Hace 9 años...
La terraza del exclusivo edificio en Los Ángeles vibraba con una energía nerviosa. El viento de la tarde agitaba los manteles morados mientras Sarah caminaba de un lado a otro, con una lista en la mano y la ansiedad trepándole por la garganta.
—Sarah, por el amor de Dios, respira. Todo va a salir bien —murmuró Nina, apoyada en el barandal de cristal mientras observaba el skyline de la ciudad.
—No está bien, Nina. Faltan las bebidas premium, los sillones lounge y los globos que pedí específicamente —respondió Sarah, con la voz afilada por el estrés.
Noah apareció en ese momento, cargando varias cajas de adornos con esfuerzo. —¿Dónde dejo esto, jefa? —Por allá, Noah. Gracias por venir, de verdad —Sarah suspiró mientras él dejaba las cajas y se acercaba a ella. Noah le puso las manos en los hombros, ejerciendo una presión suave para intentar relajarla.
—Tranquila, Sarah. ¿Por qué estás tan tensa? Es solo una fiesta. —Se supone que Matt me ayudaría con la logística desde anoche, pero está desaparecido. No contesta, no da señales... nada. —Tal vez se quedó dormido —sugirió Nina, pero Sarah le lanzó una mirada que habría congelado el mismísimo infierno.
En ese instante, Ross entró a la terraza escoltado por una chica rubia que mascaba chicle con desgana. En sus manos traía un manojo de globos desinflados y lánguidos. —Traje los globos, Sarah —anunció Ross con una suficiencia que irritó a todos. Sarah se quedó petrificada, mirando el plástico inerte en las manos de Ross. —¿Qué es esto? —preguntó, con la voz peligrosamente baja. —Globos —respondió él, como si hablara con una niña pequeña. —¡No están inflados, Ross! ¡Y son redondos! ¡Pedí globos de estrella plateados con helio!
—Archie dijo que querían globos, y aquí están. No sé qué drama estás haciendo —Ross rodó los ojos, provocando que Sarah soltara un pequeño grito de frustración contenido antes de salir de la terraza a zancadas. —Ross, de verdad, eres un imbécil —murmuró Noah—. ¿Puedes ir a cambiarlos? Hazlo por la paz mental de todos. Ross bufó, lanzando los globos al suelo. —Bien, iré. Pero después de esto, no pienso mover un dedo por esa loca.
—¡FELICIDADES! —el grito unísono de los invitados hizo que Emma saltara cuando le quitaron la venda de los ojos. El lugar estaba transformado: luces moradas bañaban el agua de la piscina, la música de una joven Ariana Grande envolvía el ambiente y los globos de estrella plateados —que Ross finalmente trajo— brillaban bajo la luna de California.
Pero la verdadera sorpresa llegó cuando Nina se hizo a un lado. Evan apareció entre la multitud, luciendo un enorme lazo rojo sobre su chaqueta. Emma soltó un grito que se escuchó en toda la calle y se lanzó a sus brazos. Hacía seis meses que no se veían debido a la gira, y sentir su aroma a tabaco y perfume cítrico la hizo sentir, por primera vez en semanas, que estaba en casa.
—Me dijiste que no podías viajar... —susurró Emma contra su cuello. —Sarah y las chicas me ayudaron con el plan. No podía perderme tu noche, estrella de rock. Evan se separó un poco y sacó una pequeña caja aterciopelada de su bolsillo. Emma contuvo el aliento mientras la abría: una cadena de plata con una "E" entrelazada a un corazón con una piedra rosa que brillaba con intensidad. —Es por nuestros nombres. Y el corazón... bueno, ya sabes que es tuyo —dijo Evan antes de ponerle el collar. Emma lo besó, sintiendo esa electricidad familiar que solo él lograba encender.
Mientras tanto, Sarah se encontraba sentada en un rincón de la barra, observando el brillo de la ciudad con ojos empañados. Noah se acercó y le deslizó un shot de tequila por el mármol. —Un trago te hará bien. Normalmente eres el alma de la fiesta, Sarah. ¿Qué pasa? —Es Matt. Su teléfono sigue apagado. Algo no está bien.
Noah suspiró, debatiéndose internamente antes de sacar su propio celular. —Sarah... no quería ser yo quien te lo dijera, pero el chico se fue de fiesta pesada anoche. Alguien subió fotos a internet —le mostró la pantalla. Ahí estaba Matt, con los ojos vidriosos y una botella en la mano, rodeado de desconocidos en un club de mala muerte.
—Dijo que me ayudaría... —susurró Sarah, apretando el vaso con fuerza—. Prefirió eso a estar conmigo.
En ese momento, Matt apareció entre la multitud, riendo con sus amigos. Se acercó a Sarah e intentó abrazarla como si nada hubiera pasado. —¡Hola, amor! Perdón por la tardanza, estábamos con cosas de la banda... —Mírame, Matt —lo cortó Sarah, tomándolo de la barbilla para obligarlo a enfocar—. Tus pupilas están dilatadas. ¿Estás drogado? ¿Has estado drogado todo este tiempo mientras yo me mataba armando esto?
Matt apartó la cara, visiblemente molesto. —Sarah, no exageres. Solo fue una noche... —¡Prometiste ayudarme! ¡Fue más importante drogarte que cumplir tu palabra! —gritó ella, zafándose de su agarre.
Sarah caminó hacia la piscina con lágrimas quemándole los ojos, tropezando con Ross en el camino, a quien ignoró olímpicamente. Matt, frustrado, le gritó desde la distancia: —¡Bien! Si te vas a poner así, no pienso rogarte. ¡Quédate con tu maldita fiesta perfecta!
El drama no terminó ahí. Evan observaba con una furia creciente cómo Noah se había adueñado de la atención de Emma, presentándola a productores y actores, haciéndola reír y tomándola de la mano. Finalmente, Evan la interceptó.
—¿Podemos hablar, Emma? —su voz era puro hielo. La llevó a una zona apartada del balcón. —Vine desde San Diego para estar contigo y te has pasado toda la noche con ese imbécil. —Evan, Noah solo me está presentando gente, es por la banda... —¡Me importa un bledo la banda! Me dejas claro que tus prioridades han cambiado. Felicidades, estrella de rock, disfruta de tu nueva vida.
Evan se dio la vuelta y salió del edificio sin mirar atrás. Emma intentó seguirlo, pero sus piernas se sentían pesadas por el alcohol y el impacto de sus palabras.
Sarah, todavía cerca de la piscina, sintió que su celular vibraba. Era un mensaje de Matt. Iba a contestar cuando, de repente, sintió un empujón brusco. El mundo se puso de cabeza y el agua fría de la piscina la envolvió. Salió a la superficie tosiendo, con el vestido arruinado y el celular completamente muerto en su mano.
—¡¿Qué demonios les pasa?! —gritó Sarah, viendo a Ross reírse junto a Cara en la orilla. —¡Fue una broma, Sarah! Relájate —dijo Ross, aunque su sonrisa se desvaneció al ver la cara de furia de la chica. —¡Eres un imbécil engreído! —le gritó Sarah, saliendo del agua empapada—. ¡Arruinaste mi celular y mi vestido! ¡Has hecho todo lo posible por echar a perder esta noche desde que llegaste con tus malditos globos!
—¡Oye, no es para tanto! —replicó Ross, pero Cara intervino, lanzándole su propio teléfono a Sarah a los pies. —Toma, si tanto te importa un aparato, quédate con el mío. Pero deja de culpar a Ross de tus frustraciones. No es nuestra culpa que tu novio sea un tarado que prefiere las drogas a su novia. ¡Vámonos, Ross, no vale la pena!
Sarah se quedó sola en medio de la fiesta, temblando de frío y rabia, mientras la música seguía sonando como una burla cruel contra el silencio de su corazón roto.
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Next Band
RomanceAunque lograron el éxito la vida personal de las 4 integrantes de Next Band pende de un hilo. Emma vocalista de la banda vive controlada por las drogas mientras sufre porque el hombre que le juro amor eterno tendrá un hijo con otra. Sarah guitarri...
