Todo el mundo abandonó el Claro con la intención de no volver nunca más.
Corrieron por el laberinto guiados por Minho y Thomas, quien iba junto a Teresa y Chuck. Unos pasos más atrás iba Newt con el resto de los Clarianos.
–Vale, al otro lado de esta curva está la puerta que debe abrirse con el colgante de Beca.– Dijo Minho asomándose en la curva.– No sabemos que va a pasar cuando las puertas se abran, así que pase lo que pase, Teresa, quédate hasta que las puertas se abran y luego vuelve, entraremos el resto primero.
–Vale.– Dijo ella.
–Muy bien. Las damas primero.– Minho se apartó en una ridícula e innecesaria reverencia para dejar paso a Teresa.
Ella le ignoró y salió frente a las puertas. Eran más grandes vistas de frente, pero ella no se achantó. Siguió caminando con el colgante en las manos hasta que las puertas comenzaron a abrirse. Teresa se paró de golpe hasta he las puertas se abrieron considerablemente y escucho los rugidos de laceradores acercándose.
–¡Laceradores!– Gritó y volvió atrás, tal y como le habían dicho.
–¡Nos toca!– Gritó Minho.– ¡Vamos!
En cuanto Teresa dobló la esquina busco a Thomas entre todos los chicos que salían y le encontró al final del grupo, donde él la puso detrás de él junto con Chuck.
Esperaron un par de minutos detrás del muro mientras escuchaban el chocar de las armas, el ruido metálico de las patas y los ganchos de los laceradores y los gritos, a veces inhumanos, de sus amigos. Thomas rezaba y suplicaba por que sus amigos estuvieran bien, sanos y salvos.
–¡Thomas!– Escuchó gritar a Minho como nunca antes lo había oído, sobresaliendo entre todos los demás gritos y por los demás sonidos.
–Vamos, ahora.
Thomas cogió a Teresa de la mano y un intenso escalofrío le recorrió como si fuera una descarga eléctrica. Cuando consiguió recuperarse un poco le dijo que cogiera de la mano a Chuck y que no se pararan por nada del mundo hasta que él lo hiciera.
Thomas dobló la esquina y corrió tirando de ellos dos a través de la masacre que estaba sucediendo a su alrededor. Vio sangre en el suelo, por todos lados pero se negó a parar y ayudar, tenía otra misión que cumplir. Así que siguió corriendo centrándose únicamente en lo que tenían delante. Llegaron al último crucé y Thomas lo tomo muy bruscamente para dejar atrás todo aquello cuanto antes y entonces divisó la pared del grabado y pegó un último aceleron. Cuando paró, una reacción en cadena hizo que Teresa y Chuck se chocarán con él.
–El colgante. Rápido.– Dijo girándose hacia Teresa.
Ella alargó la mano con el colgante y se lo dio. Este rápidamente desencajó la parte verde del claro y la colocó en su lugar en la pared. De él salieron luces verdes que se repartieron por todos los caminos el laberinto y después, se abrió en siete partes, una por cada sección dejando ver la pantalla de un ordenador y un teclado.
–¡Funciona!– Dijo Chuck emocionado.
Antes de que ninguno pudiera acercarse a teclear el código, uno de los laceradores rugió delante de ellos, provocando que los tres se dieran la vuelta asustados.
–¡Teclead el código!– Gritó Thomas mientras corría hacia el monstruo.
Cuando ambos se juntaron, poco le faltó a Thomas para perder un brazo por uno de los ganchos. Agarró su lanza con firmeza y atacó, pero apenas le hizo un rasguño y volvió a repetir la acción varias veces hasta que tuvo que usar la lanza como defensa cuando el lacerador intento morderle.
–¡Teresa! ¡Date prisa!– Gritó.
Pero ella no escuchaba, estaba concentrada en teclearlo perfecto y así fue como lo hizo. Tecleó hasta la última letra en el orden perfecto, pero no funcionó.
–¡Tom, no pasa nada!
–¡Cómo que no!
–¡Es de locos! ¡Es como si se hubiera bloqueado, mira!
–¡Estoy un pelín ocupado como para ayudarte!– Dijo y el lacerador le araño el brazo.
–¡Y que hago!
–A lo mejor deberías pulsar ese botón.– Escuchó a Chuck.
–¿Que botón?– Teresa se giró hacia él histérica.
–¡Ese!
Chuck señaló un botón rojo en el que ponía "Desactivar Laberinto" a unos metros de ellos, ambos jugarían que no estaba cuando llegaron, pero les daba igual. Teresa corrió y se abalanzó sobre el como si fuera su última oportunidad.
Pulsó el botón con ambas manos y se volvió para mirar si hacia algo. Y así fue. En cuanto Teresa pulsó el botón, el lacerador con el que peleaba Thomas se paralizó y cayó a un lado.
–¿Ha funcionado?
Mientras Thomas recuperaba el aire y Teresa y Chuck se recuperaban del miedo, Minho se asomó por el pasillo, sudado, cansado y con algo de sangre.
–Lo habéis conseguido.– Dijo con una ligera sonrisa.– Se han desactivado todos.
–¡Chuck eres un genio!– Dijo Teresa abrazando a Chuck.
–¿Se ha parado todo?– Preguntó Thomas acercándose a él, pero Minho levantó la mano para que no se acercara más.
–Mejor que no veas lo que ha pasado ahí atrás.– Thomas se quedó helado solo de pensar en lo que ocultaban aquellas paredes pero Minho le sacó del trance con un silbido.– ¡Vamos chicos! Salgamos de aquí.
Minho entró en el pasillo y poco a poco entraron el resto de los Clarianos, los pocos que quedaban. Thomas no podía creer que de todos los que eran solo quedarán aquellos pocos.
–¿Y el resto?– Le preguntó Thomas a Newt cuando le vio. Al menos él estaba bien, y eso le aliviaba un poco.
–Mejor no preguntes, Tommy.– Pero su respuesta le terminó de hundir.
Newt apartó la mirada y echó a andar hacia el final del pasillo, pero antes de que pudiera dar dos pasos, Thomas le agarró del brazo y le devolvió el colgante de Beca. Él lo cogió sin decir nada y siguió hasta que se encontró con Teresa y ella le dio la pieza que faltaba.
–Se cayó cuando la pared se abrió.
Newt cogió la última pieza y vio que parpadeaba con una luz verde, pero cuando volvió a ponerlo en el colgante se escuchó algo activarse.
–¿Que ha sido eso?
Entonces, en la pared donde estaba el ordenador se abrió otra puerta de la cual no se veía el final. Todo se acercaron y miraron por ella.
–¿Entramos?– Preguntó Minho mirando a Newt.
–Entramos.
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Stay with me
FanfictionEl problema no fue la primera chica, sino la segunda. La segunda chica fue quien dejó a todo el Claro con la boca abierta cuando la Caja subió un día que no tenía que subir, y en un momento en el que no tenía que subir, especialmente a Newt, quien s...
