En la profunda oscuridad escucho diferentes voces que no alcanzo a distinguir. Personas hablan sobre cosas que no logro entender. Ruidos extraños que me hacen doler la cabeza. Muevo los parpados sin abrir los ojos; es como si los tuviera sellados por una especie de pegamento invisible que no me deja hacerlo. Mi garganta exige agua para calmar la picazón y el sabor a medicamentos en mi boca me provocan nauseas.
Contengo la respiración y muevo los dedos de mi mano derecha con mucho esfuerzo. Sonrío en mi mente cuando lo logro y un grito en la oscuridad hace que me detenga, asustada. ¿Dónde estoy? ¿Por qué hay gritos afuera? El miedo se abre paso sobre la serenidad y mi corazón responde a esta notable señal.
Los recuerdos vienen a mi cabeza sin previo aviso, como si el viento acabara de rozar mi rostro, trayendo así esas pequeñas iluminaciones a mi memoria sobre esa noche.
Todo el dolor que estaba en mi tobillo fue traslado hacia mi cintura, concentrándose con gran fuerza en esa zona. El hombre a mis espaldas me empuja y hago todo el esfuerzo por caer del lado de mi cuerpo que no está herido. Mis ojos se llenan de lágrimas por el inmenso dolor que se ha apoderado de mi cuerpo. Inhalo y exhalo con desespero, apretando mis ojos y sin más, grito con todo lo que sale de mi alma.
El hombre se arrodilla frente a mí, con una sonrisa maliciosa. Su mirada se concentra en el cuchillo y trato de arrastrarme lejos de él, pero el dolor agonizante me lo impide. Mi cuerpo ha empezado a temblar y los espasmos se intensifican, enviando escalofríos por mi vertebra.
—Debo llevarme el cuchillo como prueba de mi trabajo a Jason —dice, estirando su mano para tomarlo.
—N-no lo saques, por favor —suplico, intentando golpear su mano. Estoy tan débil que no puedo ni levantarla.
—No tengas miedo, no dolerá.
Si ese hombre saca el cuchillo, moriré rápidamente de una hemorragia. El cuchillo en mi cintura funciona como un tapón, ya que obstruye la sangre y si se quita, ésta fluirá como la corriente de un río. Pronto estaría yaciendo en un charco de sangre.
—No lo quites... —sollozo—, por favor.
Sin sentir piedad e ignorando mi súplica, el hombre saca el cuchillo de mi cintura y la sangre emana de la gran herida, alertando todos mis sentidos. Pongo una mano en la lesión con un vano intento de detener la sangre. El hombre limpia con su antebrazo la sangre que cae por su sien y dice:
—Espero verte pronto, Tessa.
Cierra de un portazo la puerta de mi casa y me pongo boca arriba, buscando aire. La sangre ha fluido tan rápido que siento la espalda húmeda. Los espasmos me hacen retorcer y gritar, los parpados me pesan y una sensación de frío recorre cada partícula de mi débil cuerpo. Los gritos de mi padre se escuchan al fondo, pero no reconozco qué dice. El mundo empieza a ir más lento de lo normal, mientras mi cuerpo tiembla en el frialdad y oscuridad de mi casa. Lagrimas resbalan por mis mejillas y pronto, me he sucumbido en la total oscuridad.
—¿Tessa?
Una voz suave y varonil suena aterciopelada en mi mente. Me remuevo un poco y una diminuta punzada en mi cintura hace que me detenga.
—¿Puedes oírme?
Es el mismo hombre. Siento como toma mi mano, frotando las articulaciones de mis dedos. Aquella sensación firme y delicada me anima a abrir los ojos para conocer quién es el dueño de esa voz.
—Joder, Tessa. Estás ardiendo en fiebre.
Termino de abrir los ojos, acoplándome a la luz de la habitación. Lo primero que veo es una gran pared de vidrio delante de mí y al girar mi cabeza, observo a Alek con una ancha sonrisa. Lleva mi mano a su boca y deposita varios besos en el dorso, haciéndome sonreír debajo de la máscara de oxigeno.
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LEAPERS I ©
Mistério / Suspense[Libro I: Bilogía Penumbra.] Algo inesperado y sobrenatural está por suceder en el pueblo de Pamplona. Con la llegada de dos atractivos y misteriosos estudiantes de intercambio, el destino de Tessa y Olivia se verá envuelto en una serie de peligros...
