Capítulo 10

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El miedo circula por mis venas mientras la chica que está encima de mí aprieta sus ojos por el miedo. Su mano aún sigue tapando mi boca y puedo escuchar nuestros corazones latir intensamente, queriendo huir de aquel lugar.

Escucho unas pisadas y pongo de manera rápida mi mano derecha en la boca de la chica cuando casi se le escapa un gemido de terror. Ella abre los ojos cuando siente el contacto y trato de decirle con mis ojos que se calle por el amor a Dios.

—¿Dónde estás, Ciara? —pregunta una voz a lo lejos, pero no tan lejos como para no oírla y sé que le habla a la chica—. Por más que te escondas te voy a encontrar, traviesa.

Ciara entrecierra sus ojos y la puedo sentir diciendo cosas debajo de mi mano; seguro está rezando y ojalá así sea. Siento de nuevo el dolor de mi codo que por el miedo he olvidado y cuando llegue a casa sé que lloraré curándome.

«Si es que salgo viva de esta».

—¡Sal de tu maldito escondite, Ciara! —grita de nuevo la misma voz varonil y siento ira en ella. Mi pecho sube y baja por lo agitada que estoy.

Ciara quita su mano de mi boca para ponerla junto con su otra mano en cada oreja, intentando no escuchar más la voz que la llama. Una rama cruje muy cerca de nosotros, como si alguien la hubiera pisado y sé que estamos jodidas, muy jodidas. El ambiente se torna más tenso a nuestro alrededor y sé que no quiero morir de esta forma.

Escucho más gritos y maldiciones de aquella voz muy cerca de nosotras. El miedo palpita en cada parte de mi cuerpo, mi sistema nervioso simpático está enloquecido y como si fuera poco mi voz interna me grita que soy una estúpida.

Entonces empieza a reinar el silencio, tan ensordecedor que prefiero que el tipo siguiera gritando y maldiciendo que a estar en medio de este horrible silencio que nos invade. Sin ruido no podemos ubicar en dónde está, si sigue buscando a Ciara y si aún estamos en peligro, pero decidimos esperar.

Siento los minutos pasar y a cuervos graznar por todos lados, haciendo todo esto como si fuera una película de terror. Cuando siento que ya ha pasado un tiempo suficiente decido hablar.

—Creo que ya se ha ido —Le susurro a Ciara, quitándole las manos de sus orejas. Ella niega con la cabeza—. Ya ha pasado mucho tiempo, no le he oído por un largo rato. Debemos aprovechar e irnos, quizás pueda volver.

Ciara parece dudar pero termina aceptando, así que nos ponemos de pie y sacudimos nuestras ropas por la tierra que hay en ella. Miro mi codo y tengo una herida no tan grande, pero si lo suficiente para hacerme sangrar. Ciara se disculpa conmigo por eso.

Sé que ha pasado un tiempo largo desde que estuvimos ahí tiradas como para saber que mis compañeros ya han regresado de nuevo a la Universidad. Calculo que estuvimos tiradas como una hora y eso es tiempo suficiente para mis compañeros ir y volver —si es que el profesor no  los hizo subir toda la montaña—, pero no sé el camino de regreso.

—Yo sé el camino de regreso al pueblo —dice Ciara cuando ve mi cara de desesperación y sonrío con alivio.

Emprendemos camino con nuestros oídos muy agudizados para estar en alerta. Ciara me toma de la mano y tratamos de no pisar nada que genere ruido. Mi corazón late más rápido de lo normal y yo solo ruego que ese tipo no se aparezca de nuevo. Caminamos a pasos rápidos pero teniendo mucho cuidado y cuando veo por fin la autopista nacional me siento aliviada.

Ninguna de las dos dice algo mientras vamos corriendo lo más rápido que podemos por la autopista nacional lejos del peligro y no puedo evitar mirar atrás cada dos minutos por la paranoina que en estos momentos me invade. Aparte de eso, también miro de reojo a Ciara que va aún llorando y le suelto palabras para tranquilizarla.

LEAPERS I ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora