- ¡Mamá! ¡Mamá despierta!- La niña no dejaba de moverla con sus manitas pero Ayna cogió la almohada y se cubrió la cabeza al mismo tiempo que se giraba.
-Déjame Isi, necesito descansar.- La niña se le montó encima.
-Pero ya te has saltado el desayuno y tía Beth quiere hablar contigo. – La niña se bajó y levantó la persiana dejando que toda la fuerza del sol entrara en la habitación. Luego abrió la puerta y salió corriendo. Aún a desgana, Ayna se levantó para ir a la cocina. Su hermana estaba sentada sirviéndole un vaso de zumo a su osito de peluche, que había sido sentado en otra silla a su lado. Beth estaba preparando una ensalada y Ayna se sentó no sin antes frotarse la cara, aún estaba dormida.
-Siento que no puedas quedarte encamada por más tiempo cariño, pero tengo que hablar contigo.- Le puso un platito con varias albóndigas a la niña mientras le retiraba el vaso al peluche.- Isi, ¿cuántas veces tengo que decirte que tigre no bebe zumo?- Se giró y cogió una cafetera, haciendo un pequeña señal a su sobrina, la cual asintió, la llenó de agua para ponerla a hervir.
-Pero mamá siempre dice que hay que comer para crecer mucho.- La niña se cruzó de brazos y comenzó a hacer pucheros mientras que su tía situaba una taza frente a su sobrina. Ésta se quedó contemplándola.
-Creo que tigre ya ha crecido bastante. Cuando tu crezcas y te pongas a su altura, igual le damos más comida a él.- La niña se animó con ese comentario y empezó a dar buena cuenta de su almuerzo.- Ayna siento decirte que hoy debes quedarte de nuevo con Isola.- Pero la muchacha se encontraba absorta mirando el café, recién servido, recordando lo acontecido la noche anterior. Le resultó particularmente curioso conocer su forma de tomarlo. A él le gustaba templado, ¿o es que se había enfriado cuando ella lo tomó?, muy dulce, con mucha espuma de caramelo y por cierto bien cargado de cafeína, gracias a la cual, había permanecido el resto del turno y gran parte de la mañana con los ojos abiertos como platos y mirando el techo.- ¿Me estás escuchando?- Exasperada, Beth puso los brazos en jarras.
-¿Perdón?- Ayna parpadeó saliendo de su estopor.
-Decía que debes quedarte con Isi esta noche, me temo que tengo turno en urgencias de nuevo.- La muchacha no sabía cómo reaccionar.
-Pero tía Beth, no puedo llevarla de nuevo al hotel y mi jefe aún no me ha cambiado el horario.- Su tía dejó escapar un suspiro.
-Lo siento cariño, pero tendrás que pedirle que te cambie de turno o que te dé permiso para llevarla hoy. Un hospital no es lugar para un niño, y aún no me he puesto en contacto con la agencia para entrevistar a una posible canguro. En cambio, en el hotel, tan solo tienes que dejarla jugar en una habitación libre y dormirla allí mismo.- De pronto a Ayna le vinieron a la mente los sucesos ocurridos con su hermana en el hotel.
-No es que Isi se quede quietecita precisamente.
-Bueno, pues entonces tendrás que imponerte un poco más. Ya te he repetido numerosas veces que...
-La consiento demasiado.- Finalizó Ayna.- Sí, lo sé. Bueno, veré lo que puedo hacer.- Ayna se levantó de la silla y se fue hacia su habitación, no sin antes darle un beso en el cabeza a su hermana.- Hasta esta noche, me gustaría dormir un poco.
-De acuerdo cariño.- Le dio dos besos a su tía y se fue para perderse entre sus sábanas y poder descansar más la mente que el cuerpo, que inexplicablemente seguía en su convencimiento de que aquel hombre era lo único, al parecer, en lo que podía pensar. Como si no tuviese más quebraderos de cabeza que ese.
-No te hace bien venir a mi consulta y cerrarte por completo.- El doctor Jefferson se encontraba examinando su expediente, que se hallaba esparcido por la enorme mesa de caoba.
-Ya sabes que no vengo aquí por voluntad propia así que no esperes más.- Dominic sabía que después de un breve sermón conseguiría lo que había ido a buscar. Esas preciosas píldoras azules que lograban apagar su cerebro y dejarlo en un estado de semiinconsciencia. Tan solo tenía que relajarse sobre la camilla a esperar que Jefferson anotase en su evaluación una frase más propia de un escolar que de un informe psicológico: ''progresa adecuadamente''. Después de tratarle prácticamente desde que era un niño y por voluntad de su padre, pronto llegaría el momento de que tuviera que dejar de asistir a esas condenadas consultas. Su padre. Se puso los brazos detrás de la nuca y cerró los ojos. Todo lo que dirigía su vida era producto de un testamento minuciosamente escrito al detalle por su padre. Soltó un bufido. A veces, llegaba a la conclusión de que se había esforzado demasiado en organizar su miserable vida y pensaba en qué ocurriría cuando llegase el momento de que hubiese acabado de hacer todo lo que él había escrito.
-¿Cómo te has sentido este mes Dominic?- Apretó con fuerza el puente de su nariz.
-No entiendo que me preguntes todos los meses lo mismo Jefferson. Dime.- Se incorporó y lo miró directamente a los ojos.- ¿Qué esperas que te conteste?
-Solo quiero saber si vas superando tus miedos poco a poco, hijo.- Dominic se exasperó y se levantó.
-Ya le he dicho que yo no tengo miedo a nada. Tan solo son recuerdos. Recuerdos desagradables, pero solo eso.- El doctor le miró con sus ojos azules a través de unas minúsculas gafas.
-Son miedos Dominic y hasta que no lo asimiles no lo superarás.- Éste comenzó a pasearse por la habitación como un lobo enjaulado.
-Y según usted, ¿a qué le tengo miedo?
-A que le quieran. No dejas que nadie se preocupe por ti y nunca permites que nadie se acerque demasiado como para hacerlo. Además de que no te gusta que te hagan partícipe de algún grupo social, familiar,... - Dominic lo fulminó con la mirada, dio dos largas zancadas y con fuerza puso sus ambas manos sobre la mesa ocasionando un fuerte sonido.
-Yo no tengo miedo... a nada, ¿entiende?
-Pero hijo...- El joven miró el enorme reloj de cuco que había en la pared.
-Lo siento Jefferson, la consulta se ha acabado.- Interrumpió. Acto seguido puso delante del doctor su palma de la mano abierta. El doctor abrió un cajón y puso en la mano de Dominic un pequeño frasco de cristal.
-Sabes que esto no te va a servir eternamente.- Le comunicó el médico con una voz triste.
-No viviré eternamente como para comprobarlo.- Cerró con fuerza el puño apretando el frasco de cristal y le dedicó su sonrisa más gélida.- Que tenga un buen día.- Y se marchó.
El doctor oyó sus pasos hasta el hall y después anotó una sencilla frase en su expediente: ''Progresa adecuadamente''. Ambos sabían la verdad y hasta que el chico no lo admitiera, jamás podría seguir adelante. Suspiró. La vida de aquel muchacho había sido bastante dura.
Después de haber dormido toda la tarde a causa del efecto somnífero de su medicación abrió los ojos muy despacio al oír el sonido del despertador. Lo apagó con pereza y miró hacia su izquierda. El enorme cristal que hacía la función de pared de su habitación le mostraba una noche plagada de estrellas. Se quedó tumbado en su enorme cama mirando el frasco de cristal. Vivía por y para la cadena hotelera. No tenía relación con nadie salvo el breve contacto con sus empleados. El doctor Jefferson le había comentado en varias ocasiones que se envolvía en un entorno frío y mostraba mucha hostilidad hacia los demás y siempre finalizaba las consultas con una única frase: ''Cambia Dominic, puedes dar mucho más de ti. Muestra tu verdadero yo a los demás''. ¿Cambiar él? No sabía cómo hacer eso. Él siempre había tenido la misma personalidad y no entendía por qué tenía que ser diferente. Por qué él. ¿Acaso había pecado tanto en otra vida para tener que pagarlo en esta? ¿Ser normal? Se incorporó con brusquedad y con todas sus fuerzas apretó el frasco hasta que se escuchó el pequeño sonido de cristales rotos. Abrió la mano y observó cómo finos cristales se habían introducido en su piel ocasionando la erupción de la sangre que se mezclaba con las píldoras azules. Se quedó unos instantes observando el color rojo intenso de la sangre. ¿Acaso no sangraba como los demás? Tan solo le quedaba admitir que su vida seguiría siendo tan insignificante como hasta ahora. Suspiró.
-Es hora de trabajar.- Se levantó y fue hacia la ducha para prepararse para una divertidísima noche haciendo cuentas.
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Besos.
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El Caballero Oscuro
RomanceDominic es exigente, prepotente e insoportable. Esa manera casi espartana de trabajar le mantiene en alerta y en un agotador estado de resistencia. El despotismo de Dominic la conduce a una espiral de misterio y claroscuros llenos de cicatrices dond...
