| Trece.

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Capítulo trece. (2/2)

—Vamos, uno más, este es vodka negro —me pasó Chantel el quinto chupito de la noche. Me quemaba la garganta después de este "juego", o eso me decía Chantel. Además, de tanto beber, tenía que ir al baño si o si.

—Tengo que ir al baño, ya regreso —me levanté del sillón y pasé mi miraba por la casa, estaba llena y no veía ninguna puerta cerca de mi.

—¿Y el baño? —le pregunté a un chico rubio que pasaba por mi lado, era la primera persona que veía que parecía estar más o menos sobria. El chico me indicó dónde era, le agradecí y empecé a subir las escaleras. No lo había entendido, así que me tocaría buscar a mi el baño.

Entré en la primera puerta que me encontré pensando que era el baño pero, no, no lo era. Frente a mi se encontraba un grupo de chicos sentados en círculo sobre la alfombra. Volteé, juntando mi mirada con los ojos azules de Steven.

—¡Sienna! —Steven se levantó rápidamente, saludándome con un fuerte abrazo—. Has venido —sonrió mostrando sus dientes—. Ven, siéntate un rato con nosotros —sus ojos miraban hacia todas partes, recorriendo la habitación una y otra vez. Tenía las pupilas muy dilatadas.

—Tengo que ir al baño y...

Me interrumpió—: ¡Aquí hay un baño! Ven, entra, te espero fuera —abrió una puerta que había al fondo de la habitación, dejándome ver un pequeño baño. Steven hablaba muy fuerte y parecía muy feliz, este se había metido algo.

Bueno, yo también había bebido un poquito, tampoco estaba mucho mejor que el.

Terminé de hacer lo que tenía que hacer y salí, sentándome al lado de Steven. Reía de vez en cuando al escuchar las bromas que decía Slash.

—¿Sienna? —me preguntó el moreno, yo asentí en forma de respuesta—. Ten, aún queda un poco —no entendía que era lo que me ofrecía, hasta que bajé la mirada a su mano. Tenía un porro entre sus dedos—. Tienes el placer de encenderlo tu, eso no se lo cedo a cualquiera —reí
y lo cogí.

El porro me sabía raro al comienzo, tenía un sabor muy fuerte pero, ya al rato me acostumbré.

—¿Qué tal estuvo? —me preguntó divertido Slash cuando le pasé el porro.

—Bien, supongo —pasé mi mirada por la habitación, estaban todos riendo y algunos estaban muertísimos, no podían más.

—Si, ¿lo habías probando antes? —al ver que no le entendía, continuó hablando—. Ya sabes, un angelito —me encogí de hombros, no sabia de que me hablaba—. ¿Un nevado? —negué con la cabeza—. Es un porro mezclado con cocaína.

¿Y lo dice así de tranquilo?

—¿Qué?

—Si. Y, tranquila, te subirá tan rápido como si la hubieses esnifado —Slash me sonrió, como si fuesen las mejores noticias que me podía dar.

Me levanté rápido del suelo y me acomodé el vestido—: Eh, creo que bajaré un momento.

—¿Qué? ¿Por qué? —me preguntó Steven rápidamente.

—Lo siento, tengo que... —y antes de poder terminar la frase salí rápidamente de la habitación.

Quité con brusquedad las gotas de sudor que empezaban a caer por mi frente con el dorso de mi mano, apoyé mi espalda contra la pared, echando mi cabeza hacia atrás. Todo daba vueltas. Empezaba a sudar, tenía muchísimo calor y sentía como mi corazón latía a gran velocidad

El pasillo parecía enorme, no importaba cuánto caminara, cada vez se hacía más grande. La música sonaba tan fuerte que mi cabeza empezaba a doler, al igual que mis tobillos cuando me tropezaba con los enormes tacones.

Good to be bad ; Izzy Stradlin. (pausada)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora