SALUDOS!!!
ÚLTIMA ACTUALIZACIÓN CON FOTITO, YA TODOS LOS DEMÁS CAPÍTULOS TIENEN ALGUNA IMÁGEN, NO PRECISA, PERO CON UNA LIGERA IDEA.
ESPERO QUE OS GUSTE.
BESOS!!
Tía Beth lloró desconsoladamente cuando tuvo a Isola entre sus brazos y Ayna las dejó solas para darse un merecido baño. Los pensamientos se acumulaban en su cabeza uno tras otro, bloqueándola. Se introdujo en el agua soltando un suspiro de satisfacción. ¿Qué le había ocurrido a ese hombre? ¿A qué le tenía tanto miedo? ¿Por qué los ansiolíticos y los antidepresivos? No se podía imaginar que un hombre tan importante como él fuese tan frágil. "A veces olvido que tan solo soy un hombre". ¿Quizás le había venido grande el papel de presidente? No, no era eso. Aunque detestaba su arrogancia y su forma de tratar a la gente no podía dejar de admitir que admiraba su talento. Se le veía demasiado joven para llevar una empresa de tal envergadura y reconoció que su trabajo era impecable. ¿Cuánto tiempo hacía que llevaba al frente de la compañía? No lo sabía, pero de sobras era conocida la fama de la cadena de hoteles y cada vez se superaban en cuanto a servicios y calidad. Todo era producto de él. Él estaba a la cabeza llevando sobre sus hombros demasiado peso y encima ¿tenía un pasado difícil? Era obvio que sí. No comprendía sus repentinos cambios de humor. Su inestabilidad emocional dependía de un gesto amable. Sí, se mostraba distante hacia todo el mundo, controlaba sus emociones al milímetro, pero si alguien pasaba la línea que él mismo había establecido, primero se ponía a la defensiva y sacaba los colmillos y después se asustaba como un niño perdido y se derrumbaba. Quizás él estaba acostumbrado a estar protegido tras esa urna de cristal. Siendo desconsiderado, grosero, y rudo, conseguía que las personas no se acercasen a él, y así era feliz. Pero no era felicidad lo que ella veía en su mirada. Las pocas veces que él había dejado su alma al descubierto a través de sus ojos. ¿Por qué de pronto quería ocuparse de Isola? Ese hombre estaba necesitado de amor y necesitaba dar amor. La niña se había encariñado con él porque veía lo que había detrás de su coraza. Y él... Ayna suspiró. Cada vez le resultaba más difícil mantenerse alejada. Estaba envuelto en un aura de misterio que la hipnotizaba. Y el haberlo sentido entre sus brazos no ayudaba en nada a que se apartara. Su cuerpo era tan cálido, fuerte y sólido. Contrastaba con sus emociones frágiles. Había sentido sus lágrimas recorriendo su cuello y el suave aliento de su boca le erizó la piel. Olía tan bien. Se abrazó las piernas en la bañera. Detestaba todas aquellas contradicciones que se adueñaban de su mente, pero odiaba más aún el visualizarle de aquella forma. Se apretó los ojos con las palmas de las manos maldiciendo por lo bajo. Por más que luchara en contra, sus pensamientos ya se adueñaban de su voluntad, y sabía, aún a su pesar, que poco podría hacer para volver atrás. Su deseo por el hombre menos indicado aumentaba peligrosamente.
Cuando Dominic se dejó caer en la cama estaba exhausto. Había seguido el consejo de Jefferson y se había ido al gimnasio a boxear. Al principio le pareció ridículo. Un golpe, otro. Era un sinsentido. Pero poco a poco comenzó a golpear más fuerte, y cada vez con más rabia y más ira, hasta que comenzaban a venirle escenas a su cabeza una tras otra y sus puños no sentían satisfacción a no ser que golpeara más y más fuerte. Por un breve espacio de tiempo se quedó en su mundo golpeando y golpeando hasta que oyó un silbato que lo sacó de donde estaba. Y cuando miró al entrenador, éste le pidió que se calmara. Al parecer estaba destacando demasiado. Así que se fue a hacer máquinas, pesas, y todo lo que aquel hombre le indicó amablemente. La ducha fría que se dio cuando llegó al hotel era realmente lo que necesitaba para acabar con él. Y se sintió próximo al sueño cuando se vio envuelto por la fragancia de las frescas sábanas de verano. Así que cuando llamaron a la puerta apenas si la oyó. No fue hasta que no le hablaron que no abrió los ojos.
-¿Qué haces aquí?- Noida le puso la mano en el pecho impidiendo que se levantara, pero él se la apartó y se levantó de golpe.
-Perdona, no quería despertarte pero... sólo quería saber cómo estabas.- Dominic se dirigió hacia la puerta y abriéndola de par en par le exigió salir.
-Sabes perfectamente que no me gusta que entres en mi habitación.- Ella se acercó sigilosamente e hizo ademán de tocarle la cara, pero este giró la cabeza.
-¿Por qué tienes que ser tan cruel?- Dijo indignándose.- No me dejas cuidarte como me corresponde.- La miró.
-Ya soy mayorcito, por si no te has dado cuenta.
-Sí. Lo sé. Pero últimamente te veo más preocupado de la cuenta y... me preguntaba si necesitabas que te consolase.- Dominic apretó la mandíbula.
-Cuando necesite que me consuelen, no serás tú la que lo haga. ¿Es que no te das cuenta de lo absurdo de la situación?- Sus ojos se encontraron y traslucieron el dolor que sentía.
-¿Crees que yo soy feliz con esto?- A duras penas podía contener el lamento.- ¿Crees que no lo he intentado? Pues te equivocas. Lo he intentado millones de veces. Pero no tengo ojos para otros hombres. Siempre estás tú.- Dominic la observó, apenado.
-Si yo accediera... ¿me puedes decir qué sacarías de ello?- Ella lo miró, esperanzada.
-Te tendría a ti, que eres lo que siempre he querido.- Se enterneció y le cogió la barbilla con la mano.
-No puede ser, y lo sabes. No me tortures más y lo que es más importante, no te tortures a ti misma.- Le soltó.- Vete, te lo ruego.- Ella sollozó y salió pero antes de desaparecer por el pasillo se volvió.
-No me puedes pedir que no me preocupe por ti, concédeme eso al menos.- Dominic dejó escapar un suspiro al encontrarse solo de nuevo. Quería que terminara el día. Quería dormir. Iría a ver si aquella muchacha le necesitaba para algo y si todo estaba en orden se abandonaría al sueño.
Una vez encontró la carpeta de la agencia que necesitaba salió de la oficina para sentarse frente al ordenador y se sobresaltó al encontrarse allí a su jefe. Su mirada era intensa y desafiante.
-No voy a estar disponible esta noche. Tendrás que apañártelas sola.- Lo menos que se esperaba es que él hubiese vuelto a su actitud distante y ese detalle, aún sin saber el por qué, le molestó.
-No le necesito señor.- Su honestidad le tomó por sorpresa y parpadeó asombrado, al saberse tratado nuevamente como superior. Esa chiquilla mantenía las distancias otra vez.
-Bien.- Su tono fue brusco y enfadado. Se dio media vuelta y se marchó. Ayna resopló y a regañadientes, comenzó a hacer su trabajo para distraerse y no pensar en que le trastornaba ése carácter tan variable que tenía. Debía reconocer que aquella actitud de empleador y empleada era lo realmente correcto entre los dos. Tendría que obligarse a abandonar cualquier tipo de fantasía.
-Distancia...- Susurró para sí misma autoafirmándose a duras penas, pues cualquier tipo de acercamiento entre ambos, acabaría con su cordura.
Aunque su idea inicial era irse a dormir, no pudo evitar entrar en su oficina y acercarse al espejo. Apoyó las manos en él y la observó. No sabía por qué, pero sentía que se había equivocado al comportarse de nuevo como siempre. Desde allí pudo comprobar su gesto de enfado. Se le hizo un nudo en la garganta cuando ella se le quedó mirando como si hubiese estado feliz de verle y nada más soltar aquella maldita frase, su cambio fue extraordinario. Esos ojos se volvieron fríos y distantes. No era consciente de cuánto le importaba lo que ella opinara de él y no deseó nunca tanto como ahora ser capaz de ir allí, disculparse y ver esa alegría de nuevo. Suspiró y apoyó la frente en el cristal sin dejar de mirarla. "Bienvenido a una vida normal". ¿Bienvenido? ¡Y un cuerno! Eso no tenía nada de normal. Cansado y hastiado, se retiró a su habitación y no necesitó nada para poder dormir.
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El Caballero Oscuro
RomanceDominic es exigente, prepotente e insoportable. Esa manera casi espartana de trabajar le mantiene en alerta y en un agotador estado de resistencia. El despotismo de Dominic la conduce a una espiral de misterio y claroscuros llenos de cicatrices dond...
