Capítulo 29

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La verdad, es que no se me había pasado por la cabeza que él sea un cazador. Digo, ya que si fuera uno, me habría asesinado desde el primer momento en que me vio o me habría secuestrado para entregarme a los cazadores. Sin embargo, él se encuentra tranquilo frente a mí mientras devora aquella hamburguesa como si fuera el fin del mundo.

—Parece que hubieras visto un fantasma —masculla Dan, antes de beber un sorbo de su cocacola.

—Es que...

Intento decir algo, pero es como si las palabras se encuentren atoradas en mi garganta.

—Si sabes que ha sido una broma, ¿no?

¿Una broma? Pues no me ha causado ni un poco de gracia. ¿Es que acaso él va por la vida diciéndoles a los demás esas cosas sin esperar que el otro no se sobresalte? De igual forma, eso me hace sentir más tranquila.

Un móvil empieza a sonar y Danthaniel deja la lata de cocacola en la mesa para buscar entre los huecos de su bomber. Saca un móvil, mira la pantalla y levanta la mirada hacia mí.

—Permíteme un momento —se disculpa, poniéndose de pie.

Él sale del restaurante y me sonríe cuando se da cuenta de que lo estoy espiando por la ventana, para luego darme la espalda.

Miro mi plato y hago una mueca al caer en cuenta de que ya no me queda ni una papita frita. Me las comí sin darme cuenta y ahora mi estómago grita por más. Le doy un gran mordisco a mi hamburguesa resignada y miro las papas de Danthaniel con mucha tentación, pensando en robarle solo una, bien chiquita. A comparación de mí, él tiene muchas papas y poca hamburguesa.

Le doy otro mordisco a la hamburguesa cuando he terminado de tragar y bebo un sorbo de la cocacola.

—He vuelto —dice él, sentándose de nuevo. Le sonrío y él ríe—. Estás untada de salsas.

—Soy muy cerda comiendo.

—Y no te lo refuto —curva una sonrisa—. Debo irme ahora mismo, lo siento. Mis primos se han metido en problemas y debo ir a sacarlos de allí.

—No te preocupes, ve tranquilo.

—¿En serio?

Asiento con la cabeza. Él le da el último mordisco a su hamburguesa y se levanta.

—Danthaniel... —lo miro, con mucha vergüenza—. ¿Me podrías regalar tus papitas?

Él termina de pasar la comida, bebe hasta el final el líquido y me responde:

—Claro, son todas tuyas.

Sonrío con mucha gratitud y alcanzo su plato, para de manera rápida untar las papitas con mostaneza y tragarlas. Danthaniel se ríe y se acerca a mí, saca una pequeña margarita de su bolsillo y la pone detrás de mi oreja, tomándome por sorpresa, haciendo que deje de masticar por la perplejidad.

—Recuerda tener cuidado. Los tiempos son peligrosos para chicas inteligentes como tú.

Y se marcha, dejando mi cabeza con un montón de pensamientos y preocupaciones.

***

El lunes ni Aiden ni Alek asisten a clases y al preguntarle a Olivia por ellos me dice que salieron a la ciudad por unos inconvenientes con sus pasaportes.

Me pongo muy emocionada cuando le exclamo a Olivia que mañana, 25 de febrero es su cumpleaños y que por lo mínimo, debemos salir para tomar algo mientras esperamos la fiesta del 29. Ella me regaña y me dice que solo podré felicitarla hasta el 29 y que ella hará lo mismo conmigo. Me prohibió, estrictamente, desearle un feliz cumpleaños mañana o me las tendré que ver con ella y su puño sangriento.

LEAPERS I ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora