Capítulo 47

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Antes de empezar quiero decirles que ya llegamos a 20k vistas en leapers. Estoy demasiado feliz por este logro. Muchas gracias a todos por leerme y por el apoyo que le han dado a la historia. No creí que sería bien acojida. Gracias, muchas gracias.❤

***

Abro los ojos lentamente, en pequeños parpadeos antes de acostumbrarme a la penumbra. Todo a mi alrededor me da vueltas, distorsionando mi campo de visión y provocando algo de nauseas en mí. Agudizo mis oídos y alcanzo a percibir gotas de agua cayendo en alguna parte, como si hicieran parte de una gotera. El olor a humedad se filtra en mis fosas nasales con profundidad, haciendo que arrugue la nariz por la intensidad.

La cabeza deja de darme vueltas y mis ojos al fin pueden ver dónde estoy.

Es una cabaña. O eso parece.

La madera se ve muy vieja y está tan llena de humedad que hay moho verde en algunas partes de la pared. Una pequeña vela reposa en una esquina de la puerta y es tan tenue que apenas ilumina todo el lugar. Entonces veo la gotera en una esquina de la habitación, donde ya se ha formado un charco.

Procuro levantarme del piso, pero la cabeza de nuevo me da vueltas, así que decido quedarme acostada durante un rato más. Un mechón de cabello se interpone en mi rostro e intento estirar una mano para quitarlo, pero me doy cuenta que estoy atada de manos detrás de mi espalda.

Recuerdo a los dos chicos que intentaron ayudarme y ahogo un gemido de horror porque sé que les dispararon por mi culpa. Peor aún: que están muertos por mi culpa. Aquello será algo que tendré en mi consciencia siempre de manera tormentosa.

¿Cuánto llevaré aquí?

De pronto, escucho algunos pasos crujiendo la vieja madera del piso. Mi corazón pasa de la tranquilidad a la violencia, latiendo desmedido. Alguien mueve el seguro de la puerta y esta se abre al instante, revelando a mi peor infierno: Jason.

—Al fin despierta la bella durmiente.

Se burla mientras pone la banca de madera que trae en sus manos frente a mí y se sienta en ella, inclinándose sobre sus piernas con sus codos después de poner una botella de agua a un costado.

—¿Qué quieres de mí? —pregunto, desatando el nudo de mi garganta.

—Tú sabes qué quiero de ti.

—Eres un enfermo —escupo. Él ríe.

—Sí, solo para ti.

Me toma por un antebrazo y me obliga a sentar, recostando mi espalda contra la pared de la cabaña. Él se arrodilla frente a mí y pone ese mechón de cabello que tanto me irrita detrás de mi oreja.

—Debo doparte de nuevo —dice con fingido pesar—. No puedo arriesgarme a que hagas algo extraordinario.

—¿A qué te refieres?

Jason destapa la botella de agua y saca una pastilla de uno de los bolsillos de su pantalón.

—¿Es que aún no lo sabes?

—¿Qué debo saber? —insisto, atemorizada.

—La razón por la cual Aiden y Alek están en este pueblo.

Trago saliva.

—¿Y cuál es esa razón?

Él se ríe. Saca la pastilla del envoltorio y la sujeta con su dedo índice y dedo pulgar. Ahora, traza la diminuta pastilla por mi labio inferior y de manera automática giro la cabeza, asqueada de su tacto. Jason suelta la risa y responde a mi pregunta:

—No puedo decírtelo, Tessa. Debes averiguarlo por ti misma.

Jason me toma por el mentón y me fuerza a mirarlo. Sus ojos tan negros como la noche se clavan como estacas en mis pupilas y sin reprimir el asco y el odio murmuro:

—Eres malvado. Eres repugnante.

Entonces él me da un bofetada tan fuerte que me hace voltear el rostro. Me obligo a reprimir todo dolor, toda señal que le de a entender que me asusta. Así que solo me río, con ganas, con la rabia invadiendo cada fibra de mi ser. Lo observo y curvo una sonrisa.

—¿Eso es todo lo que tienes, Jason?

Para mi sorpresa, él me estudia con curiosidad. Muerde su labio inferior, analizando cada parte de mi rostro y también curva una sonrisa en mi dirección.

—También hay oscuridad en ti —comenta, lamiendo sus labios—. En ti y en ella hay oscuridad. Es tan palpable que me sorprende.

—¿Acaso tienes miedo? —lo reto.

Ser tan intrépida algún día terminará matándome. Lo presiento.

—Yo no tengo miedo, pero... —hace una pausa, pensando. Luego, sonríe y vuelve a agregar—: pero ellos si deberían tener miedo de ti y de ella.

—¿Ellos quienes?

—Aiden y Alek.

—¿Por qué no vas al maldito grano y me cuentas todo de una vez?

—Abre la boca —exige, ignorando lo que acabo de decirle. Así que aprieto mis labios, negando—. Abre la boca o recibirás otra bofetada.

Jason me toma por el mentón haciendo presión con sus dedos en mi mandíbula. El miedo que le tengo está siendo poco a poco esfumado por el asco y la gallardía.

—Abre la maldita boca.

Intenta meter la pastilla en mi boca, pero no cedo fácilmente. De repente, Jason golpea fuerte mi abdomen con su mano hecha puño y abro la boca en busca de aire, así que él aprovecha y mete la pastilla en mi boca, obligándome a tragarla. Después me hace beber un sorbo de agua y siento como la pastilla baja por mi garganta.

Me dejo caer de medio lado en el piso, adolorida en mi abdomen y con el mareo regresando a mi sistema. Jason vuelve a sentarse en la banca, bebiendo de un sorbo de la botella de agua y dice:

—Ciara alcanzó a contarme el secreto de Aiden y Alek antes de que la asesinarán. Yo sí estaba extrañado y confundido de que hubieran tantos leapers primermundistas en este pueblo, hasta que lo entendí todo cuando ella me contó.

Su voz se empieza a escuchar lejana. Mi visión se va distorsionando poco a poco. La silueta de Jason en la penumbra de la pequeña cabaña parece haberse duplicado por las vueltas que me da la cabeza. Y es como si no llevara ningún abrigo encima porque el frío se cala hasta en mis huesos, haciendo que de ligeros temblores.

—Cuando descubras la verdad te darás cuenta de que los malos siempre estuvieron al lado tuyo.

Y ese pequeño recordatorio de Jason se repite en mi mente una y otra vez antes de volver a caer en mi perdida de consciencia.

***

Un rayo del sol se filtra por una de las grietas de la cabaña y da justo en mis parpados, avisándole a mi cerebro que es hora de despertar. El peso que tiene mi cuerpo me sorprende y ni se diga de mi cabeza; los siento ajenos a mí, como una carga. Pero aun así me animo a abrir los ojos y estar atenta.

Afuera escucho el canto de algunos pájaros y sobre como el viento mueve una de las pequeñas tejas de lata que hay en el techo. La gotera se ha detenido y la vela se ha consumido.

El silbido de una persona me pone en alerta y todos los vellitos de mi cuerpo se erizan cuando esta golpea fuerte la madera de la cabaña. El tintinear de unas llaves en la cerradura de la puerta hacen que aguante la respiración y cuando veo a Jason detrás de ella suelto de golpe todo el aire.

Él entra con una ancha sonrisa y en sus manos trae una lata de cocacola y por el olor, un cruasán. Vuelve a poner la banca de madera frente a mí y me ayuda a sentarme, con la espalda apoyada en la pared.

—Debes comer —informa, sacando el cruasán de una bolsa de papel—. No quiero que mueras por falta de alimento.

Suelto una risa irónica.

—Me estás jodiendo, ¿verdad?

—¿Por qué debería hacerlo?

—¿En serio no quieres que muera por falta de alimento pero si deseas que muera a manos tuyas?

Jason muerde la comisura de su boca.

—Pues sí —contesta con una obviedad que no entiendo—. Asesinarte me daría placer, pero si mueres por algo ajeno a mí no podría satisfacerme a mí mismo.

—¿Y por qué no terminas de una buena vez conmigo? —farfullo, sin poder creerlo—. ¿Es qué acaso en el fondo si tienes algo de humanidad y te has arrepentido de asesinarme?

—¿Arrepentirme? —repite—. No, nunca. Solo que estoy esperando...

—¿Esperando qué?

Él se inclina hacía adelante, como si estuviera a punto de contarme un secreto y sonríe.

—A que ellos vengan.

—¿Ellos quiénes?

En el fondo de mi corazón, deseo que no mencione a Aiden y Alek. Ahora, Jason quita un pedazo de cruasán y lo acerca a mi boca para que coma, así que para que siga hablando acepto el pedazo sin rechistar.

—Los sujetos para los que trabaja tu queridísimo amor.

—¿Y para quiénes trabaja Aiden?

Mencionar su nombre en voz alta hace que me duela el corazón. Termino de tragar el pedazo de cruasán y Jason me hace beber un sorbo de la cocacola.

—¿Siempre eres tan preguntona? —inquiere él, pero no le respondo—. ¿Sabes? Pronto podrás reunirte con
tu amiga.

Corta otro pedazo de cruasán pero esta vez se lo come él; masticando tan lento como si estuviera con letargia. Tal vez lo esté haciendo a propósito, pero desde que nombró a Olivia mis nervios se han intensificado.

—¿P-por qué lo dices?

No puedo ocultar el nerviosismo en el tono de mi voz. Deseo que esto sea simplemente una pesadilla de la que ya quiero despertar.

—Porque ya los hombres que tengo a mi mando se están encargando de traerla a ella —sonríe de una manera sombría, oscura—. Ellos las quieren a las dos, así que solo me hace falta Olivia para completar el dúo dinámico.

—¿Qué es lo que quieren? ¿Por qué todos parecen saber lo que sucede excepto nosotras? —interrogo, alzando la voz.

Jason deja el cruasán encima de la lata de cocacola y se acerca a mí. Pone su rostro a escasos centímetros del mío, incluso puedo sentir como nuestras respiraciones se mezclan. Él toma el borde de mi camiseta y me siento palidecer ante el roce de sus dedos en la piel de mi cintura.

—Quiero ver algo —susurra. Su aliento golpea mi nariz—. No dolerá, lo prometo.

Busco la forma de entretenerlo, porque algo dentro de mí me dice que él está a punto de lograr lo que siempre ha querido conmigo.

—¿Por qué enviaste a ese hombre a herirme, Jason? —le pregunto, con un tono bajito de voz.

Su mano se detiene en mi piel y Jason arquea una ceja suspirando. Mi corazón está aceleradísimo, atemorizado y asqueado.

—Porque quería comprobar algo para cuando llegara el momento de retenerte.

—¿Comprobar qué cosa, Jason?

De nuevo, su mano viaja hasta los puntos de sutura de la herida en mi cintura y aguanto la respiración cuando él da pequeños roces con el dedo índice sobre ella. Levanta mi camisa, lo suficiente para ver la herida, pero en ningún momento desvío la mirada de la suya.

—Mira, Tessa. Compruébalo por ti misma.

Su mirada viaja hasta mi herida y sin poder resistirme, la sigo. Allí, me quedó helada ante lo que mis ojos están viendo. El aire parece haberse quedado estancado en mis pulmones, mi corazón se ha detenido por un milisegundo y los pensamientos divagan por mi cabeza.

La herida de mi cintura se ha cerrado de una manera impresionante. Los puntos se han caído sin ni siquiera haberme dado cuenta; de hecho solo queda uno, el de la esquina. Pero Jason toma el pequeño hilito y lo tira, sacándolo de mi piel sin dolerme ni un poco. Entonces puedo estudiar mejor la cicatriz perfectamente cerrada, como si solo me hubiera caído del algún lugar cortándome con algo y no como si alguien me hubiera apuñalado.

—Y te apuesto a que la de Olivia también está así —comenta Jason, impresionado.

—Y ni siquiera me duele —trago saliva. Y recuerdo a Olivia haciendo cosas cuando se supone que debía guardar reposo por su herida. Ella no parecía quejarse de dolor, ni inmutarse—. ¿P-por qué sucede esto? No lo entiendo.

Jason se aparta de mí, volviendo a sentarse en la banca. Se encoge de hombros y corta un pedazo del cruasán para acercarlo a mi boca.

—Ellos te lo dirán todo. No puedo decirte nada.

Trago el pedazo de cruasán y ahora él saca una pastilla de su pantalón, para después hacer que la trague con un sorbo de cocacola. Estoy tan confundida que ya no le hago más preguntas a Jason mientras él me da de comer. Solo estoy consciente del dolor que ha empezado a embargar mis brazos, porque ya estoy cansada de tenerlos por detrás de la espalda.

La pastilla hace sus efectos, pero esta vez no me duermo, sino que solo me acuesto de medio lado en el piso con los ojos cerrados para no marearme. Esta vez mi cuerpo parece rechazar la pastilla porque no me dan ganas de dormir, sino solo de levantarme, estirarme y correr hasta que mis pies duelan.

***

No sé cuánto tiempo ha pasado desde que consumí aquella pastilla, pero por lo menos ya he podido abrir los ojos sin marearme. Afuera puedo escuchar las voces de dos hombres diferentes a la de Jason, riendo e incluso a veces murmurando cosas que no alcanzo a entender. Después alcanzo a percibir como aplastan latas de alguna bebida y las patean a donde hay más acumuladas. Es sorprendente como algunos de tus sentidos pueden mejorar cuando hay otros que están fallando.

—¿Cuándo llegarán? —pregunta uno de los hombres.

—Me dijeron que llegan el domingo a más tardar —responde Jason.

—Recuerda que no puedes tocar a la chica.

—De ella me encargo yo —advierte Jason—. Ahora ustedes deben encargarse de la otra.

—En eso estamos, pero tiene a esos dos leapers cuidándola como guardaespaldas.

Todo se queda en un rotundo silencio. Trato de contar el tiempo que paso a solas pero me desconcentro ante cualquier mínimo ruido que escucho y que me pone en alerta. Para ser sincera, prefiero mil veces estar secuestrada por Jason que por cualquier otra persona; por lo menos con él sé que puedo evadirlo.

Asimismo me pregunto si los chicos saben que he sido secuestrada y si me están buscando. Me aterra pensar que creen que estoy en mi casa y no están haciendo nada por buscar mi paradero. No quiero morir o no de esta forma. Ni siquiera puedo ver algo en esta cabaña que me ayude a liberar mis muñecas y huir lejos de este lugar.

¡Es que ni siquiera sé dónde estoy realmente!

Quizás esté demasiado lejos del pueblo y nadie nunca me va a encontrar, por lo que solo tendré que esperar al domingo para conocer a aquellos hombres de los que habla Jason. Y rogar muy internamente a que no me asesinen, sea cual sea su propósito.

Por las grietas que hay en la pared y en el techo observo como cae la tarde dando paso a la fría noche. Todo dentro de la cabaña queda a oscuras y lo único que escucho es el sonido de mi respiración.

Entonces la puerta cruje y Jason aparece del otro lado con una vela. Sus movimientos son descoordinados cuando pone la vela en una esquina de la puerta y se aproxima a mí riendo. Cae de rodillas a mi lado y me obliga a sentar. El cuerpo me duele por todo el rato que he permanecido acostada. Mi estómago ruge por el hambre y mi garganta está sedienta, pero él no trae nada para satisfacer mis necesidades básicas.

—Me advirtieron que no debo tocarte pero estás tan bonita que me es imposible no hacerlo.

Lo que me faltaba: está ebrio. El olor a cerveza se desprende de su boca y me hace arrugar la nariz con repulsión. Su discurso es torpe y entrecortado.

—¿Me permites? —fórmula soltando una carcajada mientras señala justo en mi pecho. Pero algo hace que deje de reírse y frunce el entrecejo—. ¿Quién te dio esa chaqueta?

Mierda.

—Nadie. Yo la compré —miento.

—No, no mientas.

—No lo hago —aseguro.

Él toca la "T" bordada en la chaqueta y aprieta la mandíbula. Estoy hundida, jodidamente hundida.

—Los únicos que usan chaquetas así y que tienen sus iniciales bordadas son los Piaget —objeta enfadado.

Me toma por los hombros y la poca luz de la cabaña no evita que vea lo rojo que se ha puesto. Está más que enfadado porque él sabe que la chaqueta me la dado alguno de los Piaget y es probable que sepa que ha sido Danthaniel. Pienso en un plan con mucha velocidad que me ayude a distraerlo.

—No me caen bien los Piaget —admite él, apretando mis hombros.

—Si quieres, puedes quitármela.

Mi corazón va a mil por segundo. Él abre los ojos sorprendido.

—¿Tampoco te caen bien los Piaget?

—No.

Jason sonríe con suficiencia. Los ebrios son más manipulables de lo esperado. Si dejo que Jason me quite la chaqueta, primero deberá soltarme las muñecas y en ese momento sé que debo luchar con todas mis energías y huir de aquí.

—Entonces déjame quitarte esa mierda.

Observo la puerta de la cabaña abierta, sobre cómo me grita que debo huir y probar de nuevo el sabor de la libertad. Jason me hace inclinar hacía adelante y toma mis muñecas. Reprimo la felicidad que florece en mi pecho. Está tan ebrio que lo ha vuelto torpe. Él mismo será el que me dejé ir.

—Listo —avisa.

Estiro mis manos y con mucha rabia lo empujo de una patada, dando directamente en sus caderas. Jason cae hacía atrás y me pongo de pie ignorando el dolor de mis piernas. Él gimotea en el piso y le doy otra patada ahora en su vientre antes de salir corriendo de esa cabaña.

El olor a naturaleza se cuela en mi nariz y sonrío por mi libertad. Miro en todas las direcciones y veo marcas de auto en la tierra, así que las sigo mientras corro todo lo que mis piernas me dan. La luz de la luna ilumina mi camino en la oscuridad del bosque. El frío quema mis mejillas pero eso es lo que menos me importa.

Entonces escucho un grito tan fuerte que algunas aves salen volando, haciendo todo más escalofriante. Mis pulmones piden un descanso y me inclino sobre mis rodillas por tan solo un segundo para inhalar hondo y continuar corriendo.

—¡Corre todo lo que puedas pero te encontraremos!

Un hombre grita con voz áspera y me lleno de miedo, pero no dejo de correr. Las pisadas de personas resuenan en mis oídos y mi corazón bombea sangre lo mas rápido que puede. A los lejos diviso las luces de un auto y de manera automática me desvío del camino para esconderme detrás de un árbol. Procuro calmar mi respiración agitada y cierro los ojos cuando el auto pasa a unos cuantos metros de mí. Sin embargo, el auto se detiene y escucho a alguien bajándose de la camioneta.

—Mira, hermano. Hay pisadas aquí.

—Seguro ha sido el imbécil de Jason —contesta el hombre que se ha quedado en la camioneta.

—Pero mira, las pisadas se desvían para allá.

Abro los ojos de golpe. El hombre alumbra con una linterna al árbol en el que estoy escondida y percibo cómo empieza a acercarse a este. Llevo una mano a mi boca para contener un grito y cuando siento que el hombre se ha acercado demasiado, salgo a correr.

—¡Es la chica!

Gritan a mis espaldas pero yo no dejo de correr más veloz que antes. Esquivo algunos árboles y salto uno que otro tronco en el suelo. Los hombres corren detrás de mí mientras gritan maldiciones. Estoy tan llena de miedo que pronto empezaré a llorar. Mis ojos ya se han comenzando a nublar por las lágrimas y las quito con mis manos para evitar caer.

Giro por un segundo la mirada para atrás y veo a los dos hombres siguiéndome con sus linternas. Los pulmones me queman por el aire frío y el cansancio se apodera de mis músculos. Vuelvo la mirada al frente para no tropezar y caer, pero mi sufrimiento no parece acabar.

—¡Bu!

Me sobresalto ante el hombre que está delante de mí y caigo de trasero en la tierra. Ahora sí he empezado sollozar y mis ojos pican por las lágrimas.

—Eres una escurridiza.

Sonríe de manera siniestra. Me toma por un brazo para levantarme y me amarra de nuevo las muñecas, pero esta vez más fuerte que creo que la soga cortará mi piel. Empieza a empujarme junto con los otros dos hombres de la linterna y una vez llegamos al auto me suben allí. Las lagrimas resbalan por mis mejillas y lloro en silencio ante todas las malas palabras de aquellos tres hombres.

Llegamos de nuevo a la cabaña y me tira del auto directo al piso. Caigo de bruces y ahogo un jadeo de dolor. Jason sale de la cabaña, tambaleándose de un lado a otro y el miedo ha terminado de apropiarse de cada partícula de mi cuerpo.

—Tráiganla —ordena él.

Uno de los hombres me hace levantar del suelo y se encamina conmigo dentro de la cabaña. Estoy inhalando y exhalando por la boca porque mi nariz está obstruida. Adentro, el hombre me empuja y caigo boca abajo en el piso, pero Jason me hace girar sobre mi cuerpo y se cierne encima de mí.

—Trágatela.

Mete una pastilla en mi boca y él se cerciora de que me la trague. Sin agua cómo pasarla, la pastilla genera picor en mi garganta. De repente, Jason me da un bofetada con el dorso de su mano y es tan violento el golpe que siento como se abre una pequeña herida en mi pómulo. Los efectos de la pastilla son tan veloces que la cabeza me da vueltas y el cuerpo se me debilita, perdiendo las energías.

Jason acerca su boca a mi cuello y da besos húmedos en esa zona. Me quedo estática, sin poder moverme ni un centímetro porque los efectos de la pastilla no me lo permiten. Las lagrimas continúan cayendo por mis mejillas sin mi consentimiento y Jason abre el broche de mi pantalón para después bajar el cierre.

—Hueles tan bien.

Una onda de luz proveniente de afuera ilumina toda la cabaña por dentro por un segundo. Jason se aparta de mí confundido, atento a cada ruido y movimiento. Todo me da vueltas y las voces se escuchan lejanas.

Lo siguiente que veo es a Izan entrando en la cabaña y tomando a Jason por el abrigo, lo tira a un lado y se sube encima de él dándole puñetazos en toda su cara. Doy una sonrisa débil por la tranquilidad que me da verlo, pero esta no dura mucho.

Observo el techo y destellos de luz roja, verde y azul se filtran por los agujeros que hay en este. La pesadez provoca que se me cierren los parpados y sacando energías de donde no tengo, me obligo a ver todo lo que sucede.

De pronto, entra Aiden a la cabaña y se aproxima a mí, desatando mis muñecas y acariciando mi rostro con preocupación. Dice cosas que no entiendo y su voz se escucha lejana, muy lejana. Él acerca mi cabeza hasta su pecho y aunque no quiera, me siento segura en sus brazos. Mi corazón ahora duele más que nunca.

Entonces veo a Olivia entrar con Danthaniel y atrás de ellos se aparece Alek con las manos llenas de sangre. Izan obliga a Jason a arrodillarse y este escupe sangre en cantidades. Sus pómulos están rotos y de su nariz corre un hilo de líquido rojo.

—Te dije que si volvías a tocarla te haría pagar —señala Izan enfurecido.

Jason ríe y escupe sangre.

Klipp halsen, Olivia —pide Danthaniel.

Mi mejor amiga sonríe con tanta malicia que un escalofrío recorre mi espina dorsal. Ella se posiciona detrás de Jason y lo sujeta por el cabello, haciendo que su cabeza se eche para atrás.

—Recuerda que los malos siempre estuvieron al lado tuyo, Tessa —insiste Jason con debilidad.

Danthaniel asiente y lo siguiente que pasa hace que toda la sangre de mi cuerpo se quede helada.

La mano derecha de mi mejor amiga se ilumina de luz azul, creando una daga que ella toma mientras sonríe de manera turbia. Olivia incrusta la daga en la garganta de Jason mientras él se retuerce y le corta el cuello de izquierda a derecha. La sangre brota a cantidades, empapando la ropa de Jason y creando un charco rojo brillante en el piso. Olivia deja caer el cuerpo inerte de Jason y la daga desaparece de su mano.

—E-ella —tartamudea Alek, sorprendido—. Ella es la número veintinueve. Ella es la elegida.


Holaaa, leapers

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Holaaa, leapers

¡Espero les haya gustado el capítulo!

Por fin ha salido a la luz que Olivia es leaper (y muchos lograron adivinar) pero aún hay algo más que saber.
Algo más está pasando con mis dos chicas y Jason ya hizo pronóstico.

Ahora si vendrá el secreto que ocultan Aiden y Alek.
Ahora si podremos saber por qué están en el pueblo.

Y sobre todo, sabremos qué sucede con Tessa.

Hasta el siguiente capítulo,

Lu.💕⚛

LEAPERS I ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora