Olivia se baja del auto y me ayuda a levantar, evitando tocar mis manos que siguen iluminadas. Se sube conmigo a la parte trasera del Nissan, diciéndome que inhale todo el aire que pueda por la nariz y después exhale por la boca. Procuro no mirar mis manos, aunque la luz es tan fuerte que ilumina todo el auto por dentro como un foco fluorescente. Tengo sollozos atorados en mi garganta y solo siento miedo de mí misma.
Danthaniel se sube al auto en el copiloto y observo como baja el cierre de su chaqueta para después subir su camisa gris hasta la parte del pecho.
—No quise lastimarte, Dan —musito, hipando.
—De milagro no me quemaste como a un pollo asado.
Me río entre el hipo. Él voltea a verme, bajando su camiseta y emite:
—¿Ahora entiendes por qué debes irte?
—¡Pero aquí están mis padres! —refuto.
—Lo hecho, hecho está. Cuando se enteren de que el experimento funcionó van a venir por las dos.
—Solo cállate, la alteras más —gruñe Olivia, luego me mira—. Necesito que te relajes o la luz no desaparecerá.
Asiento. Vuelvo a respirar tal cual como ella me dijo. La temperatura de mi cuerpo parece como si estuviera presentando fiebre, aunque sea indolora. Perdí los estribos cuando Dan me tomó por la fuerza, porque me cansé de que siguiera tocándome sin mi consentimiento.
¿En qué momento pasó todo esto? No logro entender la razón por la cual mis manos estén iluminadas como un jodido bombillo. Pero es sorprendente como aunque mis manos parezcan antinaturales, la luz no duele, ni quema; solo se sienten cálidas.
Después de un par de minutos, la luz violeta empieza a desvanecerse, poco a poco. He pasado del miedo al asombro y esta vez me atrevo a estudiar cada rayo de luz que brota de mis manos hasta que desaparece por completo, como si solo hubiera sido una ilusión de mi mente.
—¿De verdad hoy es conjunción planetaria? —inquiere Olivia.
—Sí —confirma Dan, pasándose al piloto.
—Ahora entiendo porque sentía que la luz me controlaba cuando fuimos a buscar a Tessa.
—Recuerda que nuestro poder es más fuerte cuando ocurre algún fenómeno.
—Y es por eso que la luz en Tessa decidió revelarse hoy después de permanecer oculta —dice Olivia acariciando mi cabello.
—¿Y por qué ocurre eso? —pregunto, intrigada por saber más.
—Nadie lo sabe. Algunos están más interesados en saber cómo convertir a otros en leapers que averiguar muchas cosas que nos suceden —contesta Dan, acomodando el retrovisor para verme a través de él.
Quedamos un rato en silencio, solo escuchando nuestras respiraciones pausadas. Aunque ya no haya ni una pizca de miedo en mi sistema, eso no quiere decir que deje de sentirme en un estado de parálisis. Nunca hubiera querido convertirme en leaper y menos en medio de un experimento liderado por científicos llenos de ambición por lograr aquello que no se les dio. En mi sano juicio, si tuviera la oportunidad de convertirme en leaper por cuenta propia no aceptaría. Aiden me había dado a entender varias veces que el hecho de tener un poder como ese no los hace más privilegiados, porque desde el momento en que nace el mundo se vuelve una cárcel para ellos.
Y nadie quiere que vivir en una cárcel hasta el día de su muerte.
Entonces caigo en cuenta de algo muy importante y entonces logro comprender por qué al parecer el experimento funcionó. Recuerdo que el día en que desperté, Alek me dijo que había perdido mucha sangre y que algunas personas tuvieron que donarme, entre esas: Olivia. Ella sabía que era leaper y aun así decidió hacerlo, sabiendo que mi vida corría riesgo porque al tercer día podía morir.
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LEAPERS I ©
Misterio / Suspenso[Libro I: Bilogía Penumbra.] Algo inesperado y sobrenatural está por suceder en el pueblo de Pamplona. Con la llegada de dos atractivos y misteriosos estudiantes de intercambio, el destino de Tessa y Olivia se verá envuelto en una serie de peligros...
