Capítulo 8

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(***)

Se enciende la luz de la habitación y mi corazón da un respiro cuando veo que es Aiden. El pobre ha estado muy agitado estos días.

—Casi me matas de un susto —susurro.

—No era mi intención —contesta él, apenado. Ruedo los ojos.

¿Es que él siempre es así de tranquilo?

—¿Qué haces aquí? —interrogo cruzándome de brazos.

—Bueno, básicamente esta es mi habitación —afirma y levanto una ceja. Él sonríe—. Es que no podía dormir y he venido a buscar unas cosas para salir un rato —Se acerca a la mesa que está a mi lado y toma unas llaves que supongo son las de su auto.

—Iré contigo —musito levantándome de la cama. Él me mira con desconcierto—. Yo también quiero salir un rato.

Vuelve a verme sin decirme nada, pero finalmente termina asintiendo con la cabeza. Me pongo los zapatos, mi chaqueta y salgo con Aiden una vez que estamos listos. Muchos dirían que salir con un asesino a estas horas de la noche es casi un suicidio, pero quizás esta sea mi oportunidad de empezar a conocerle mejor.

Ya una vez abajo nos montamos en su camioneta y él empieza a manejar sin decirme a dónde se dirige, así que le pregunto mientras me voy poniendo el cinturón de seguridad.

—¿A dónde iremos?

—Hay un lugar que descubrí con Alek al que me gusta ir —responde él sin quitar la mirada de la carretera.

—Oh.

—Sí, oh —repite él y me regala un mirada rápida.

Nos quedamos en silencio por un buen rato. En estos momentos me gustaría ser como Olivia, ya que este chico debe de estar súper aburrido con mi presencia. Quizás por eso sienta cierta atracción hacia Alek, con él mis palabras salen de manera fluida. Hasta puedo llegar a hacer catarsis cuando estoy con él.

Miro la fría noche por la ventana y me doy cuenta de lo bonita que es Pamplona a sus alrededores. Pocas veces he salido a explorar a las afueras del pueblo y le agradezco a mis instintos por haberme hecho valiente para salir con Aiden.

Después de unos 20 minutos de viaje, Aiden por fin dice:

—Ya casi llegamos. Espero estés lista porque vamos a nadar.

¿Nadar con este frio? ¡Ni loca!

—¿Estás loco? ¡Estamos a 10 grados Celsius! —refuto espantada mientras le muestro la aplicación del clima de mi celular y Aiden solo ríe.

De pronto, cruza por una vereda donde el camino es solo de tierra; hay muchos pinos y la luz de la luna se refleja al final del camino. Entre más Aiden maneja, más siento que nos vamos acercando a ella. Aunque el camino esté un poco acabado, la camioneta amortigua el golpe de las piedras y huecos. Entonces me inclino un poco más hacia adelante cuando veo a lo que intenta llevarme Aiden.

¡Es un lago!

La luz de la luna se refleja en ella y es lo más bonito que haya podido ver. Siento mi corazón inflarse de emoción y no puedo estar más que atónita. Muchas veces compañeros de la Universidad nos habían invitado a Olivia y a mí a ir a un lago que quedaba a las afueras de Pamplona, pero nosotras nunca íbamos. De lo que nos estábamos perdiendo.

LEAPERS I ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora