Capítulo 44

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El mundo parece desmoronarse a mi alrededor, desplomándose justo ante mis pies. Todo se ha vuelto demasiado confuso en mi cabeza que me impide ver alguna explicación lógica. Una opresión en el pecho me hace sentir afligida mientras diviso como mi padre camina con indiferencia y despreocupación sobando su mejilla golpeada. Mi cerebro trata de negar lo que vio.

Danthaniel pone el auto en marcha y todo el camino hasta mi casa transcurre en silencio, aunque en mi cabeza este habiendo mucho ruido y movimiento.

¿Por qué estaba discutiendo Olivia con mi padre? ¿Qué saben ellos dos que yo no sepa? Y si es como dijo Dan, ¿qué secreto íntimo ocultan?

Olivia había estado comportándose extraño y de hecho, todavía lo sigue haciendo. Algo sucede con ella y siendo su mejor amiga, me frustra no saberlo. Además, una extraña sensación revuelve mi estómago con desagrado cuando una pregunta se ilumina en mi cabeza.

¿Podrían mi padre y Olivia tener algún tipo de relación amorosa?

—Aleja esos pensamientos de tu cabeza. Habla con ella y pídele que te cuente las cosas —sugiere Dan, con voz apacible.

No le respondo nada. Tan solo quiero por un segundo tener mi mente en blanco y no pensar en nada. Tener tantas preguntas en mi cabeza me están haciendo sentir sofocada y abatida. Después de cinco minutos él estaciona el auto frente a mi casa y antes de que empiece a cuestionarme, tomo la bolsa de tela para despedirme de él.

—Adiós, Danthaniel.

Salgo del auto y cerrando de un portazo, me dirijo hasta la puerta de mi casa.

—No te apresures a los hechos, killer —grita Dan desde el auto—. Otórgales el beneficio de la duda.

***

En la noche, ayudo a mi madre a poner los platos en la mesa y a servir la comida, esperando que mi padre baje de su habitación. Tal vez debería enfrentarlo inmediatamente, pero primero me gustaría saber si miente. Además, debo ser cuidadosa para que mi madre no sospeche nada sin antes haber averiguado todo lo que sucede entre mi padre y Olivia.

Una vez que él baja, nos sentamos los tres en la mesa y en silencio, proseguimos a cenar. Las ganas de hacerle preguntas se mueve como un roedor en mi cabeza, cavando hoyos y sembrando semillas de la duda, por lo que me dispongo a romper el silencio.

—¿Cómo vas en tu trabajo, papá?

Él levanta la mirada y con una sonrisa responde:

—Muy bien, nada de qué preocuparse.

—Me alegra mucho, papá —miento, siguiendo el hilo de la conversación.

—¿Y tú cómo vas en la Universidad?

Sonrío en silencio, llevando una cucharada de comida a mi boca.

—Bien, tampoco nada de qué preocuparse.

—¿Hay algo que te inquiete, Tessa? —pregunta mi madre de repente.

—No, mami, ¿por qué lo preguntas?

Procuro hacerme la inocente y desentendida. Bebo un sorbo de mi jugo y le sonrío.

LEAPERS I ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora