El motor del auto de Matt roncaba suavemente en la penumbra de la calle. El silencio entre ellos era denso, cargado de esa urgencia adolescente de querer detener el tiempo. Sarah se aferraba a él como si, al soltarlo, pudiera desvanecerse. Al día siguiente, Matt volaría a Nueva York para los preparativos de su gira, y la distancia se sentía como un muro insalvable.
—No quiero que te vayas —susurró ella contra su cuello. —Sarah, me vas a hacer sentir fatal, bebé. —Perdón. Es solo que... pensar en todo el tiempo que estaremos separados...
Matt soltó un suspiro cargado de melancolía. No quería una despedida en la acera. —Quédate conmigo esta noche.
—¿Y tu mamá? Si nos descubre, nos mata. —Siempre puedes entrar por la ventana —respondió con una sonrisa cómplice.
Minutos después, Matt trepaba por el árbol que rozaba el tejado, moviéndose con la agilidad de quien ya lo ha hecho antes. Sarah le abrió la ventana y, en cuanto sus pies tocaron la alfombra, ella lo tomó del cuello para hundirse en un beso que los llevó directo a la cama. Se dejaron caer con un golpe seco que le arrancó a Sarah un pequeño grito de sorpresa.
—¡Sarah, shh! Tu mamá nos va a oír —advirtió Matt, genuinamente preocupado. Sarah estalló en una carcajada contenida. —Mamá se fue a San Francisco por lo de la revista. No vuelve hasta mañana. Matt se quedó congelado, procesando la información. —A ver si entiendo... ¿me hiciste trepar por un árbol y entrar por la ventana cuando pude haber pasado por la puerta principal? Sarah soltó una carcajada vibrante. —Esta me la pagas, Sarah Davis.
Él comenzó a hacerle cosquillas, una guerra de risas y manoteos que, poco a poco, fue bajando de intensidad hasta convertirse en besos lentos, de esos que intentan memorizar la piel del otro antes de la partida.
El día de la gran final, el aire en el recinto vibraba con una frecuencia distinta. Cuando Next Band subió al escenario, el ruido fue ensordecedor; la multitud coreaba su nombre incluso antes del primer acorde. Los nervios que les atenazaban el estómago se transformaron en combustible puro. Se entregaron por completo, con Emma rugiendo al micrófono y Sarah dejando el alma en cada nota.
Al bajar, la adrenalina todavía le quemaba la sangre a Emma. Corrió al baño, buscando un segundo de aislamiento. Sacó de su bolso un frasco pequeño, extrajo un par de pastillas blancas y las tragó sin agua. Necesitaba mantener esa euforia, no quería que el bajón la alcanzara todavía. Se mojó la cara y retocaba su labial cuando Lucy entró, rompiendo su burbuja.
—Lo hicieron genial, chica —dijo Lucy, apoyándose en la pared con una actitud falsamente relajada. —Gracias. —¿Estás nerviosa? En nada anuncian al ganador. —Damos lo mejor y eso es lo que cuenta —respondió Emma con desgana, guardando sus cosas—. Me voy, Evan me espera.
—Emma, aguarda un momento —la detuvo Lucy—. ¿Entonces le dijiste que sí? ¿Ya son novios oficiales? —¿Por qué tanto interés? —Bueno, Evan es mi amigo. Él siempre dice que no le gustan las ataduras... y tú me agradas, no quiero que te lastime. —¿Y por qué haría algo así? —Emma la observó con desconfianza. —Bueno, tú sabes lo que les hizo a las otras...
Emma no quiso escuchar más. Salió del baño con la cabeza dándole vueltas, pero en cuanto vio a Evan, él la rodeó con sus brazos y le susurró un "felicidades" al oído. Lucy apareció tras ella, interrumpiendo cualquier pregunta. —Qué linda pareja hacen. Les deseo lo mejor —soltó Lucy con una sonrisa afilada—. Creo que Teto me llama, nos vemos. Suerte, Emma.
—Esa mujer es rarísima —murmuró Emma. —Lo sé, ignórala. A veces dice tonterías —respondió Evan, tomándola de la mejilla para besarla con una profundidad que borró cualquier duda de su mente—. No te preocupes por nada que no sea ganar, ¿sí?
Se sentaron a esperar los resultados mientras escuchaban a The Vags, la banda rival. Lucy, visiblemente ebria, brincaba al ritmo de la música hasta que su blusa se resbaló, dejando ver su sostén. —¡Esa banda es lo mejor! ¡Van a ganar! —gritaba Lucy. Cara le lanzó una mirada de puro asco, pero Michelle fue más rápida. —Si tanto los apoyas, deberías estar en la mesa de allá, con las esposas de los integrantes —señaló a un grupo de mujeres bastante mayores—. Combinas más con ellas.
Cara casi escupe su trago de la risa. Nina se inclinó hacia Lucy con una sonrisa gélida: —Se te está bajando la blusa. Tu sostén no cubre mucho y se ve un poco... triste para alguien de tu edad. Lucy quiso asesinarla con la mirada, pero solo pudo forzar una mueca y subirse la ropa.
De pronto, Mark Hoppus subió al escenario. El silencio cayó sobre el lugar. Dio un discurso sobre el talento y la pasión, mientras las chicas se tomaban de las manos, apretando los dedos con fuerza. —Todo va a estar bien, Emma. Pase lo que pase —susurró Sarah.
—Y la banda ganadora es... ¡Bird Box! —gritó Mark.
El aplauso estalló, pero para las chicas fue como un balde de agua helada. Se quedaron inmóviles mientras los ganadores se abrazaban. Evan estrechó a Emma, tratando de consolarla. —Lo siento, bebé. —No se desanimen —intervino Peter—. Miren hasta donde llegaron. El rock suele estar controlado por hombres, siéntanse orgullosas de haber llegado a la final.
Michelle sacó una caja de debajo de la mesa y se la tendió a Sarah. —Matt me pidió que te entregara esto. Sarah abrió la caja. Estaba llena de rosas blancas inmaculadas. Las lágrimas asomaron a sus ojos; él había tenido fe en ellas hasta el último segundo. El ambiente era de una tristeza contenida hasta que Lucy volvió a abrir la boca. —Bueno, al menos lo intentaron. Pero no ganaron —soltó con malicia.
—¡Lucy, podrías callarte de una maldita vez! —estalló Evan—. No es el momento. El grupo se sumió en un silencio incómodo ante la furia de Evan. Lucy, humillada, se encogió en su sitio. En ese instante, una figura conocida se acercó a la mesa. Era Mark Hoppus. Sarah, olvidando el protocolo, se lanzó a sus brazos casi derribándolo.
—¡Eres mi ídolo! No puedo creer que estés aquí —gritó Sarah. —Sarah, suéltalo, lo vas a asustar —rio Cara, tratando de despegarla—. Perdónela, señor Hoppus. —No se preocupen —rio Mark—. Puedo notar que tienen mucha influencia de Blink-182. Se nota que son fans. —Lo amamos —admitió Sarah, roja como un tomate. —Aunque Sarah prefiere a Tom Delonge —bromeó Emma, recuperando un poco el ánimo.
Mark las observó con una chispa de diversión en los ojos. —Bueno, si no soy su favorito, supongo que no tiene caso ofrecerles firmar con mi disquera.
Las cuatro se quedaron en shock, con la respiración contenida. —¿Firmar? —balbuceó Cara—. ¿Con usted? —Pero... no ganamos —añadió Nina. —Sé que no ganaron el trofeo —dijo Mark, volviéndose serio y profesional—, pero tienen algo que no se puede enseñar: energía y una conexión real con el público. Solo necesitan pulirse un poco. Llámenme Mark, chicas. Les prometo que juntas haremos que Next Band sea la mejor banda de rock del mundo.
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Next Band
RomanceAunque lograron el éxito la vida personal de las 4 integrantes de Next Band pende de un hilo. Emma vocalista de la banda vive controlada por las drogas mientras sufre porque el hombre que le juro amor eterno tendrá un hijo con otra. Sarah guitarri...
