El eco de los aplausos todavía vibraba en las paredes del auditorio cuando las chicas bajaron del escenario. La adrenalina les recorría las venas como una descarga eléctrica, mezclándose con el olor a laca y sudor del backstage. Se abrieron paso entre cables y amplificadores hasta llegar a su grupo de amigos. Matt las esperaba con una cubeta rebosante de hielos y cervezas, su rostro iluminado por una mezcla de orgullo y suficiencia.
—Chicas, hay que festejar. Lo hicieron increíble —anunció Matt, rodeando la cintura de Sarah con un brazo posesivo. —Tienen que ganar. Si no, esto es un robo —añadió Jake, haciendo una reverencia teatral que arrancó las primeras risas de la noche.
Evan apareció poco después. Su mirada fue directa a Emma, pero cuando intentó tomar su mano para atraerla hacia él, ella se zafó con un movimiento seco. El rechazo fue tan evidente que Jake no pudo contener una burla, ganándose una mirada asesina de Evan. Lucy, siempre presente como una sombra inoportuna, intentó romper el hielo.
—Chicas, tocan genial —dijo, con esa sonrisa que a Emma siempre le parecía ensayada.
Nadie respondió. El silencio se prolongó un segundo de más hasta que Sarah, siempre tratando de mantener la paz, forzó una respuesta amable. —Gracias, Lucy.
La mujer no se dio por vencida y se acercó a Emma. —Tienes una voz increíble. Deberíamos salir más, ¿no creen?
Cara soltó una carcajada tan brusca que terminó escupiendo un sorbo de cerveza, mientras Sarah le propinaba un codazo discreto pero firme en las costillas. La tensión era tan densa que se podía cortar con un cuchillo. Evan seguía intentando arrastrar a Emma fuera del grupo para hablar a solas, pero ella se mantenía firme, con la mandíbula apretada.
—¿Por qué te portas así? —le espetó Evan, harto del desplante. —Porque quiero —respondió Emma, clavándole una mirada gélida. —Como quieras, Emma —bufó él antes de alejarse, dejando un rastro de incomodidad en la mesa.
—¿Qué le hiciste ahora? —susurró Cara. —¡Nada! Que se vaya al diablo —Emma abrió otra cerveza y la vació de un trago, tratando de ahogar el nudo de celos que le provocaba ver a Lucy merodeando cerca de Evan.
La madrugada llegó cargada de alcohol y confesiones a medias. Sarah, que rara vez bebía de más, empezó a tambalearse ligeramente. Matt la sostuvo por los hombros, mirándola con esa ternura protectora que solo reservaba para ella. —Cariño, ya estás bastante tomada. Vámonos. —¿Dónde está Emma? Ella me va a llevar a casa... —murmuró Sarah con un puchero. —Emma se fue hace rato, bebé —le aclaró Cara, mientras Matt le quitaba un vaso de la mano.
—Me dejó... no puedo creer que Emma me dejara —dijo Sarah, con esa tristeza exagerada que da la borrachera—. Necesito ese trago, amor. —Bebé, yo te llevo. Tú no me dejas nunca —hizo un puchero. Matt sonreía; le daba una ternura infinita verla en ese estado. —Ni Emma te dejó, nena. Tuvo que irse, de hecho me mandó un mensaje avisando.
Mientras los demás observaban la escena con una mezcla de envidia y ternura, Lucy volvió a la carga, ignorando que el grupo estaba a punto de dispersarse. —Chicos, le haré una fiesta sorpresa a Evan el próximo sábado. Tienen que ir. —No podremos... —cortó Cara de inmediato, con la voz afilada—. El próximo sábado estaremos en la final del concurso. —Vaya... ¿tan seguras están de que llegarán? —soltó Lucy con un deje de veneno—. Tal vez no pasen y sí puedan ir a la fiesta.
Cara se encendió, pero Michelle la tomó del brazo para evitar que saltara sobre la mujer. Tras un intercambio tenso, Lucy se marchó, dejando tras de sí una estela de resentimiento.
El lunes, la confirmación llegó como una explosión de alegría: ¡Estaban en la fase 3! La final era una realidad. Pero para Sarah, la felicidad duró poco. Esa tarde, mientras compartía un audífono con Matt en su habitación, la realidad de la vida adulta llamó a su puerta.
—Jamie, mi representante, dice que me voy el viernes —soltó Matt, rompiendo el silencio de la canción—. Empezamos los preparativos para la gira. Sarah sintió un vacío en el estómago. Se aferró a su cuello, ocultando el rostro en su hombro. —Quería que estuvieras en la final conmigo... —Lo sé, nena. Jamie siempre dice que tú vas a ser mi perdición, porque eres la única razón por la que no quiero subirme a ese autobús. Pero volveré. Y tú me visitarás, ¿verdad? —Seré la groupie loca que sigue a su artista favorito —prometió ella con una sonrisa triste, mientras Matt la besaba para sellar el pacto.
Mientras tanto, en el garage de Emma, la maldad de Cara estaba en su punto máximo. —Tengo que contarles el mejor chisme —anunció Cara a Nina y Emma—. ¿Saben la fiesta "sorpresa" que Lucy planeaba para Evan? —¿Qué pasó? —preguntó Emma, fingiendo desinterés a pesar de que el corazón le latía rápido. —Le escribí a Evan para felicitarlo por pasar de fase y, como quien no quiere la cosa, le solté lo de la fiesta. "Chin, se me olvidó que era sorpresa", le puse. Las tres estallaron en carcajadas. El sabotaje a Lucy era el pequeño triunfo que necesitaban antes de la final.
La fiesta de cumpleaños de Evan, ahora oficial, resultó ser un caos de adolescentes y música punk. Emma llegó a regañadientes, usando una falda de cuero que, según sus amigas, "no era para ir al cine". Durante toda la noche, esquivó a Evan con una maestría profesional, mientras él ignoraba los intentos de Lucy por llamar su atención.
Finalmente, Evan la interceptó a la salida del baño. Se veía cansado, un poco ebrio y con la mirada de un perro apaleado. —¿Vas a dejar de evitarme? —preguntó, acorralándola contra la pared—. ¿Qué tengo que hacer para que estemos bien? —Estoy harta, Evan. Harta de esto... de nosotros, de lo que sea que tenemos —confesó Emma con los ojos empañados.
Evan dio un largo suspiro. No dijo nada, pero la tomó del brazo y caminó directo hacia el micrófono del escenario improvisado. —¡Atención todos! La fiesta se acabó. ¡Váyanse a sus casas! —gritó, provocando quejas en la multitud—. ¡Váyanse todos menos Emma! ¡Le voy a pedir que sea mi novia, así que fuera!
Sarah saltó de emoción en los brazos de Matt mientras veía a Lucy salir del lugar con el rostro descompuesto de rabia. Cuando el lugar quedó en silencio, Evan bajó del escenario y se acercó a una Emma que no sabía si reír o llorar. —Ahora entiendes que solo me importas tú, ¿no? No quería una fiesta, te quería a ti. —No tenías que echar a perder tu cumpleaños... —murmuró ella con una sonrisa tímida. —¿Quieres ser mi novia, Emma Molko?
Ella no necesitó pensarlo. El "sí" murió en un beso dulce que, por un instante, les hizo creer que el mundo era perfecto y que nada, ni la música, ni las drogas, ni la fama, podría separarlos jamás.
ESTÁS LEYENDO
Next Band
RomantikAunque lograron el éxito la vida personal de las 4 integrantes de Next Band pende de un hilo. Emma vocalista de la banda vive controlada por las drogas mientras sufre porque el hombre que le juro amor eterno tendrá un hijo con otra. Sarah guitarri...
