[30]

956 128 83
                                        

Yo odiaba su sonrisa burlona porque siempre me sonreía así.

Sus ojos pequeños me miraron despectivamente en muchas ocasiones que ya hasta me resultaba molesto verlo.

Era tan amargado y poco agraciado que a veces me parecía aburrida su presencia.

Pero cuando me sonreía alegre se convertía en la persona más atractiva ante mis ojos y su sonrisa sincera reflejaba sus buenas intenciones.

Llegó a haber cierto brillo en sus ojos al mirarme y me llegué a sentir especial, aunque sólo fuera especial para él.

Aunque no me hacía reír, me hacía sentir bien con sus palabras hacia mí.

Tuve malos momentos a su lado, pero no los cambiaría por nada. Y los pocos momentos buenos que tuvimos se convirtieron en los mejores de mi vida.

No es malo, es un demonio.

Eso me queda claro.

Un demonio que quiero recordar siempre.

Uno que no merece ser olvidado.

Uno que no quiero olvidar.

~~~~¤~~~~

—¡Hana!

Escucho la voz de Jimin y me quito los audífonos al ve que se acerca.

—Tengo rato llamándote —me dice al llegar a mi lado.

—Lo siento Jimin, ¿qué pasa?

—Vayamos a comer algo.

—No tengo hambre —me coloco de nuevo mis audífonos y me acuesto sobre mi mochila.

—No te hice una pregunta, ven conmigo.

Me levanta de mi asiento y se cuelga mi mochila sobre su hombro.
Entramos a la cafetería de la universidad y me sienta a la fuerza para obligarme a comer.

—Es pollo Hana, come.

—No tengo hambre —le repito mientras pico con el tenedor desechable las papas fritas.

Raro, sí. Pero en verdad no tengo hambre.

—¿Sigues molesta con Yoongi?

—No entiendo. ¿De qué me hablas?

¿Yoongi?

¿Quién?

—Hablo en serio.

—No estoy molesta —le respondo y dejo el cubierto a un costado de mi plato—. ¡Estoy furiosa!

Jimin se ríe sin discreción ante mí y me hace enojar más.

—Exagerada.

—¿Exagerada? —Me cruzo de brazos ahora más molesta—. ¿Lo estás defendiendo?

—No, pero...

—¡Pero nada! —Lo interrumpo—. Él me dejó, así nada más. Decidió irse.

—Al menos cambió de opinión y no te borró tus recuerdos.

—Le lloré —lo corrijo señalándolo con mi dedo—. Le lloré como niña de cinco años para que no lo hiciera y eso... eso no es cambiar de opinión. Lo hizo nada más para que no siguiera con mi berrinche.

Le supliqué para que no lo hiciera, le lloré para convencerlo.

Maldito Min.

—¿Y tú Jimin? —Me cruzo de brazos y lo miro con una ceja alzada—. ¿Por qué no cambiaste de opinión sobre mis recuerdos?

Dark Paradise.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora