Hace 10 años..
«Tú eres mi lluvia de estrellas, tus ojos me hacen volar / Me llevas a otros planetas, donde me haces gritar...»
Sarah tarareaba en voz baja, tumbada en el suelo del garage con un cuaderno apoyado en el pecho. Las últimas semanas habían sido una montaña rusa; la banda se había convertido en su terapia grupal. Emma había volcado sus demonios en el papel y ahora Sarah intentaba capturar lo que sentía por Matt, esa mezcla de vértigo y devoción.
—¡Hey! ¿Qué haces, perdedora? —La voz de Cara rompió el trance. Entró junto a Emma, cargando bolsas de frituras. Cara le arrebató el cuaderno antes de que Sarah pudiera reaccionar. —Aww, qué patética. Una canción para su novio, el "rockstar" —se burló Cara. —Cállate, Cara —Sarah recuperó su libreta con un tirón—. No es mi culpa que la chica que te gusta sea más hetero que una regla. ¿A qué vinieron?
—Me ofendes, esta es mi segunda casa —dijo Emma, sentándose en el círculo—. Pero venimos con noticias: mamá me dio permiso de hacer la fiesta en mi casa. —¿En serio? —Sarah se sorprendió—. Pensé que Elizabeth diría que no. —Brian ayudó a convencerla —admitió Emma, rodando los ojos—. Lo importante es que tenemos lugar. —Ese hombre convencería a cualquiera —añadió Cara con malicia, arqueando las cejas—. Y todas sabemos cómo debió hacerlo. —¡Qué asco, Cara! No quiero imaginar eso de mi madre —gritó Emma entre risas—. Solo sé que habrá que limpiar todo al terminar.
Esa noche, la cochera de los Molko se transformó en un club clandestino. Luces de colores, barriles de cerveza y el eco de sus nuevas canciones flotando en el aire. Las chicas acababan de tocar y la adrenalina seguía alta; la gente empezaba a reconocer que The Next Band era algo real.
Sarah descansaba sobre el regazo de Matt en un sillón desgastado. Jack, el bajista de Matt, los miraba con envidia sana. —Oye, amigo, tienes que admitirlo: tu chica es mejor que tú. Su banda es increíble. Sarah contuvo el aliento, conociendo el ego de Matt, pero él solo la estrechó más fuerte. —No tengo problema con eso, Jack. Ella es mejor que yo en todos los sentidos. A Sarah se le derritió el corazón. Se giró para besarlo, ignorando los gritos de Cara pidiéndoles que "se buscaran un hotel".
En el otro extremo, junto a la piscina, Emma estaba sumergida en su propio universo con Evan. —Pensé que no vendrías. Te perdiste el show —le reprochó ella. —Lo importante es que estoy aquí, ¿no? —Evan la rodeó con sus brazos y la besó, borrando cualquier rastro de queja. Él bajó la vista hacia la muñeca de ella. —Tienes el reloj puesto. —Combinaba con mi ropa —bromeó Emma, aunque ambas sabían que era su amuleto. —Emma... estaba pensando que deberíamos salir de verdad. Solo hablamos en fiestas. ¿Qué tal el cine mañana?
Emma sintió que el corazón le daba un vuelco. Era la invitación que llevaba meses esperando. —Creo que puedo hacer una excepción —respondió, intentando mantener la compostura de chica dura.
Al día siguiente, Sarah encontró a Emma radiante. —¡Evan me invitó a salir! —confesó Emma. Sarah soltó un grito y empezó a saltar de alegría. —¡Por fin se atrevió! Te dejo para que te prepares para tu príncipe. —No seas exagerada, Sarah. Solo es el cine.
Emma pasó la tarde en un estado de ansiedad eléctrica. Se cambió de ropa tres veces: un vestido, luego jeans, luego una blusa bonita. Miraba el reloj cada cinco minutos. 4:00 PM... 5:00 PM... 7:00 PM... A las 9:00 PM, el silencio de su habitación era ensordecedor. Evan ni siquiera había abierto sus mensajes. Emma lloró hasta que los ojos le ardieron, sintiéndose como la idiota más grande de San Diego.
En la escuela, el lunes fue un calvario. —¿Emma? ¿Estás bien? —preguntó Sarah en la cafetería, notando que su amiga solo jugaba con la comida—. Pensé que estarías saltando de alegría tras la cita. —¿Qué cita? —preguntó Cara, metiéndose en la conversación—. ¿Por fin se acostaron? —¡Me plantó! —estalló Emma—. Y no quiero hablar del maldito asunto.
El silencio que siguió fue incómodo hasta que Nina intervino para salvar el momento. —Bueno... yo sí tuve una cita. Estoy saliendo con Max, el chico de los piercings. —¡Ese chico es un bombón! —exclamó Cara, tratando de desviar la atención—. Lo apruebo totalmente. —Empezamos a hablar por Facebook y ayer salimos por primera vez —contó Nina sonrojada.
Cuando sonó el timbre, Sarah se acercó a Emma, quien no dejaba de mirar el reloj de Evan con una mezcla de odio y esperanza. —Basta, Emma. Es un idiota. No dejes que te destruya así.
Presente
El hospital se sentía más frío que de costumbre. Ross sostenía la mano de Sarah mientras esperaban a los Molko, que estaban reunidos con el equipo médico. Cuando Elizabeth salió del consultorio, su rostro era la viva imagen de la derrota.
—¿Qué sucede? —preguntó Sarah, con la voz quebrada. —Chicas... —Elizabeth se desplomó en los brazos de Sarah—. El doctor dice que debemos prepararnos para lo peor. Puede suceder en cualquier momento.
El mundo se detuvo. Sarah se aferró a Elizabeth, tratando de procesar que su "hermana" se estaba apagando. Pero el caos no terminó ahí. Un guardia de seguridad se acercó con paso rápido. —Hay un joven en recepción, un tal Evan Smith. Exige ver a la señorita Molko.
Sarah se soltó del abrazo y caminó hacia la entrada con una furia que quemaba. Allí estaba él: Evan, con los ojos inyectados en sangre y el aspecto de alguien que no ha dormido en días. —No puedes estar aquí —le soltó Sarah. —Tengo que verla, Sarah. Tú lo sabes. —No, no lo mereces. Nunca lo hiciste. —¿Me vas a castigar por haber seguido con mi vida? —gritó él, desesperado—. ¡Yo la amo! Ella es el amor de mi vida. —Cuando te casaste con otra, demostraste lo contrario —le escupió Sarah.
Cara y Ross llegaron para respaldarla. La tensión era física, casi eléctrica. —Firma el maldito permiso, Sarah —exigió Evan, con la voz cargada de rabia. —Necesito pedirle perdón —suplicó él después. —¿Ahora? —intervino Cara, gritando—. ¿Sabes que su recaída empeoró cuando se enteró de tu boda? ¡Tú la empujaste al abismo!
—Chicas, basta —intervino Ross, tratando de calmar el escándalo que ya atraía las miradas de todo el hospital—. Evan, vete. —Vete, Evan —sentenció Sarah con desprecio—. Ya le hiciste suficiente daño.
Ross puso una mano en el hombro de Evan. —Te avisaré si sucede algo. Por ahora, vete. Evan asintió con la mandíbula apretada. Antes de salir, lanzó un puñetazo brutal contra la pared, un golpe que resonó en todo el pasillo como un eco de su propia culpa, y desapareció por la puerta principal.
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Next Band
CintaAunque lograron el éxito la vida personal de las 4 integrantes de Next Band pende de un hilo. Emma vocalista de la banda vive controlada por las drogas mientras sufre porque el hombre que le juro amor eterno tendrá un hijo con otra. Sarah guitarri...
