16

5.8K 450 175
                                        

El fuerte olor de los medicamentos causa que estornude más de dos veces, siento frío y tengo la vista nublada.

Diviso una figura sentada a mi lado pero no sé quien es, su mano caliente se posa sobre la mía y la acaricia.

-Kayla, ¿cómo te sientes?- pregunta su inconfundible voz.

Mis labios tiemblan, quiero gritarlo, golpearlo, pero no tengo fuerzas y mi vista está bastante borrosa.

-¿Mi bebé?- pregunto sin importarme lo demás.

-No soy el indicado para responder a esa pregunta, pero conozco a alguien que sí- evade, como siempre, nunca sabe y nunca responde nada.

Cierro mis ojos y aparto mi mano de la suya para luego ponerla sobre mi vientre, inevitablemente las lágrimas acuden a mis ojos mientras sigo acariciando mi barriga.

-¿Por qué no puedo ver bien?- pregunto.

-Es uno de los síntomas del medicamento que te aplicaron, pero pronto pasará, no te preocupes- responde tranquilizándome.

Intento sentarme pero me mareo levemente, él al parecer lo nota y me ayuda.

-Vamos, necesito respuestas- pido.

Este me toma de la mano y me ayuda a bajar de lo que supongo es una camilla, me hace calzar unas sandalias y me guía hacia una puerta, la cual abre, todo se vuelve un poco más oscuro y el olor a medicamentos cesa.

Él me sigue guiando, pues no veo nada.

-Imagínate, tú y yo, así, agarrados de la mano caminando hacia un altar- susurra haciéndome erizar la piel.

-Sólo te queda imaginar porque sabes que eso nunca pasará- digo de vuelta.

-La esperanza es lo último que se pierde- agrega.

-No esperes a que se pierda, desechala, porque juro que no pasará- contraataco, nos detenemos de pronto y su mano suelta la mía, escucho el tintinear de las llaves y luego la puerta siendo abierta.

Entramos y un olor no tan agradable llega a mi nariz, él me hace sentar sobre algo que desconozco y escucho sonidos que no logro identificar.

-Kayla- exclama la voz de Yeider.

-¿Por qué me has traído aquí?, dijiste que recibiría respuesta- pregunto confundida.

-Aquí las obtendrás, adelante, pregunta- pide.

Aún confundida y llena de preguntas, aunque no entienda nada, lo haré.

-Estaba embarazada, aquél día, cuando fui al bar, ¿qué pasó con mi bebé?- es lo que ha estado carcomiendo mi alma desde que tuve aquél recuerdo.

-No lo sé...- musita Yeider en respuesta y luego un grito de dolor resuena en la habitación haciéndome sobre saltar.

-Dirás la verdad, ahora- exclama el hombre al cuál le desconozco el nombre.

-Kayla... Perdón, yo... Yo te hice abortar- confiesa y siento como si me clavaran una daga en el pecho.

Aprieto mi mandíbula y las ganas de golpearlo me sobran. Respiro profundo y trato de calmarme.

-¿Cómo?- pregunto sabiendo que su respuesta me hará más daño.

-En la bebida, agregué algo que sabía que te haría perder el bebé- responde arrastrando las palabras.

-¿Me amabas?- pregunto masoquista.

-Te quiero, pero nunca fui capaz de amarte y mi amor no era tan suficiente para pensar más allá que sólo en mí-

GimeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora