Sarah se apresuró a estrechar a la señora Molko en un abrazo asfixiante. —Lo siento tanto... Debí hacer algo, debí ver las señales, pero... —Sarah, calma. No es tu culpa, todos conocemos a Emma —la interrumpió Elizabeth, devolviéndole el abrazo con fuerza antes de separarse un poco—. Pero díganme, ¿qué fue lo que pasó exactamente?
—Se desvaneció en mitad del escenario —explicó Cara. Una extraña sensación de impotencia le revolvía el estómago—. Fue... de golpe. —Todo pasó demasiado rápido —añadió Nina, con la voz apenas en un susurro. —Pero ella estaba bien —insistió Elizabeth, buscando una lógica que no existía—. Llevaba limpia semanas. —Creo que nos estaba engañando a todos —soltó Cara con amargura—. Ni siquiera sé cómo consiguió la mercancía.
El rostro de Elizabeth se desmoronó. La decepción grabada en sus facciones era más dolorosa que el propio susto. —Tenía que ser hija de su padre —murmuró, refiriéndose al progenitor biológico de Emma—. Él siempre luchó contra esos demonios... y ahora ella. —Un sollozo escapó de su garganta—. Es tan destructiva como él.
—Es mi culpa —insistió Sarah—. Si me hubiera dado cuenta de que la rehabilitación no funcionó... La señora Molko tomó el rostro de Sarah entre sus manos, obligándola a mirarla. —Cariño, hicimos lo que pudimos. Al final, Emma tiene que querer salvarse a sí misma.
Mientras tanto, Nina observaba la escena con una mezcla de náuseas y asombro. Odiaba los hospitales; el olor a antiséptico y alcohol le revolvía las tripas. —¿Qué más puede hacer la pobre mujer? —susurró Cara a su lado—. Emma tiene la cabeza llena de cables sueltos, igual que su padre. —¿Crees que haya querido... suicidarse? Como él —lanzó Nina. El padre biológico de Emma no había encontrado otra salida más que la muerte, y la posibilidad de que su amiga estuviera siguiendo el mismo guion le heló la sangre.
Hace 10 años...
—Vamos, Nina, no te quedes ahí. Pasa. Sarah abrió la puerta de los Molko con la familiaridad de quien entra en su propia casa. A Nina le pareció casi sacrílego. —¿Podemos entrar así nada más? —Claro. La mamá de Emma es genial. Ya la verás, es guapísima. No entiendo por qué Emma no heredó más de ella.
—¡Oye, te escuché! —protestó Emma, apareciendo desde la cocina. Sarah fue directo al refrigerador como si fuera un territorio conquistado. Cara, sentada en la isla de la cocina, intervino con una sonrisa pícara: —Sarah tiene razón. Pero espera a que veas al papá de Emma... te lo vas a querer comer vivo. —Brian no es mi padre —aclaró Emma, rodando los ojos hacia Nina—. Es mi padrastro. Y dejen de imaginárselo desnudo, es asqueroso. —No, no lo es —replicó Sarah, guiñándole un ojo a Nina.
En ese momento, Elizabeth Molko bajó las escaleras. Lucía espectacular en un vestido rojo que abrazaba su silueta, con su melena castaña cayendo en cascada. Nina se quedó boquiabierta, pero no estaba preparada para lo que venía detrás: un hombre joven, de rasgos delicados pero masculinos. Parecía un ángel caído de una revista de moda.
—Recuerden: nada de alcohol en la casa —advirtió Elizabeth. —Rayos, chicas, olvidamos el alcohol —bromeó Emma. —Amor, no les des ideas —dijo Brian con una voz suave.
Emma notó cómo sus amigas estaban prácticamente en trance observando a su padrastro y soltó un bufido de fastidio. —Tú debes ser Nina. Emma me ha hablado mucho de ti. —Sí... soy la nueva. Gracias por recibirnos —atinó a decir Nina. —Siéntete como en casa. En el refri —señaló a Sarah, que ya estaba saqueando los estantes— hay comida. No te metas en problemas, Emma.
Antes de salir hacia la gala de caridad, Brian dejó un billete de cien dólares sobre el mármol de la cocina. —Compren algo rico para cenar. Y si van a beber... no se pasen —les guiñó un ojo antes de seguir a su esposa.
—Tu papá es el mejor del mundo —suspiró Nina cuando se fueron—. Y Cara tiene razón: es demasiado sexy. —¿Pueden parar? De verdad es traumático. Vamos a mi cuarto.
Subieron a la habitación de Emma, un santuario forrado en posters de rock. —Parecen idiotas cuando lo miran así —dijo Emma, tirándose en la cama. —Es imposible no imaginarlo sin camisa —insistió Cara. —Yo lo he visto —presumió Sarah, mordiéndose el labio—. En las vacaciones en Miami se la pasó en traje de baño y... wow. Fue un espectáculo para los ojos. —¡Eso no es justo! —protestó Cara—. Además, técnicamente es como tu figura paterna, no deberías pensar así. Eso es solo para mí y para Nina. —Mis daddy issues no me van a privar del señor Molko —sentenció Sarah con falsa indignación.
Nina aprovechó el momento de confianza. —¿Daddy issues? ¿No tienes papá, Sarah? —Digamos que soy el producto de una noche de copas —respondió Sarah sin darle mucha importancia—. Mi madre nunca volvió a contactar al donador de esperma. Solo somos ella y yo.
El silencio se instaló un segundo, denso, hasta que Sarah señaló a Emma. —Pero no soy la única con drama. Emma también tiene lo suyo. —Vivo con mi mamá y su novio, que es diez años menor que ella —resumió Emma, dándole un almohadazo a Cara cuando esta intentó interrumpir—. Mis padres se divorciaron cuando era pequeña. Mi padre biológico tiene otra familia al otro lado del país. Brian es más padre de lo que él fue nunca.
—Yo... —intervino Nina, tomando un sorbo de su bebida— no vivo con mis padres. Nos dejaron a mi hermano y a mí con mi abuela y jamás volvieron. —Eso debe ser duro —dijo Sarah, acercándose para darle un abrazo corto. —Lo fue. Pero mi abuela es lo mejor que me ha pasado. Tienen que ir a casa para que les cocine algo.
—Al menos tenemos un final feliz —concluyó Emma con una sonrisa que contagió a todas—. Mi padre dejó de importarme, tengo a Brian y soy hija única.
Presente
—¿Necesita algo de la cafetería, señora Molko? —preguntó Cara. Quería sentirse útil, aunque fuera trayendo un café. —No te preocupes, linda. Brian ya viene con algo.
En ese momento, Brian apareció con un vaso térmico y se lo entregó a su esposa. Se veía agotado, pero su prioridad seguía siendo Elizabeth. —¿Han dicho algo los médicos? —preguntó él. —Nada todavía —la voz de Elizabeth se quebró—. Después de tantas batallas contra la droga... me duele pensar que esta vez pueda perder.
—Todo va a estar bien —susurró Brian, entrelazando sus dedos con los de ella y besando su mano. Cara sintió que se le escapaban las lágrimas ante el gesto. Brian se levantó y la envolvió en un abrazo de consuelo. Cara se aferró a él un segundo más de lo necesario, hasta que Sarah, notando la situación, la tomó del brazo con una risita nerviosa. —Cara, Nina y yo vamos a la cafetería. Déjenlos un momento.
Ya lejos de los señores Molko, Sarah reprendió a su amiga. —Cara, deja de aprovecharte del pobre Brian. —¡Estoy preocupada! —No lo parecía cuando estabas en sus brazos... —Es pura envidia porque no te abrazó a ti —se defendió Cara, aunque luego su tono se volvió serio—. ¿De verdad creen que esto sea por Evan? O sea, es demasiado.
Se sentaron en una de las mesas de la cafetería con cafés humeantes. —Todas hemos experimentado con sustancias —continuó Cara—, pero ella se enganchó demasiado fuerte. Sarah permanecía en silencio, removiendo su café. —Tú sabes algo, Sarah —insistió Cara—. No lo niegues. Habla. —Quiero creer que fue un accidente —admitió Sarah con la voz rota—. Pero conociéndola... tengo miedo de que ella misma lo haya provocado.
—Sarah, dime la verdad —intervino Nina—. ¿Es por Dave? Sarah asintió, bajando la mirada. —Lo buscó hace unos días y regresó muy descontrolada. No sé de qué hablaron. —Juraría que todo esto era por Evan —reflexionó Nina—. Emma siempre mezcla sentimientos y situaciones peligrosas. —Dave era el chico perfecto para ella —sentenció Cara—, pero el fantasma de Evan nunca la dejó ir.
Decidieron volver a la sala de espera. Al doblar el pasillo, el corazón de Sarah se detuvo. Elizabeth Molko lloraba desconsoladamente en brazos de Brian. —Niñas... —dijo Elizabeth, limpiándose el rostro con un pañuelo—. Mi niña... no tiene buen pronóstico.
El silencio que siguió fue sepulcral. —Los doctores sugieren que pasen a verla —continuó Elizabeth con la voz entrecortada—. De una en una. Hablen con ella y... si pueden, despídanse.
Cara, que siempre fingía ser la más dura, se derrumbó y se abrazó a Nina. Sarah no dijo nada. Se alejó unos pasos, sintiendo que el suelo desaparecía bajo sus pies. Nina la miró con preocupación. —Sé que a todas nos duele, pero tenemos que ser fuertes. La que de verdad me preocupa es Sarah.
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Next Band
RomanceAunque lograron el éxito la vida personal de las 4 integrantes de Next Band pende de un hilo. Emma vocalista de la banda vive controlada por las drogas mientras sufre porque el hombre que le juro amor eterno tendrá un hijo con otra. Sarah guitarri...
