Capítulo 9

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Olivia y yo caminamos juntas a casa en silencio, mientras en mi estado de ensimismamiento no puedo evitar sentir vergüenza de nuevo cuando recuerdo la cara de Alek al verme llegar junto con Aiden a las seis de la mañana. Intenté hablar con él después de que nos saludara de esa manera hostil, pero él se levantó del sofá y se fue del apartamento dejándome con palabras por decir.

También se me viene a la cabeza el lago y estoy agradecida con Aiden por haberme mostrado ese lugar tan fantástico. Si no hubiera tomado la valentía de ir tras él, probablemente seguiría perdiéndome de conocer ese lugar.

Me despido de Olivia cuando llegamos a la esquina donde ella siempre cruza para ir hacia su casa, pero me toma del brazo de manera repentina y me exige que vaya con ella. Llegamos a su casa, abre la puerta y una vez adentro me hace sentar en el sofá. Los ojos ya me empiezan a pesar por el sueño.

—¿A dónde fuiste con Aiden? —interroga ella cruzada de brazos.

—No teníamos sueño, así que salimos un rato a un lago.

—¿Cómo una cita?

—¿Qué? —exclamo mirándola como si estuviera loca—. ¡No!

—¿Entonces?

Olivia me mira como si fuera sospechosa de algo mientras sonríe.

—No teníamos sueño, así que él condujo hasta un lago que queda aquí cerca —explico. Ella levanta una ceja—. Yo aproveché el momento para hacerle más preguntas y él las respondió sin objetar.

Olivia parece comprenderlo por fin y le empiezo a contar todo lo que Aiden me dijo en nuestro viaje a su apartamento.

Le cuento que después de que todas las personas a las que les hacían la transfusión morían a los 3 días, John se empezó a sentir frustrado, pero su deseo de venganza pudo más que él así que lo siguió intentando. En una de esas se dieron cuenta que había una mujer que ya habían pasado los 3 días y seguía con vida, lo que los sorprendió mucho. Le hicieron un examen y se encontraron con la sorpresa de que tenía 3 meses de embarazo.

—Sigue, por favor —suplica Olivia sentándose a mi lado. Asiento con mi cabeza.

Continuo con la historia y entonces le digo que cuando se dieron cuenta de que estaba embarazada le empezaron a hacer muchos más exámenes a esa mujer. Tenían tantas esperanzas en ella que le daban el máximo cuidado.

Cuando empezaron a llegar los resultados de los exámenes se dieron cuenta de que la sangre de la mujer estaba limpia, no tenía ni un rastro de la sangre de John. Entonces intuyeron que el feto era el que ahora tenía toda la sangre de John, sin embargo tendrían que probarlo solo cuando naciera el bebé y para eso aún faltaban seis meses.

A la mujer le programaron su parto para el 3 de febrero de 1728. Después de mucho esperar se llegó la fecha deseada y la mujer no presentaba contracciones, ni ningún síntoma que dijera que el bebé venia en camino; por el contrario, se le veía reluciente, enérgica, saludable.

Decidieron esperar una semana más después de la fecha programada para el parto y al pasar esta la mujer seguía sin presentar los síntomas. John se alarmó, pensó que quizás el bebé había muerto dentro de la mamá. No obstante, descartaron esto cuando al hacerle un examen a la mujer se dieron cuenta de que el bebé aún seguía vivo.

—Dime que no es lo que me imagino —murmura Olivia llevándose las manos a su cara—. Dime que no nació justo el día que imagino.

—El bebé nació un 29 de febrero de 1728 —confirmo sus pensamientos—. Año bisiesto. Cuatro semanas después de cuando en realidad debía nacer.

LEAPERS I ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora