Jack y Ashley son un desconocido el uno para el otro , pero, cuando terminan encerrados juntos durante más tiempo que el que a ambos les gustaría sus caminos se cruzaron y, para bien o para mal, no fue tan fácil para ninguno dejarlo pasar.
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Chica en multimedia: Gen Jiang (Malese Jow) —pero teñida de rubia—
Canción en multimedia: No angels — Bastille ft. Elle Eyre
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Capítulo dos — Fotos de anuario ღ
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El despertador hace eco a las seis de la mañana con ese molesto sonido que no tardé en empezar a odiar. Lo apago de un golpe, elijo la ropa que voy a ponerme y me meto en el baño que hay al final del pasillo para ducharme y depilarme como todas las mañanas. Estoy adormilada para cuando me he preparado. Organizo mis cosas, bajo a desayunar y dejo la mochila junto a la puerta antes de sentarme en la mesa de la cocina. Brigitte está terminándose su café cuando tomo asiento.
—Vas tarde —Avisa.
Desvío la mirada hacia el reloj de pared y aparto la mano que había llevado hasta uno de mis mechones de pelo oscuro antes de que ella me dijera algo por ese gesto. Siempre dice que tocarse el pelo denota nerviosismo y que tengo que tener cuidado con cualquier tic nervioso. "La imagen que damos es importante si quieres que te tomen en serio", suele decirme.
—Todavía tengo media hora para llegar.
—Sueles bajar a desayunar cuando te quedan cuarenta y cinco minutos —De no ser porque es ella ese dato me hubiera contrariado, al fin y al cabo, ¿quién es tan observador como para darse cuenta de esas cosas? Se termina su café y vuelve a ponerse en pie—. Tienes un zumo y tostadas en la encimera, no llegues tarde.
No espera una despedida por mi parte. Tira de la chaqueta de traje azul que ha dejado sobre la silla y se la pone antes de salir de casa. Yo le quito el plástico transparente que ella ha puesto sobre el vaso de zumo y lo coloco en la mesa. Suelo prepararlo yo cada mañana, aunque tampoco me sorprende que ella sepa qué es lo que yo desayuno. El vaso de zumo y dos tostadas de mantequilla y mermelada además de, dependiendo del día, alguna pieza de fruta. Si no fuera por la mayor parte de su carácter, podría haberme llegado a parecer una mujer encantadora.
Termino de desayunar, me limpio los dientes y vuelvo a cepillar mi pelo una vez más antes de ir a por mi mochila solo que, esta vez, me encuentro devolviendo la mirada a mi reflejo por más tiempo del necesario. Ya no soy esa niña que dejó el orfanato llena de sueños y esperanzas, tampoco la que se escondía para no tener que enfrentar a los Daking porque era tan vulnerable que sufría con cada palabra envenenada que salía de sus labios. Aun así sigo viéndola, viendo a esa Ashley que fue aprendiendo a base de golpes de realidad. Sigo siendo ella, sigo siendo la chica de ojos marrones llenos de esperanza, la chica de pelo castaño que escondía la cabeza y abrazaba sus rodillas dentro de uno de los armarios de la casa para que no la encontraran. Sólo que he dejado de ser tan vulnerable, de esconderme.
Minutos después lanzo la mochila al interior de mi coche, pequeño pero cómodo y, como suponía, llego bien de tiempo al instituto. Wen está en el muro que hay junto a las escaleras de la entrada. Se ha tumbado sobre el bajo muro, con las gafas de sol puestas y la mochila bajo su cabeza. Su pelo corto está esparcido sobre la mochila y ella mueve un poco la cabeza al ritmo de la canción que escucha a través de los auriculares.