Piensa en mi

68 6 3
                                        

La sola visión de Matt, allí de pie con la ciudad de fondo, fue como un impacto físico para Sarah. En un segundo, las fotografías que habían circulado por todo internet regresaron a su mente: su sonrisa, la complicidad con la otra chica, esa punzada eléctrica en el pecho que amenazaba con asfixiarla.

—Dijiste que si venía me dejarías en paz, así que aquí estoy —soltó ella, intentando que su voz sonara como el acero, aunque el temblor en sus manos delataba que estaba a punto de quebrarse.

Matt dio un paso hacia ella y le tomó el brazo con una urgencia desesperada. Sarah se zafó de inmediato, como si su contacto quemara. —Necesitamos hablar, Sarah. Déjame explicarte cómo sucedió todo. —¿Para qué? ¿Para que me hagas sentir como una idiota otra vez? ¡Se acabó, Matt!

Las lágrimas, que había intentado contener con orgullo, empezaron a caer sin tregua. Matt no se rindió; volvió a acercarse y esta vez la envolvió en un abrazo firme. Sarah luchó un segundo, golpeando débilmente su pecho, hasta que la calidez de su cuerpo la venció. Se hundió en él, dejando que sus sollozos se amortiguaran contra su camisa.

—Me parte el alma verte así, Sarah —susurró él, hundiendo el rostro en su cabello—. Saber que es mi culpa me está matando. Este mes sin ti ha sido el peor de mi vida. —Tú lo arruinaste, Matt. Yo confiaba en ti, en nosotros... No seas cruel y déjame seguir adelante.

—No. Eres el amor de mi vida y no voy a dejarte ir sin pelear. Eres mi maldita droga, Sarah; eres mi aire. Te necesito. Solo... escúchame, por favor.

Sarah levantó la mirada, con las mejillas húmedas y los ojos encendidos. Matt tomó su barbilla con delicadeza, usando sus pulgares para limpiar el rastro de las lágrimas. —Te amo. Lo sabes, ¿verdad? —Ella asintió apenas, hipnotizada por la intensidad de su mirada—. Fue idea de mi mánager. Quería que me vieran con su hija, es modelo y está empezando. Dijo que nos daría prensa a la banda y que a ella la impulsaría.

—Se volvería famosa porque la verían contigo —concluyó Sarah con amargura. —Algo así. Pero las cosas se salieron de control. Nunca pensé que ella me besaría en ese momento; yo solo creí que nos tomarían un par de fotos en el mismo bar. Lo hice pensando en los chicos, en lo que la banda necesitaba para despegar.

—¿Crees que tu banda es tan patética que necesita esos trucos de revista? —le espetó ella. —Por eso estoy aquí, humillándome ante ti. La disquera ya retiró la demanda contra Cara y mañana hablaré con la prensa para decir la verdad. Me importas tú más que cualquier contrato. Eres mi droga favorita, Sarah, ya te lo dije. No puedo respirar si no estás.

—¿Entonces por qué me rompiste el corazón? 

—Por imbécil. Porque creí que mi banda era patética y que necesitábamos chismes para sobresalir. Pero me equivoqué.

Matt se separó un momento para tomar una pequeña caja azul de la mesa. Al abrirla, un dije en forma de corazón brilló bajo la luz de las velas.

 —Ya que yo lo rompí, déjame intentar armarlo de nuevo —suplicó él. —A veces detesto amarte tanto, Matt —confesó Sarah, sintiendo cómo su resolución se desmoronaba.

Él la tomó del rostro, obligándola a ver la sinceridad en sus ojos. —Yo te amo a ti. La banda no significa nada si no estás conmigo. Que se vaya todo a la mierda; puedo vivir siendo simplemente el presidente de tu club de fans.

Entonces, el espacio entre ambos desapareció. Sus labios chocaron y Sarah sintió esa descarga eléctrica familiar que le recorrió la columna. Se maldijo por ser tan débil, por permitir que el roce de sus labios la trajera de vuelta a un lugar donde el dolor y la felicidad se mezclaban peligrosamente. Profundizaron el beso y ella rodeó su cuello con los brazos, aferrándose a él como si fuera su único anclaje en un mundo que giraba demasiado rápido.

Esa noche, en aquella terraza privada, Sarah decidió olvidar las fotos, los rumores y la lógica. Decidió, al menos por unas horas, dejarse amar por el chico que era su mayor adicción y su más dulce tortura.

Next BandDonde viven las historias. Descúbrelo ahora