Emma y Sarah estaban tumbadas en la cama, con la luz apagada y el zumbido del bar todavía resonando en sus oídos. Emma sentía que la cabeza le iba a estallar; el eco de los rumores sobre Evan y la electricidad de su último beso luchaban por el control de sus pensamientos.
—¿Estás dormida? —susurró Sarah en la oscuridad. —No. Por más que lo intento, no puedo cerrar los ojos. —¿Sigues enojada con él? —No lo sé —Emma soltó un suspiro pesado, deseando que su corazón tuviera un interruptor de apagado—. Ojalá pudiera entender qué demonios quiero.
—¿Cuándo vas a admitir que estás enamorada? —preguntó Sarah con tono cantarín. —No creo que sea eso. —Te gusta Evan, te gusta Evaaan —le canturreó Sarah con burla cariñosa—. Vamos, Emma, no tiene nada de malo. Guardaré el secreto para que no pierdas tu imagen de chica ruda.
Sarah extendió su dedo meñique. Emma lo entrelazó con el suyo, sellando el pacto. —Irá directo al baúl de los secretos —prometió Sarah—. Incluso antes que lo de nuestros padres... si es que se les puede llamar así.
Emma se hundió en la almohada y ahogó un grito de frustración. —Estoy empezando a sentir cosas por él... y lo odio. No quiero sentir esto. —Lo sabía —sonrió Sarah—. Y es obvio que tú también le gustas. —¿Y entonces por qué sale con otras? Sarah guardó silencio un momento. —Tal vez son solo rumores, Emma. Matt no me ha dicho nada, y él sabe que cualquier cosa que te lastime a ti, me duele a mí también.
Emma se incorporó un poco, nerviosa. —Hoy me preguntó por su reloj y no supe qué decirle. Estaba tan molesta que no sé dónde lo aventé. Sarah se levantó de la cama, encendió la lámpara de noche y rebuscó en su bolso. Al regresar, le tendió el objeto metálico a su amiga. —Toma. Sabía que lo necesitarías. Emma sonrió, aliviada, y envolvió a su amiga en un abrazo que valía más que mil palabras.
Actualmente
Sarah se despertó sobresaltada. Sin planearlo, se había quedado dormida sobre el hombro de Ross. Por un segundo, el sueño de que la gira continuaba y Emma estaba sana se sintió real, pero las paredes blancas del hospital la devolvieron a la cruda realidad. Observó a Ross; dormía con una paz que ella envidiaba. Sus pestañas largas y la suavidad de sus labios la tentaron a darle un beso fugaz en la mejilla.
Ross abrió un ojo, dedicándole una sonrisa soñolienta. —¿Qué haces, traviesa? —Observo lo atractivo que es mi prometido. Él la atrajo hacia sí para sellar el cumplido con un beso. —Los señores Molko todavía no regresan —comentó Ross consultando su reloj—. Deben estar deshechos.
Sarah asintió, conmovida por la naturaleza protectora de Ross. Él era un alma pura, el tipo de hombre que siempre buscaba ayudar a los demás, incluso cuando nadie lo miraba. Al darse cuenta de que no habían comido en todo el día, Sarah se estiró y se puso en pie. —Iré a la cafetería por algo de comer. No tardo. —Te acompaño —se ofreció Ross de inmediato. —No, tú descansa y espera a los padres de Emma. Vuelvo enseguida.
Quince minutos después, Sarah regresaba con una bolsa de papel llena de sándwiches y agua. Pero al entrar en la sala de espera, el mundo se detuvo. Ross tenía a Matt acorralado contra la pared. Sus rostros eran máscaras de puro odio.
—¡Basta, Ross! —gritó Sarah, dejando caer la bolsa y corriendo hacia ellos. Se interpuso en medio, empujando a Ross con todas sus fuerzas para separarlos. —¿Qué demonios les pasa? ¡Es un hospital! ¡Emma se está muriendo y ustedes se comportan como animales!
Matt se arregló el cuello de la camisa con esa sonrisa burlona que Sarah tanto despreciaba. —No me mires así, cariño —dijo Matt con veneno—. Tu novio cree que eres de su propiedad solo porque te puso un anillo. Cree que eso significa algo.
Ross intentó abalanzarse de nuevo, pero Sarah lo frenó poniéndole las manos en el pecho. —Lárgate de aquí, Matt. Sobras —escupió Ross con una voz que Sarah no le conocía. —Vine a verla a ella —insistió Matt, intentando rozar la mano de Sarah—. Quiero saber cómo estás.
—¡Aléjate de ella, imbécil! El control de Ross se rompió. Lanzó un puñetazo que impactó de lleno en la mandíbula de Matt justo cuando los guardias de seguridad irrumpían en la sala. Matt, con el labio sangrando, soltó una carcajada perturbadora mientras lo sujetaban.
—Siempre tendrás ese complejo, Ross. Nunca serás para ella lo que yo soy. Ayer, cuando Emma entró a quirófano, ella y yo estuvimos juntos. Me abrazó. Se nota que me sigue amando. Es cuestión de tiempo.
—¡Basta, Matt! —gritó Sarah, horrorizada por el escándalo. —¡Díselo, Sarah! ¡Dile que te morías por besarme! —gritaba Matt mientras los guardias lo arrastraban hacia la salida.
Cuando el silencio regresó a la sala, Ross se dejó caer en un asiento y se cubrió el rostro con las manos. Sarah se acercó, pero él se apartó. Tenía la mirada herida. —¿Es verdad? ¿Estuvo aquí ayer? —Vino cuando operaban a Emma... y sí, me abrazó —admitió Sarah, odiando la culpa que la invadía—. Pero Ross, no es lo que crees. Le pedí que se fuera, te lo juro. Te amo a ti.
—¿Por qué no me lo dijiste en cuanto llegué? —Con todo lo de Emma, lo olvidé. Solo quería que estuvieras aquí conmigo...
—¡Ross, eres mi héroe! —La voz de Cara rompió la tensión. Llegaba junto a Nina, mirando su celular—. Hiciste mi sueño realidad. —No me digas que están peleando por Matt otra vez —añadió Nina rodando los ojos—. Ese maldito manipulador solo quiere separarlos para acercarse a Sarah. No seas tonto, Ross.
—Cara, ¿de qué hablas? ¿Cómo saben lo que pasó? —preguntó Sarah confundida. —Se filtró el video de las cámaras de seguridad. Está por todo internet, incluso hay memes buenísimos. —¿Qué? —El celular de Sarah empezó a arder. Era Mark Hoppus.
Sarah se alejó al pasillo para recibir el regaño de su representante, mientras Cara intentaba animar a Ross enseñándole los memes de apoyo que ya circulaban. —Mira este, Ross. El internet está de tu lado —le dijo Cara—. Pero ya, deja de estar enojado o cambiaré de bando y Dave me caerá mejor. —¿Dave sabe lo de Emma? —preguntó Ross, tratando de recuperar la calma. —Ni idea, no he querido avisarle —contestó Cara—. Pero cuando se entere, será otro desastre.
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Next Band
RomanceAunque lograron el éxito la vida personal de las 4 integrantes de Next Band pende de un hilo. Emma vocalista de la banda vive controlada por las drogas mientras sufre porque el hombre que le juro amor eterno tendrá un hijo con otra. Sarah guitarri...
