Capítulo 42

956 63 3
                                        

Los chicos subieron por la escalera y llegaron hasta otro túnel por el que tuvieron que gatear durante otro rato hasta que se hizo más grande y pudieron seguir a pie hasta que llegaron a una puerta y las chicas se pararon delante de ella.

–Cuando crucemos está puerta, entraremos en la ciudad, a un callejón donde podremos entrar y salir con bastante facilidad.

–Beca, ponte mi chaqueta.– Dijo Sidney dándosela.– Hay mucha seguridad, así que será mejor que no nos separemos.

–¿A quién buscamos exactamente?

–Se llama Hans. Está en la zona más alejada del centro, sabemos dónde, pero vosotros disimulad.

–Oh, y recordad. Si mucha gente os mira, las muestras de afecto en público suelen ser incómodas. Para algunos de vosotros no os será difícil actuar un poco, ¿no?

Los chicos se miraron entre ellos mientras Sky abría la puerta y las chicas se rieron.

–Sé que es la primera ciudad que recordáis ver, pero aunque cueste, intentad que no se note.– Les aconsejó Beca antes de salir.

Los chicos respiraron hondo antes de salir y cuando se sintieron listos, salieron. Las chicas les esperaban fuera y una vez que estuvieron todos juntos, salieron a la calle. Lo primero que vieron fue un mundo de gente por todas partes y rascacielos que parecían tocar las nubes. Se prometieron a sí mismos que no se quedarían paralizados, pero no pudieron evitarlo.

–¿Qué parte de "intentad que no se note" no habéis entendido?

–Venga, vamos.

Tras devolver a los chicos a la realidad, se camuflaron entre la gente siguiendo a Sky y a Sidney. Thomas no podía evitar mirar a todas partes todo el rato, hasta que se despistó un segundo y se vio perdido. Al principio se asustó un poco y cuando intentó volver con el grupo se topó de frente con un guardia armado. Se fijó en su chaqueta, vio que era parte de CRUEL y entonces le entró el pánico.

–¿Pasa algo, chaval?

–No, nada.

–¿Cómo te llamas?

Thomas sabía que si le decía su nombre de verdad, sospecharía y todo se iría al garete.

–¿Has olvidado tu nombre o que?

–Stephen.– Dijo al final.– Me llamo Stephen.

–Stephen ¿eh?

–¡Eh!– Escucho y Sidney apareció a su lado y le cogió de la mano sonriendo.– Estás aquí, creí que me habías dejado plantada.– Sidney se rió y después miró al guardia.– Si no le importa tenemos un poco de prisa.

–Claro, señorita. Disfruten de su... ¿cita?

–Lo haremos. Gracias.

Sidney tiró a Thomas de la mano y después se agarró a su brazo para disimular y volver con el resto.

–¿De dónde te has sacado el nombre?– Le preguntó antes de llegar.

–No lo sé.

–Da igual. No te vuelvas a separar o tendremos problemas más serios.

Al volver con el resto, se dieron mucha más prisa en llegar al barrio donde vivía Hans. Era como si nadie viviera allí. No había más que basura y jeringuillas por todas partes.

–¿Por qué hay tantas jeringuillas?– Preguntó Minho.

–Aquí es donde la gente viene a por Éxtasis.

–¿Éxtasis?

–Droga.

–¿Por qué?

–Les ayuda a asumirlo. O eso dicen.– Sky hizo una pausa.– Hemos llegado.

Sky quitó los tablones de unos de los edificios e hizo un gesto para que el resto entrara. Poco a poco entraron todos y Sky volvió a poner los tablones. Subieron por las escaleras hasta el segundo piso donde se detuvieron ante una puerta, donde Sidney llamó un par de veces y un hombre abrió al rato.

–¡Ah! ¡Skyler y Sidney! Cuánto tiempo sin vernos. ¿Qué se os ofrece?

–Necesitamos que ayudes a nuestros amigos.

–¿Cómo?

–Tienen unos implantes de CRUEL y tú eres el único que sabe cómo quitar eso son cortarles el cuello.– Dijo Sidney señalando a los chicos.

–Creo que fui bastante claro cuando dije que tú serías mi última paciente con eso.

–Hans, por favor.

–¿Y que sacaría a cambio?

Sky rodeó os ojos y después le dio un pequeño saco con dinero dentro. Él lo abrió y miró dentro.

–Muy bien. Pasad.

Los chicos entraron en el piso. Al principio parecía que no se hubiera limpiado nunca pero tras pasar a otra sala, vieron que estaba perfectamente preparada para ser un quirófano.

–¿Quién va a ser el primero?

–Yo.– Dijo Thomas dando un paso hacia delante.

–Muy bien, pues adelante.

Thomas se sentó en una silla y echó la cabeza hacia delante.

–Esto te dolerá un poco, pero te librará de CRUEL.

–Hazlo de una vez.

Thomas sintió como Hans le cortaba el cuello con el bisturí, lo cual le dolió. Hans busco el pequeño dispositivo que tenía Thomas en el cuello palpando con los dedos hasta que lo llevó hasta el corte y sobresalió una esquina. Lo cogió con las pinzas y lo sacó muy despacio. No era mucho más grande que un gramo de arroz, pero tenía el tamaño perfecto como para hacer daño. Cuándo lo sacó del todo, Thomas se sintió mucho mejor a pesar del dolor.

–Ya está.– Dijo poniéndole una gasa para que dejara de sangrar.– En cuanto se saca del cuerpo deja de funcionar. Siguiente.

Thomas se levantó con el cuello un poco dolorido y salió de allí a tomar un poco el aire. Volvió al pisucho por el que habían entrado y vio a Sidney mirando por la ventana.

–¿Ya eres libre?– Le preguntó ella.

–Si. Sienta bien.– Sidney sonrió.– Oye, antes Hans dijo que tú fuiste la última a la que le hizo esto, ¿que quería decir?

Sidney bajo la cabeza, después se dio la vuelta y se apartó el pelo de la nuca dejando ver una pequeña cicatriz.

–Faltaban dos días para que me llevarán al laberinto del grupo B cuando me salvaron y me llevaron al Brazo Derecho. Por aquel entonces Hans trabajaba con nosotros, pero luego vino aquí buscando una vida "segura".

–¿Formabas parte de los sujetos de CRUEL?

–Si... pero dejé atrás esa vida. Si Sky y el resto no me hubieran ayudado, ahora sería parte del grupo B, aunque yo nunca te habría hecho nada.

–Gracias, supongo.– Intento sonreír.

–De todos modos eso ya no importa, ahora lucho por ayudar a gente como tú.– Dijo dándose la vuelta y mirándole a los ojos.

Inconscientemente, Thomas recordó a Teresa. La echaba de menos, aunque no tanto como pensaba.

–Sidney... si ahora te dijera que quiero besarte, ¿podría?

–¿Por qué no te acercas más y lo compruebas?

–¿Eso es un reto?– Sidney arqueó las cejas y sonrió.

Thomas pasó la mano por el cuello de Sidney tocando así su cicatriz y se acercó a ella hasta quedarse a escasos centímetros de sus labios hasta que escucharon tiros en la calle.

–No me fuques.

Stay with meHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora