—¿Danthaniel? —repito—. Es un nombre bastante extraño.
—Extraño fue lo que mencionaste antes de subirte al auto.
Touché.
Danthaniel toma una flor amarilla de donde están las demás, se inclina un poco en mi dirección y pone la pequeña flor detrás de mí oreja, tomándome por sorpresa. Luego se incorpora de nuevo en su asiento y mirándome decide añadir:
—La margarita significa inocencia. Aunque es algo contradictorio para ti, killer.
—¿A qué te refieres?
—A que un asesino en serie nunca es inocente —responde, muy pausado.
—Solo hasta que se demuestre lo contrario —enfatizo sin titubear.
Dan suelta una risa cargada de ironía, apartando la vista. Aprieta el volante con las dos manos y mueve los pulgares sobre él, sin decir una sola palabra. Así que decido terminar el momento; abro la puerta y una vez abajo la cierro de un portazo. Me asomo por la ventana para agradecerle.
—Eres un buen samaritano —bromeo, inclinada para verlo mejor—. Declaro que desde hoy quedas exonerado de la lista negra.
—¿Y existe alguien que no se haya exonerado de la lista? —pregunta fijando su vista en mí. Su rostro está inexpresivo.
—Es probable...
Él sonríe, un poco amargo.
—Sería más que gratificante que toda esta conversación fuera real, pero... —hace una pausa, pensativo. Da un respiro hondo y finaliza diciendo—: pero eres de aquellas personas que demuestra su inocencia desde el primer momento.
—¿Y eso es malo? —formulo con curiosidad.
—No, pero hay personas que tienden a aprovecharse de aquella cualidad y debes aprender a cuidarte de ellas —enciende su auto y hace sonar el motor—. Las personas como tú deberían ejercer el apotegma 4:27.
—¿Apotegma? ¿A qué se refiere eso?
Sin embargo, él no me responde. Por el contrario, hace rugir el motor y yo doy unos pasos atrás por la impresión. Danthaniel arranca sin una despedida, como alguien que parte intentando huir de algo y mi posición no cambia hasta que ya no lo diviso.
Nota mental:
Buscar qué es apotegma 4:27.
Una vez dentro de casa, mi madre me hace pasar al comedor para almorzar. El olor de la carne llena mis fosas nasales y el estómago me ruge automáticamente. Devoraré ese pedazo de carne como toda una carnívora, porque es algo que mi hambriento estómago exige que haga.
El almuerzo con mi madre transcurre normal y como la mayoría del tiempo: sin papá. Aunque la verdad no me quejo, mi madre es la luz de esta casa y me sentiría mal si fuera ella la que llegase a faltar. Así que una vez término, subo a mi habitación para darme una ducha, ya que siento impregnado el olor de la clínica en la ropa que traigo puesta.
Me tiro en la cama un rato mientras pienso qué ponerme y la imagen de mis pijamas se interpone en la mente, tentándome a que no vaya a la Universidad y me quede toda la tarde en modo oso perezoso. Y la verdad es que si me gusta la idea, además, no estoy aun de la mejor energía para ir.
Mis pensamientos comienzan a divagar, ya que siento que me puse alguna nota mental que debo hacer pero que ahora he olvidado. Así que hago todo un mapa mental en mi cabeza para llegar al punto que me haga recordar.
—Danthaniel —susurro en voz baja cuando recuerdo.
Me pongo de pie y camino hasta el escritorio, sentándome en la silla giratoria. Enciendo el portátil y una vez abro el navegador escribo "apotegma 4:27" en el buscador, con la curiosidad picando en cada rincón de mi cuerpo. Pero no sale ningún resultado sobre lo que digité y me hace sentir frustrada. Apoyo la espalda sobre la silla, con los brazos cruzados por encima de mi cabeza, intentando buscar la forma de resolver qué significa aquello.
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LEAPERS I ©
Mystère / Thriller[Libro I: Bilogía Penumbra.] Algo inesperado y sobrenatural está por suceder en el pueblo de Pamplona. Con la llegada de dos atractivos y misteriosos estudiantes de intercambio, el destino de Tessa y Olivia se verá envuelto en una serie de peligros...
