vista una mínima parte de su inmenso pecho cubierto por un fino vello negro. Su pelo revuelto le confería un aspecto aniñado y no entendía por qué su mirada no era tan cruel como cuando vestía con su ropa habitual.- ¿Es que no vas a responder? ¿Por qué has dejado la recepción sola?- Parpadeó varias veces para volver a la tierra.
-Yo... -De pronto, no supo por qué, sonrió.- Emm... venía a disculparme.- Dominic se quedó embelesado con esa sonrisa, era diferente a la que había visto estos días, era... no sabía lo que era, pero de seguro se estaba riendo de él. Entrecerró los ojos a modo de desconfianza y vertió su cappuccino en la taza. Al ver que él no le contestó, continuó.- Sé que anoche no debería de haber traído a Isola y fue un error, pero era una urgencia, no tenía con quién dejarla.- Dominic dejó la cafetera a un lado y puso sus manos extendidas sobre la barra.
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El Caballero Oscuro
RomantiekDominic es exigente, prepotente e insoportable. Esa manera casi espartana de trabajar le mantiene en alerta y en un agotador estado de resistencia. El despotismo de Dominic la conduce a una espiral de misterio y claroscuros llenos de cicatrices dond...
