Dominic Bassols contempló nuevamente el archivo con las referencias de su nuevo fichaje, ''Ayna Lee''. Según los detalles, era una buena estudiante, pero el misterio que envolvía llamaba poderosamente su atención, ¿No debería de tener 21 años? ¿Por qué tenía 26? Al parecer, los datos no mostraban que hubiese repetido curso en ningún momento. ¿Por qué esos 5 años de diferencia con el resto de sus compañeros? Dejó su expediente en el casillero correspondiente y se levantó para dirigirse al cristal. Con las manos en los bolsillos, se quedó contemplando a través de esa cámara oculta que le confería el enorme espejo de su oficina. Desde fuera, tan solo se apreciaba una inmensa luna llena de intrincados grabados de oro, pero desde su perspectiva podía controlar los movimientos que se daban en la recepción, cinco plantas más abajo. Noida se encontraba atendiendo a unos clientes mientras que la novata no dejaba de tomar notas. Ése sería su primer día con el turno de noche. Sonrió. Nuevamente tenía un juguete al que torturar, con la diferencia de que esta vez, ése juguete contenía secretos que estaba dispuesto a descubrir.
Desde que muriera su padre, Henry Bassols, no había encontrado sentido a su vida. No es que su vida hubiese tenido sentido anteriormente, Dios sabe que su existencia fue un error y que debía haber muerto en su primer segundo de vida, pero su padre había sido el único aliciente que le obligaba a seguir vivo. Ahora, todo daba igual. No había querido heredar la cadena de hoteles, y mucho menos tener que hacerse cargo de ella, pero su padre elaboró un testamento que no dejaba lugar a discusión. Era su manera de decir, 'Sigue adelante hijo'. A veces quería olvidarlo todo, abandonar y alejarse a un solitario lugar en el que pudiese abandonarse a la muerte, pero, no podía ignorar los deseos de la única persona que había luchado por él, que le había sacado adelante, en definitiva, que le había querido. Suspiró y volvió a su escritorio. Su padre hubiese reprobado su conducta con los nuevos empleados, pero era la única satisfacción que tenía. Sabía que se comportaba mal, que apretaba y apretaba la paciencia de cualquiera, hasta que los hacía explotar, ¿pero acaso después no los recompensaba? Prácticamente todos sus empleados tenían un puesto fijo, con un sueldo claramente ostentoso y además él se esforzaba por ser agradable con ellos. Salvo por los primeros días, no se consideraba un mal jefe. Sin embargo, sabía que todo tenía un final. Ya se cansaba de todo, ya volvía la rutina, no se encontraba satisfecho con nada. Su vida era una miseria, y aunque había intentado creer en su padre y en toda su sabiduría, siempre llegaba a la misma conclusión. No debía de haber existido. Se llevó las manos a la cabeza apretando con fuerza sus sienes. Sabía que el rumbo de sus pensamientos se estaba torciendo de nuevo, y eso era algo que no predecía nada bueno. Debería llamar a Jefferson, pero en aquel momento no. Esa noche no. Tenía que aguantar, tenía que hacerlo.
ESTÁS LEYENDO
El Caballero Oscuro
RomansaDominic es exigente, prepotente e insoportable. Esa manera casi espartana de trabajar le mantiene en alerta y en un agotador estado de resistencia. El despotismo de Dominic la conduce a una espiral de misterio y claroscuros llenos de cicatrices dond...
