Jack y Ashley son un desconocido el uno para el otro , pero, cuando terminan encerrados juntos durante más tiempo que el que a ambos les gustaría sus caminos se cruzaron y, para bien o para mal, no fue tan fácil para ninguno dejarlo pasar.
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Capítulo catorce — Falta de sueño ღ
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El viernes, nada más pisar el instituto, estoy a punto de ser arrollada por un par de chicos y una pancarta.
Paso por debajo de la pancarta, chocando de frente con una chica que se ha pintado un corazón en azul en la mejilla y lleva una camiseta del mismo color para mostrar su apoyo al equipo. El equipo. Quiero golpearme al darme cuenta tan tarde de lo que está pasando, hoy es el partido de los chicos de rugby contra los Terriers. Pido disculpas a una pelinegra que da la sensación de querer sacarme los ojos por el empujón. Con eso, sigo mi camino esquivando ya no sólo a personas sino a esos carteles con los que en cualquier momento van a sacarme un ojo de la cara.
Los colores azul y plateado reinan en los pasillos, incluso encuentro a Lucie Gregor, la mascota del equipo, caminando por el pasillo con el disfraz ya puesto y consiguiendo que alumnos tarareen con ella el himno una y otra vez.
"Las panteras, nuestro equipo, el que gana sin tratar"
"Tu derrota, nuestra victoria, la pelota ni verás"
"Y cuando menos lo esperes te vamos a patear"
"Las panteras vencerán"
A los tres minutos y con más de un pasillo ya recorridos no soporto tanto entusiasmo y griterío. Entre eso y los empujones estoy empezando a sentir una ansiedad que va pasando a molestia.
Estoy a punto de gritar a dos chicos de un par de cursos menos que se vayan a la mierda por no querer salir de mi camino cuando alguien tira de mi chaqueta hacia atrás. Segundos después la mano baja hasta mi brazo y tiran hacia la izquierda para poder esquivar a otro grupo.
—Pareces un conejito en medio de una estampida —Se burla Jack.
"Tendremos nuestra victoria...
—No sé cómo aguantáis esas cancioncitas.
Al menos ahora esquivar gente es más sencillo, lo es cuando Jack se encarga con su sola presencia de lograr que otros alumnos se aparten de su camino. Más que nada ellos le dejan pasar después de que Jack les lance un saludo o un simple choque de manos. El rubio es el primero que se entusiasma con cada grito de ánimo que está recibiendo.
—¿Cancioncitas? —repite con asombro—. Ashley, ya basta con tus ataques a nuestro ego de equipo.
—No estoy atacando nada, pero admite que la letra parece escrita por una versión tuya de cinco años.