Capítulo 11

4.3K 288 30
                                        

A la mañana siguiente, la luz entró por la ventana del cuarto de Newt dándole en la cara y despertandole pero todavía no quería levantarse. Se dio la vuelta sin ni siquiera abrir los ojos y escondió la cabeza bajo la almohada. Estaba a punto de volver a dormirse, hasta que de repente, bajo las mantas, tocó algo con su pie y se asustó. Sacó la cabeza de debajo de la almohada y entonces vio a Beca dormida junto a él.

Recordó rápidamente lo que pasó anoche y no fue absolutamente nada, ella también se había pasado bebiendo, igual que Minho y se quedó dormida en segundos, igual que él.

–¿Beca?– La llamo moviéndole un poco el hombro.– ¿Estas despierta?

–Mmmnnnn.... no...

–Vamos, despierta.– Siguió moviéndole el hombro.

–Oye, no duermo así desde que tengo memoria y...– Dijo mientras se daba la vuelta y vio a Newt sentado en la cama junto a ella.– Dime qué no ha pasado nada.

–No ha pasado nada.

–Ah, menos mal.

–¿Tan... horrible habría sido si hubiera pasado algo?

–¡No! No, no, no. En absoluto. No quería decir eso yo... lo siento, soy una bocazas.

–No pasa nada. Te he entendido.

–Pero algo si pasó.– Sonrió un poco.– Nos besamos.

–Y fue alucinante.– Newt sonrió.

–¿Es el primer beso que recuerdas?

–Si.– A Newt le pareció un poco horrible no recordar ningún beso, ni siquiera de su madre. Ni siquiera había pensado en los besos hasta que llegó Beca.

–¿Y qué vamos a hacer ahora?– Beca se incorporó.

–¿En qué sentido?

–Tu y yo. No sé tú pero yo ya no puedo mirarte y no sentir nada.

–Entonces sabes cómo me llevó sintiendo yo desde que llegaste...

Newt apartó la mirada algo nervioso y Beca se quedó mirándole sorprendida. Beca se acercó a él, le cogió de la mano y se apoyó en su hombro. Newt no dijo nada. Ambos se quedaron en silencio escuchando como los Clarianos se despertaban y comenzaban a trabajar. Newt no sabía con qué cara presentarse delante de sus amigos después de lo que había pasado, y Beca se dio cuenta de eso por su mirada perdida en la ventana.

–¿Te preocupa lo que piensen de nosotros?

–En realidad me da un poco igual lo que piensen acerca de nosotros, pero... Soy el segundo al mando, Beca. Ahora mismo el primero, y no quiero que piensen que voy a prestarte más atención que a ellos.

–Eso no va a pasar. Te preocupas y cuidas de ellos, es tu trabajo y si me antepusieras a eso, incluso yo misma me enfadaría.

–¿Enserio?– La miró.

–Solo un poco.– Dijo levantándose de la cama.– Y ahora, levántate y sal ahí con tu mejor sonrisa.– Newt arqueó las cejas.– Esa que tanto me gusta.– Sonrió y él se rió.

Newt termino por levantarse y se prepararon para salir. Cuando salieron de la Hacienda, todo el mundo les miraba y Newt se agobio un poco, pero Beca no. Ella soltó unq dulce y delicada risa y se puso un poco de puntillas para darle un beso en la mejilla y sacarle del trance en el que había entrado inconscientemente.

–¿Desayunamos? Tengo hambre.

–Ah si, claro.

Beca tiró de la mano de Newt y le llevó hasta la cocina de Fritanga donde cogieron el desayuno y se sentaron en una de las mesas. Mientras comían, Newt miraba de reojo las puertas del laberinto sin que Beca se dieran cuenta.

–He estado pensando, ¿sabes?

–Te pasas el día pensando. Concreta un poco más en que, porfa.

–En lo de que quieres entrar.– Beca se puso sería.– Y creo que por fin he llegado a una decisión.

–Newt no.– Le interrumpió.– Yo también he pensado en eso, y como tú mismo dijiste, va contra las normas y ya sabes lo que hemos hablado esta mañana de lo del favoritismo. Ya buscaré algún trabajo aquí.

–Si quieres ser corredora, puedes serlo.

–¿Cómo?

–Beca sé que eres especial, aunque no sepa el motivo. También sé que ahí dentro hay algo por lo que luchar y tú puedes encontrarlo.

–¿Y que va a pensar el resto?

–Nada si Minho lo autoriza y como me debe un favor todo me encaja.

–¿Por qué te debe un favor?

–Por dejarme en ridículo. Ahora que se fuque, gano yo.

Beca sonrió y después se acercó a Newt para cogerle de la mano.

–Gracias, de verdad.

–Eso si, no te separes de ellos cuando entres ahí. Perderte es muy fácil.

–Te lo prometo.

–Vale, pues, terminemos de desayunar y te ayudaré a prepararte para mañana.

–¿Tú?

–Si. ¿Pasa algo?

–No, nada, nada. Es que pensé que cómo tienes...

–¿Una cojera no puedo ayudarte?– Terminó la frase algo más serio.– No es ningún impedimento.

–Ah, bueno, si tú lo dices.

–Oye, no me gusta hablar de ello, ¿vale?

–Vale, lo siento. No debí haber abierto la boca. Creo que hoy estoy hablando más de la cuenta.

–Tranquila.– Le dio un beso en la sien.– Todavía tienes mucho que aprender.

Stay with meHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora