What the hell?

95 8 4
                                        

Sarah despertó con el eco de una voz que no terminaba de encajar en sus sueños. El día anterior había sido un maratón de ansiedad: la cirugía de emergencia de Emma, la aparición inesperada de Matt... su mente estaba agotada.

—Sarah, levántate. Mark está aquí, quiere hablar sobre Emma.

La urgencia en la voz de Cara la obligó a reaccionar. Sarah pasó por el baño, arrojándose agua helada al rostro para borrar el rastro del sueño interrumpido. Al salir a la estancia, se encontró con Mark Hoppus. El representante de la banda parecía haber envejecido diez años en una sola noche; las ojeras le marcaban surcos profundos en la cara.

—Hola, Sarah —dijo él, poniéndose en pie. Ella se refugió en su abrazo, buscando ese consuelo paternal que Mark siempre les brindaba. —¿Cómo están, chicas? —Sobreviviendo, supongo —respondió Nina, aferrada a una taza de café humeante.

—Me imagino —Mark suspiró—. Sé que lo último que quieren es lidiar con esto, pero la disquera no deja de presionarme. Quieren que den una declaración oficial. —¡¿Qué?! —estalló Cara—. ¿Creen que tenemos tiempo para la prensa? La vida de Emma pende de un hilo y esos malditos solo piensan en el control de daños. Son unos idiotas.

—Chicas, tranquilicen el tono —pidió Mark, aunque su mirada le daba la razón. —Esta vez Cara tiene razón —secundó Sarah, con una frialdad inusual—. ¿Por qué darnos importancia a lo que escriben? Siempre son mentiras. —Necesito que hablen —insistió Mark, tomándole la mano a Sarah—. Háganlo por los fans. Ellos están aterrados. Sé que quieres proteger a Emma, pero hay cosas de las que no puedes escudarla más.

Sarah sintió que las lágrimas volvían a traicionarla. Mark había organizado una conferencia a mediodía. Les advirtió que el hospital estaba sitiado por paparazzis y que, por ahora, lo mejor era mantenerse alejadas de la zona para evitar el acoso.

Horas después, las tres bajaron de la camioneta frente a las oficinas de Mark, enfrentándose a un muro de flashes y gritos. —Mark no bromeaba. Odio a estas cucarachas —masculló Cara, ocultándose tras sus Ray-Ban y la capucha de su sudadera. —Claro que los odias —bromeó Nina, intentando aligerar la tensión—. Te descubrieron besando a otra chica cuando salías con Ashley. Si no fuera por ellos, seguirías en esa relación tóxica. —Cállate, Nina —Cara rodó los ojos—. Hay más peces en el mar.

Al entrar a la sala de prensa, el sonido de los obturadores fue ensordecedor. Sarah se acercó al podio, sintiendo el peso de miles de ojos sobre ella. —Hola. Gracias por venir —comenzó, con la voz temblorosa pero firme—. A nombre de The Next Band, queremos aclarar que Emma Molko sufrió un colapso en Las Vegas. Ha sido trasladada a Los Ángeles para estar bajo el cuidado de especialistas. Pedimos respeto para ella y su familia en este momento delicado.

Sabemos que fue una sobredosis —interrumpió un reportero con voz gélida—. ¿Crees que Emma está destinada a unirse al "Club de los 27"? ¿Es otra leyenda muerta del rock?

Sarah se quedó sin aire. La crueldad de la pregunta la dejó paralizada. —También se rumorea que su depresión es por su amor de la adolescencia —soltó otra voz—. ¿Es cierto que discutió con Dave Franco antes de la gira? ¿Fue eso lo que detonó la recaída tras rehabilitación?

Sarah balbuceó, indignada por la frialdad de quienes trataban la vida de su mejor amiga como un guion de telenovela. Pero Cara no se quedó callada. Se puso de pie, con la sangre hirviendo.

—Miren, malditas cucarachas —escupió Cara, inclinándose hacia los micrófonos—. Esto se trata de la salud de Emma, no de su vida privada. Son una bola de idiotas. Aléjense del hospital o les juro que yo misma me encargaré de quemar cada revista de esta ciudad.

Les dedicó un gesto obsceno con el dedo corazón y salió de la sala hecha una furia. Sarah y Nina la siguieron de inmediato, dejando atrás un murmullo escandalizado. —Mark, no quiero sermones —advirtió Cara al verlo en el pasillo. Mark soltó un largo suspiro y, para sorpresa de todas, sonrió levemente. —Se lo merecían por estúpidos. Bien hecho, Cara.

2008: Helado y canciones imposibles

Matt esperaba a Sarah en su nevería favorita. Ya era una figura reconocible; acababa de firmar un autógrafo y todavía le costaba procesar que su banda, 6 Hours to Winter, estuviera despegando. Cuando Sarah llegó, la recibió con un beso que le detuvo el pulso.

—Te extrañé, bebé —susurró él. —Yo también, pero mamá no me dejaba salir. Tenemos ensayo en el garage más tarde. —¿Quieres que me ponga celoso? Te la pasas con ellas —bromeó Matt mientras miraban los sabores tras el cristal. —Nos vemos en la escuela —rio ella, eligiendo su favorito: zarzamora. —Eso no cuenta. Además, después de clase te vas con Ashton y los demás a "ensayar", aunque sé que solo fuman hierba. —Soy una estrella de rock, Sarah. La escuela es opcional —respondió él con arrogancia juvenil.

Caminaron hacia una mesa. Matt estaba radiante; sus videos en YouTube subían como la espuma. —Si esto no funcionaba, mis padres me habrían obligado a ser abogado —confesó él. —No te imagino de traje y corbata —Sarah lo rodeó con sus brazos—. Llegarías drogado al despacho todos los días. —Definitivamente.

Matt probó su helado y cambió el tono. —Ustedes tienen talento, Sarah. Me extraña que no le pidas ayuda a tu mamá para el disco. El ambiente se enfrió al instante. Sarah soltó un suspiro pesado. —No queremos hacerlo así, Matt. Queremos brillar por nuestra cuenta. —Lo dices como si yo fuera un idiota por aceptar ayuda de mis padres. —No es eso. Es que si mi madre truena los dedos, todo el mundo dirá que estamos ahí por contactos, no por talento.

Matt notó la tensión y decidió retroceder. —Está bien, no discutamos. ¿Tienes puesta la pulsera? Sarah levantó la muñeca, enseñando el corazón dorado. —Siempre. —Eres la mejor —Matt la besó, saboreando el helado de zarzamora—. Oye, mañana ensayaremos el nuevo demo en casa de Ash. ¿Vienes? —No puedo. Emma nos inscribió en un concurso de bandas y tenemos que escribir material original.

Matt soltó una risita condescendiente que encendió las alarmas de Sarah. —Es imposible que compongan algo decente para pasado mañana. —¿Por qué? ¿Crees que no somos lo suficientemente buenas? —La molestia de Sarah era evidente. Matt siempre tenía esa tendencia a menospreciar lo que no fuera su propio proyecto. —No dije eso. Solo que no hay tiempo. Deberían seguir con los covers. —Pues ya veremos. Me voy a escribir esa "canción imposible". ¡Tómate tu maldito helado!

Sarah entró al garage con paso firme, repartiendo papel y pluma a sus amigas. —A escribir, chicas. Ahora mismo. —¿Y a esta qué le picó? —preguntó Cara. —Me harté de tocar lo mismo. Somos un disco rayado —sentenció Sarah—. Vamos a crear algo nuestro.

Emma, sin embargo, parecía estar en otra galaxia. Estaba tirada en el sofá, pegada a su celular con una sonrisa boba. —¡Emma! Pon atención —Cara le arrebató el teléfono. —¡Devuélvemelo, idiota! —¿Qué tanto escribes que te tiene así? —Cara intentó desbloquearlo—. Rayos, tiene contraseña. —Yo me la sé —dijo Sarah, tomando el móvil y tecleando el código rápido.

Se lo pasaron entre ellas como una papa caliente mientras Emma intentaba recuperarlo. —¡Es Evan! —gritó Nina—. Hay muchísimos emojis de corazones. —¡Eso no significa nada! —protestó Emma, roja como un tomate. —No tiene nada de malo que te guste, no seas dramática —le dijo Sarah, devolviéndole el aparato—. No sabía que podías ser tan cursi.

Nina, que había estado observando la escena, dio un salto. —¡Eso es! Ese es el tema. "Ser cursi", o el miedo a serlo. Las cuatro se miraron y, por primera vez, las ideas empezaron a fluir sobre el papel. Esa canción, nacida de un berrinche y un secreto de adolescentes, estaba destinada a ser la mejor del concurso.

Next BandDonde viven las historias. Descúbrelo ahora