Jack y Ashley son un desconocido el uno para el otro , pero, cuando terminan encerrados juntos durante más tiempo que el que a ambos les gustaría sus caminos se cruzaron y, para bien o para mal, no fue tan fácil para ninguno dejarlo pasar.
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Canción en multimedia: You're somebody else — Flora Cash
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Capítulo seis — Trío de idiotas ღ
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—¡¿Cómo estás, mejor amiga?! —El grito de Wen es lo primero que escucho la mañana del lunes, tiendo en cuenta que Brigitte ha decidido hacerme el vacío desde la riña del sábado y que esta mañana ni siquiera se ha asegurado de que me hubiera despertado, escuchar una voz amiga llega a serme agradable aunque sea en sonoros gritos.
Wen se acerca sonriente, esquivando alumnos y extendiendo una bolsita marrón con el nombre de una repostería cercana. Mi boca se hace agua al sentir el olor.
—¿Es para mí? —No puedo evitar preguntarlo, la bolsa queda entre mis manos y al abrirla doy con un par de bizcochitos—. Oh, te adoro por esto.
—El sábado me acompañaste a la barbacoa así que quería agradecértelo de alguna forma —sonríe—. Lo que me recuerda a que este jueves van a hacer unas pruebas para las que están en la lista de posibles nuevos miembros de equipo de Volley, he estado hablando con Trix y me ha dicho que podría meternos para hacer la prueba, ¿te apuntas, no?
Arrugo el borde de la bolsa entre mis manos y la guardo en mi mochila para más tarde.
—¿Pruebas para el mismo equipo donde tu otra mejor amiga es capitana? —Vacilo, ambas sabemos a quién me refiero. Ginebra Wilcox.
—Co-capitana —Se apresura a corregir—. Y, además, probablemente ya tenga al resto de las chicas hartas, podríamos echarla si hacemos la presión suficiente.
Su comentario hace que me sienta incómoda, como si lo notara, rompe a reír.
—Es broma, Ash, no pongas esa cara.
Cuando quiero darme cuenta mis ojos se han quedado clavados en un pequeño grupo de cuatro alumnos de tres o cuatro años menos que nosotras. Un chico y tres chicas que están apoyados en una pared, en un medio círculo mientras vigilan todo lo que pasa a su alrededor. Sus posturas, confiadas y orgullosas me hacen sonreír un poco, me recuerdan a cuando yo empecé aquí, cuando terminé prácticamente de la mano de Ben y Wen, los tres disfrutando al imaginar que éramos unos de los más mayores, imaginándonos pasando por el pasillo como si todo esto fuera nuestro. Esa inocencia puede conmigo.
—Maldita sea, Ashley, ¿me estás escuchando? —Con una profunda bocanada de aire, vuelvo a la realidad, una sonrisa forzada es la única disculpa que le doy a Wen. Últimamente hago mucho eso—. ¿Vamos este viernes a la fiesta que harán los chicos de Rugby?
No me apetece que me encierren de por vida en la habitación, quiero responder, pero sé que Wen se esforzaría por no entenderlo. Para ella toda solución está en escaparse, supongo que criarse con unos padres más permisivos y sin el miedo de cometer un error y ser devuelta al orfanato han ayudado a su forma de ver el mundo. En mi caso me ha vuelto diferente, sí, pero no de la misma forma.