Capítulo 20

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Mis alarmas internas se encienden. Estoy paralizada, aguantando todo el aire en mis pulmones. El mundo parece estar en pausa, mientras mi lóbulo frontal -parte donde se úbica el pensamiento- se concentra solo en Izan.

—Yo... Yo debo ir a ver a Izan —Logro emitir, en un hilo de voz.

Alek desabrocha los 3 primeros botones de su camisa, dejando una parte de su pecho al descubierto. Por otro lado, Aiden se voltea para seguir su camino al auto.

—Pérsik, quédate acá. Los cazadores aun no saben quién ha sido, por lo que Izan no está en peligro —asegura Alek, tirando del cuello de su camisa—. Bueno, no por ahora.

Me siento desfallecer. Nada, nunca hará que Alek cambie su poca sensibilidad para dirigirse a los demás en temas demasiado serios. Supongo que es algo innato en su personalidad.

El ruido del auto hace que Alek se voltee, pero yo lo alcanzo de nuevo y pongo una mano en su hombro. Él de gira para mirarme y me regala una sonrisa que me tranquiliza.

—Todo estará bien —aquieta—. Ahora ve a dentro, con el león de tu padre y sigue con la cena.

Asiento con la cabeza.

—Está bien.

—Oh, y esconde un poco de lasaña para comerla después.

Me río y vuelvo a asentir con la cabeza. Él avanza a la camioneta y luego, me dedico a mirar como se alejan.

Un nido de emociones se unen a bailar en mi pecho, impidiendo que deje de sentirme inquieta. Quiero llamar a Izan y avisarle lo que acaba de pasar, pero eso lo alarmaría y quién sabe qué podría hacer.

Entro a casa y sigo con la cena, aunque haya perdido el apetito. Solo me dedico a revolver la comida de mi plato. Y ruego, con todo mi corazón, que los cazadores nunca se enteren de quién es el asesino de Ruber. Izan solo quiso ayudar y no es justo que deba pagar por algo que hizo en contra de todos sus principios.

Una vez terminamos, subo con Olivia a mi habitación. Ella se sienta en la cama, con su móvil en las piernas y se cruza de brazos.

—Ahora sí, debes contarme todo —pide.

Todo el aire que llevo acumulando sale de mis pulmones. Me siento en la silla de mi escritorio y me quito los zapatos.

—Los cazadores ya han descubierto el cuerpo de Ruber y quieren hacer lo mismo con el asesino —suelto, mordiendo la parte interna de mi mejilla derecha.

Olivia suelta un jadeo de terror.

—Todo esto es cada vez más malo.

—Te lo dije. Te dije que esto cada vez empeora más. Pero tú solo dijiste que no podemos sentarnos a lamentar.

Mi voz suena enojada y no puedo evitarlo.

—¿Otra vez te irás por ese camino? —pregunta Olivia, exasperada.

—Sí —afirmo con enfado.

—¿Qué ganas sentándote a lamentar? ¡Nada! —replica, levantando el volumen de su voz—. Que te sientes a llorar y a quejarte no hará que las cosas vuelvan a su normalidad. Lo único que harás con esas actitud es demostrar que eres una cobarde, porque no estás aceptando las consecuencias de algo que iniciaste.

—¡Pero esto es demasiado peligroso! —grito, alzando las manos de las exasperación—. ¡Nuestro amigo está en peligro! ¿Acaso no te importa?

—¡Sí me importa! —rechista, poniéndose de pie—. ¿De verdad crees que hacerte la indiferente y hacer como que nada de esto pasa le salvará la vida? ¡Pues no, Tessa! ¡Ya estamos dentro de esto y ya no hay marcha atrás!

LEAPERS I ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora