Ahora sí que sí, doy por finalizada la novela El Caballero Oscuro.
Aquí dejo caer que también Nathan tiene su propia historia que se titula,
El Caballero Esmeralda.
Espero que sigáis conmigo a lo largo de toda la saga.
Besos y como siempre, muchísimas gracias.
—¡Papá, papá!—Dominic abrió sus brazos para recibir a su hijo que corría a la velocidad que le permitían sus pequeñas piernas.
—¿Ya tienes todo preparado?—El pequeño le miró y luego se giró para señalar el suelo.
—Ota.—Sus ojos se dirigieron hacia el objeto que señaló Gregory.
—Así que solo vas a llevar la pelota. Bien..., seguro que mamá llevará todo lo demás por nosotros.
—¿Estás diciendo que soy una exagerada a la hora de preparar las maletas?—Dominic se dio la vuelta para contemplarla y colocó a su hijo en el suelo.
—Te he dicho muchas veces que allá donde vayamos, compraremos lo que nos vaya haciendo falta, no hay necesidad de cargar con todo lo que tenemos aquí.—Se fue hacia ella con paso firme y le dio un delicado abrazo mientras besaba tiernamente sus labios.
—Y yo estoy cansada de decirte que no se puede estar comprando por comprar. Derrochador.—Sus palabras sobre los labios masculinos le hicieron cosquillas. Él se encogió de hombros y se colocó de rodillas para besar su vientre.
—Llámalo practicidad.—Acarició su pequeño volumen—. Hola, preciosa...
—Practicidad sería usar las cosas que uno tiene, no adquirir sin ton ni son.—Él se incorporó.
—Estás volviéndote gruñona —le dijo con cariño, mientras se daba la vuelta para jugar con su hijo.
—Ñona —repitió el pequeño.
—Tú también piensas lo mismo, ¿verdad, Gregory?—Alzó al pequeño y lo lanzó al aire mientras a este se le escapaba una transparente risa infantil.
—Ñona..., ñona...—repetía el niño sin cesar. Ayna se cruzó de brazos y torció el gesto.
—¿Has podido hablar con Nathan?—La mención del tema le hizo dejar a su hijo en el suelo y darle una pequeña patada a la pelota, el pequeño, no se resistió a ir tras ella.
—Lo hará Nikolái.—Ella abrió los ojos con asombro.
—¿Niko? ¿Y qué pasa con Nathan?—Dominic le dedicó una mirada intensa y Ayna pudo vislumbrar un atisbo de preocupación.
—Nathan tiene asuntos urgentes que atender.
—¿Cómo de urgentes?—Su tono fue delicado. Dominic se encogió de hombros.
—Gregory..., vamos dentro..., es hora del baño.—El cambio de tema le dejó intrigada.
—¡Baño!—repitió el niño con entusiasmo.
—¿Vas a responderme?—Él le miró y le dio un delicado beso en la frente.
—Se trata de su mujer, así que entiendo perfectamente cuál es su prioridad ahora.
—¿Su mujer?—Ayna se quedó estupefacta—. Desconocía que Nathan estuviese casado.—Dominic ofreció su mano al pequeño que no tardó en responder, y juntos pasaron hacia adentro.
—Hay muchas cosas que desconoces sobre él.—La mirada significativa que acompañó a sus palabras le dejó completamente obnubilada. Había algo que se le escapaba. Podía jugarse su vida, con la seguridad de salir victoriosa a que aquella frase encerraba algo muy importante que Dominic no quería desvelar.
Sonrió. ¿Cuánto chantaje tendría que hacerle para que le contase qué había querido decir al respecto? Igual su próxima estancia en Tokio iba a ser de lo más fructuosa.
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El Caballero Oscuro
RomantikDominic es exigente, prepotente e insoportable. Esa manera casi espartana de trabajar le mantiene en alerta y en un agotador estado de resistencia. El despotismo de Dominic la conduce a una espiral de misterio y claroscuros llenos de cicatrices dond...
