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Llegó hasta él como hipnotizada. Largas horas de ira y tensión, tristeza y pena se evaporaron para dar paso a la ansiedad de abrazarle. No se contuvo. Se arrojó a sus brazos acariciando su pecho con la mejilla. Su temperatura corporal no había cambiado, ardía.

—Te he echado tanto de menos...—Dominic apretó los dientes y sintió como le palpitaba el músculo de la mejilla. Aún no había sacado sus manos de los bolsillos, que se tensaron en dos enormes puños. Ella se percató de su resistencia y se retiró para mirarle a los ojos. Hizo todo acopio de valor para borrar cualquier tipo de sentimiento de su mirada—. ¿Qué ha ocurrido? Te llamé innumerables veces y he perdido la cuenta de los mensajes que te dejé. Y tu única llamada..., en fin..., mejor no hablar de ello.—Colocó su delicada mano en la mejilla—. ¿Estás bien? ¿Te sucedió algo?—Dominic la cogió de la muñeca y cerró los ojos con fuerza al mismo tiempo que la retiraba. Sí. Necesitaba aclarar todas sus dudas y temores acumulados durante todos aquellos días antes de sucumbir a la necesidad que tenía de ella. Si lo hiciese ahora, no podría frenarse y aún conservaría aquella sombra pendiente en su cabeza. Ayna no pasó por alto su cambio. No era el mismo hombre que se había despedido de ella. Con seguridad podía decir que se había vuelto a cerrar de nuevo. De mala gana se separó de él para contemplar su expresión—. Dominic..., por favor..., explícame.—Contempló cómo respiraba hondo.

—Explícame tú.—Su voz... cuánto había echado de menos su ruda y grave voz. Parpadeó con sorpresa.

—¿Qué tengo que explicar?

—Explícame por qué en mi ausencia, estabas con él.—Su ira era apenas contenida. Sacó su teléfono del bolsillo y prácticamente la obligó a contemplar la amplia gama de imágenes que tenía en su galería, cosa que él no había dejado de mirar durante todos aquellos torturantes días. Ayna ahogó un grito de sorpresa al verse protagonista de todas aquellas fotografías. Todas ellas tomadas desde la lejanía, retrataban cada momento que había pasado con Nikolái. Las miró con atención. Se tapó la boca cuando contempló desde la perspectiva de aquel espía, el encuentro íntimo que habían tenido en la playa. Pareciera que hubiese ocurrido algo más entre los dos. Ilusión óptica. Juntos, en el restaurante mejicano, en la discoteca, en su coche..., el abrazo de despedida.

—Así que... ¿era eso?—Levantó la mirada hacia la suya. Él seguía con la mandíbula apretada, los puños apenas contenían su furia. Entrecerró los ojos—. ¿Has ordenado que me siguiesen?

—Así es.—Su voz no había cambiado ni un ápice.

—¡Dios mío!—dijo incrédula, se quedó callada asimilando toda aquella información de golpe. Ella había estado realmente preocupada por él. Pensaba que le había ocurrido cualquier cosa. Que se había dejado engullir por el abismo. Se había sentido completamente impotente al no poder acudir en su ayuda, y él, sin embargo, había sido su sombra todo ese tiempo. ¿Cómo podía haber hecho algo así? Y lo que era peor, ¿cómo no se había dado cuenta de que le habían seguido y retratado allá donde iba? Tragó saliva presa de un nudo en la garganta—. Respóndeme a una pregunta.—Apenas si le salió la voz—. ¿Me has ignorado deliberadamente?

—¿Por qué has estado con él?—Subió su tono de voz.

—¿Lo has hecho, Dominic?—Ella levantó una milésima el suyo—. ¿Me has eludido a conciencia?—Su respuesta no llegó, por lo que tomó su silencio como un sí. Una punzada de dolor se instaló en su pecho—. No..., no puedo creerlo.—Se giró para dar unos pasos mientras millones de imágenes anteriores a aquel maldito viaje acudían a su mente—. Nada era cierto. No era cierto —susurraba para sí misma.

—¿A dónde crees que vas?—La cogió del brazo y la hizo girar—. ¡Necesito explicaciones maldita sea!—Ayna colocó su palma en el pecho desnudo, dándole un pequeño empujón para apartarlo de ella.

El Caballero OscuroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora