La luz de la mañana se cola por la ventana, provocando que intente abrir los ojos dando algunos parpadeos. Estiro mis extremidades y un sonido sale de mi boca, anunciando lo bien que he dormido. Lanzo mi mano izquierda al lado para despertar a Olivia, pero a cambio me encuentro con el vacío.
Olivia se ha ido.
Me levanto con lentitud, con el cabello desordenado y quizás, con un poco de baba en la comisura izquierda de mi boca. Me siento en la orilla de la cama, mirando un zapato por un largo momento, incluso llego a dudar de mi propia existencia en esos minutos.
Vuelvo a estirarme, para liberar toda la pereza de mi cuerpo y avanzo hasta el closet para sacar mi móvil de la última gaveta. Una vez lo tengo en mis manos, lo enciendo y me llegan algunas notificaciones. Entre esas, hay un mensaje de Olivia:
"Mis padres llegan hoy a las 11 am y me advirtieron que querían encontrar mi habitación ordenada cuando llegaran. Por lo que tuve que despertarme temprano para irme a casa y ordenar. Te quiero".
Miro la hora en la pantalla y marcan las 8 am. Tengo tiempo para ir y ayudarle a ordenar su cuarto, porque conozco su desorden y ella sola se desconcentraría con cualquier cosa y no haría mayor cosa.
Entonces me doy una ducha, me pongo algo cómodo y salgo de casa. Claro, no sin antes desayunar y despedirme de mi madre.
Una vez me encuentro frente a la puerta de Olivia, pongo mi índice en el lector y 2 minutos después, aparece ella del otro lado.
—¿Qué haces aquí?
—Vine a ayudarte —informo entrando a su casa. Ella cierra la puerta.
—Como caído del cielo.
—¿Eso no era una frase de un supermercado?
—No tengo ni idea —comenta riendo.
Subimos a su habitación y veo que ya está en gran parte ordenada, sin embargo sobre la cama descansa aún muchas cosas por acomodar, regalar e incluso botar. Ella siempre ha tenido muchísima ropa, pero siempre se pone la misma, por lo creo que por fin se ha decidido a regalar la que ya no usa. También puedo ver algunas cajas a un lado de la cama e intuyo que es para echar todo ahí. Me quito el suéter y lo pongo en el perchero que se encuentra detrás de la puerta, para ponerme manos a la obra.
—¿Y el señor Bigotes? —inquiero de repente.
—Comiéndose mi huerto, quizás. O detrás de la gata del vecino que viene a buscarlo en mi ventana.
Me río. Ese gato es un Don Juan. La última vez que lo vi fue cuando nos quedamos a dormir en la casa de Izan el día de lo sucedió en el bosque. Siento un leve escalofrío recorrer mi columna cuando el recuerdo de ese día se adhiere a mi mente e intento borrar el pensamiento de que los cazadores me buscan.
—Te amo... —una vez parlante se escucha desde algún lado de la habitación.
Olivia y yo parpadeamos, confundidas.
—¿Qué es eso?
—Uh, no lo sé, pero tengo miedo —contesta ella poniéndose detrás de mí.
La voz parlante vuelve a sonar y esta vez dice:
—Si te he fallado te pido perdón de la única forma que sé, abriendo las puertas de mi corazón...
—Para cuando decidas volver —terminamos los tres al unísono la canción de Chayanne.
Nos miramos las dos, desconcertadas e intranquilas. ¿Qué será aquella voz misteriosa? Es como de película: Harry Potter y el misterio de la voz parlante. Aunque suena como aquellas voces que han sido grabadas para un aparato electrónico.
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LEAPERS I ©
Misteri / Thriller[Libro I: Bilogía Penumbra.] Algo inesperado y sobrenatural está por suceder en el pueblo de Pamplona. Con la llegada de dos atractivos y misteriosos estudiantes de intercambio, el destino de Tessa y Olivia se verá envuelto en una serie de peligros...
