Capítulo 22: La Gyoza de la muerte

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Por la madrugada Fran comenzó a abrir los ojos, ligeramente extrañada por la habitación diferente a la suya, en ese momento notó que era la habitación de Tsuna. 

Se incorporó aún somnolienta y con dolor de cabeza, encontrándose con que Tsuna había instalado un futón al lado de la cama y se encontraba profundamente dormido.

-¿Yo...shi?

-¿Mhn?- Tsuna se removió en el futón hasta que abrió ligeramente los ojos y al notar a Fran despierta se levantó de golpe -¡Fran!

-Yoshi, ¿qué pasó?- preguntó Fran sobándose la frente -Solo recuerdo que estábamos hablando y...

-Shh...-susurró el castaño -Tranquila, Fran- dijo Tsuna poniéndose de rodillas al lado de la cama -No pienses más en eso, de verdad siento haberte hecho sentir mal, no volverá a suceder.

-Gracias, Yoshi- dijo Fran aun somnolienta y recostando su cabeza en la almohada.

-Descansa, Fran- dijo simplemente Tsuna con una sonrisa sin saber si la chica lo escuchó o no. Pero no importaba, lo que sí era que nunca la volvería a poner en riesgo.

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Los días habían pasado y una rutina muy fuerte se había consolidado en la vida de Fran en Namimori. Por las mañanas se iba a la escuela con Tsuna, Gokudera y Yamamoto, a quienes se volvía a encontrar a la hora del almuerzo en la azotea. 

Por las horas en las que no hacía clases se la pasaba recostada en el sofá del salón de recepción en un silencio casi absoluto junto a Kyoya, y aunque el nunca respondía a todo lo que Fran le hablaba, en el fondo ella sabía que le estaba prestando atención, o eso se imaginaba.

De vez en cuando, Mukuro se aparecía para causar problemas provocando constantemente a Kyoya a luchar, pero desapareciendo antes de que el pelinegro pudiera hacer nada y dejándolo completamente molesto por ello.

En algunas tardes Fran se pasaba por el gimnasio para acompañar a Ryohei con sus prácticas, y aunque no aprendía boxeo, aprovechaba para seguir practicando su arte marcial. Y en otras se las pasaba paseando por Namimori  junto a Tsuna, Gokudera, Yamamoto y también esa chica... Haru.

En la casa, el pequeño Lambo estaba encantado con Nana, era como si la hubiese adoptado como su verdadera madre, y pasaba también algunas tardes jugando con Haru.

Para darse un gusto que hacía mucho tiempo no tenía, Fran se ofreció para un fin de semana hacer el almuerzo para todo el mundo, invitando a comer también a Yamamoto, Gokudera y Haru.

Todos se encontraban sentados mientras Fran terminaba de preparar su comida favorita, lasaña vegetariana. El olor que venía de la cocina tenía a todos extasiados.

-¡Fran-chan! ¡Eso huele maravilloso!- exclamó Haru mientras sentía como el aroma de las múltiples verduras la embriagaba.

-Es cierto, Fran-chan- respondió Yamamoto con una sonrisa -De seguro está delicioso.

-La Donna hace todo bien- reflexionó Gokudera asintiendo con los ojos cerrados y los brazos cruzados sobre su pecho.

Tsuna sonrió sutilmente ante los comentarios de sus amigos, hacía años que no probaba algo preparado por Fran, y sinceramente solo recordaba haber probado dulces diversos, nunca una comida propiamente tal. Igual y hubiese deseado que fuese solo para él, pero mientras tanto se conformaría con este almuerzo.

-¡Lambo-san se comerá el pedazo más grande!- exclamó Lambo levantando el tenedor y el cuchillo mientras estaba sentado en las piernas de Nana.

-Claro que sí, Lambo-chan- respondió Nana con una sonrisa.

Pacta Sunt ServandaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora