—¿Qué quiere?
—Insiste en hablar contigo.
—¿No os ha dado ninguna idea al respecto?
—Parece ser que es un asunto demasiado delicado y personal.—Dominic ocultaba su boca apoyándose en su puño apretado. Un sorprendente nudo se había instalado en su pecho amenazando con asfixiarle. Cada vez que se planteaba continuar hacia adelante y vislumbraba un posible futuro, su pasado volvía tras él, agarrándole del tobillo para hundirle de nuevo en el fango.
—¿No hay manera de evadirle?—Jefferson negó con la cabeza, visiblemente afectado.
—Deberías escuchar lo que tiene que decirte, hijo.
—¿Por qué no ejerces de intermediario para sonsacarle la información?—El doctor fulminó a Nathan con la mirada y este se encogió de hombros—. Solo era una idea.—Volvieron a dirigir su atención a Dominic. Había entrado como un vendaval en el despacho de Jefferson presuroso a oír lo que tenían que decir. Obviamente no esperaba aquel tipo de noticia, desde que la escuchara, no había abandonado ni postura, ni expresión. Su armadura era cada vez más visible y el psiquiatra no sabía cómo acceder a lo que pasaba por su mente.
—Quizás debieses reunirte con él en algún restaurante, por ser un sitio neutral.
—Mejor en su despacho, hay más privacidad.
—Dejad de hablar como si no estuviese delante.—Su hondo suspiro inundó el eco de la sala—. Nathan ponte en contacto con él. Hoy a las siete de la tarde, ni un minuto más.—Este asintió—. Iré a su taller. Quiero todo despejado.
—Recibido.—Se despidió gestualmente y salió en pos de cumplir su misión.
—Jeff, probablemente esto...—El psiquiatra asintió entendiendo perfectamente sus palabras.
—Estaré a tu disposición en cualquier momento.— Dominic asintió lentamente sin dejar de mirar sus manos, que lejos de sentirlas fuertes, comenzaron a temblar. Apretó los puños así como su mandíbula.
—Quiero cerrar la puerta de una vez por todas.—Su voz, apenas camuflaba la ira que sentía.
—Deberías de plantearte si esa es la opción adecuada.—Dominic achicó los ojos.
—¿Qué demonios quieres decir?—Tamborileó el escritorio con los dedos, mientras miraba los sabios ojos de Jefferson.
—Ya sabes lo que opino al respecto.—Él asintió.
—Lo sé, y ya conoces mi respuesta. No quiero tener nada que ver con ese hombre.—Miró hacia la ventana. A él le gustaba escuchar consejos, otra cosa era que los siguiese o no, y este en cuestión, no estaba dispuesto a seguirlo. Se veía incapaz de mantener cualquier tipo de relación con ese hombre. No. Se negaba rotundamente. Jefferson negó en silencio, reprobando su comportamiento, pero Dominic se encogió de hombros. Sería un día difícil.
Noida despedía a unos huéspedes cuando Ayna entró en el hotel. Las comisuras de su boca dibujaron una sonrisa cómplice.
—Parece ser que alguien se lo pasó muy bien anoche.—Ayna entrecerró los ojos.
—Lo sabías, ¿verdad? Por eso me enviaste a la playa.
—Por eso y porque realmente quería que disfrutaras del evento, a fin de cuentas, ahora habría que esperar todo un año.—Ayna se cruzó de brazos.
—Bueno, te perdono porque fue una de las mejores noches de mi vida.—Le guiñó el ojo—. Y hasta ahí puedo contar.—Se giró para ir a cambiar su vestimenta. Noida se quedó mirando a su espalda con una sonrisa tonta en los labios. Eso de hacer de casamentera con su hermano no estaba resultando ser tan doloroso como se imaginaba. Quizás si hubiese encontrado antes a Ayna, le hubiese resultado todo un poco más fácil.
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El Caballero Oscuro
Storie d'amoreDominic es exigente, prepotente e insoportable. Esa manera casi espartana de trabajar le mantiene en alerta y en un agotador estado de resistencia. El despotismo de Dominic la conduce a una espiral de misterio y claroscuros llenos de cicatrices dond...
