Jack y Ashley son un desconocido el uno para el otro , pero, cuando terminan encerrados juntos durante más tiempo que el que a ambos les gustaría sus caminos se cruzaron y, para bien o para mal, no fue tan fácil para ninguno dejarlo pasar.
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Capítulo veintinueve — Sólo otro juegoღ
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"Quiero que salgamos, pero no sólo como amigos"
Repito la frase en mi cabeza. Lo hago de nuevo y, durante los escasos segundos que me mantengo en silencio, siento que esa frase ya se ha repetido tantas veces que incluso el tono de voz que ha utilizado se ha creado grabado en mi memoria. Es como si repitiéndolo las palabras fueran a cambiar. Entonces me muestra una sonrisa ladeada mientras espera una reacción por mi parte y sé que lo ha dicho, el corazón se me acelera al entenderlo, al sentir que mis sospechas han cobrado forma, pero, por muy feliz que eso pueda hacerme, el peso que siento también es inmediato. Como si todo hubiera sido más bonito y fácil antes de saber que era mutuo, como si hubiera sido mejor.
—No.
—Genial, porque... —su sonrisa aparece y desaparece a gran velocidad, la forma que ha tenido de relajarse desaparece cuando frunce el ceño—. Perdona, ¿qué?
¿Me gusta? Sí. ¿Quisiera salir con él? Demasiado. Pero hacerlo dudo que terminase como algo bueno. Es como si la versión de él más como un platónico me hubiera sido más aceptable que algo real. Había llegado a pensar, cuando Arianna me lo pregunto, que mi respuesta sería obvia, lo pensé, imaginé lo cómodo que sería y me gustó lo que veía en mi cabeza. Eso es lo que hace que me extrañe todavía más lo poca dispuesta que estoy a aceptarlo.
—Terminaría mal —pienso en dejarlo ahí, en no dar explicaciones, pero, por una vez, no lo hago y hablo—. No sirvo para las relaciones.
—Ya somos dos entonces, creo que mi récord está en aguantar tres semanas.
—¿Tres semanas? ¿Tan rápido hartas a la gente? —No estoy segura de si se da cuenta de mi intento por cambiar de tema con la esperanza de que no vuelva como un boomerang, pero no dice nada de ello, en su lugar saca a relucir la más inocente de sus sonrisas y se encoge de hombros.
—No soy fácil de llevar.
—¿Me lo dices o me lo cuentas?
—¿Ves? Por eso lo digo, tú me conoces y no has salido corriendo todavía, no podría irnos tan mal.
—Oh, créeme, podría.
—Espera, antes de nada, ¿son imaginaciones mías o de forma indirecta me has dicho que sí te gusto? No me has mirado como si quisiera tirarte a un barranco así que supongo que ha sido algo bueno, ¿no?
Por un barranco es por donde quiero saltar para terminar esta conversación y fingir que nunca ha existido. Siento el calor, preguntándome si he terminado sonrojada o no antes de responderle. Me siento incómoda en mi propia piel al hacerlo, expuesta.