Se lo repetiría, hasta hacérselo entender

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Shikamaru volvía a sentirse abrumado por sentir que se encontraba en medio de una extraña encrucijada. Tenía todos los síntomas de alguien que se enamora, según Chouji... pero no quería saber nada de matrimonios. No era coherente para su mente que existiera tal estado. Uno amaba y quería casarse, o no era amor lo que sentía y por eso no se quería un mayor compromiso. ¡Pero ambas no podían ser! Y además estaba el problema de que ella se casaría con alguien más... 

Finalmente ella lo había aceptado. Había pasado bastante tiempo, pero había aceptado ser un trofeo político. Lo había aceptado. No creyó que alguien como ella, con tantos atributos, aceptara verse a sí misma como un objeto. Le costaba creerlo... No podía entenderlo. si su motivación era su gente... quizás eso le daba un mayor sentido...

Llegaron a la calle de la casa de Shikamaru.

Temari estaba logrando aguantar sus ganas de llorar después de saber que él no la amaba. Lo estaba logrando al fin. Sentía que al fin iba a poder cerrar el proceso. De todas las veces, esta había sido la más clara y la más amigable de todas. Lo habían cerrado. Ella al fin podría cerrarlo correctamente. Lo haría. Era momento de hacerlo. 

Se detuvieron frente a la puerta de la casa. 

Ella no quería mirarlo. 

Todavía dolía, y en su mente se reprochaba por haberlo abrazado. Se sentía estúpida y detestaba sentirse así de estúpida. Se detestaba a sí misma por hacer cosas que después solo iban a causarle más dolor. 

Shikamaru la miró. Al notarlo ella también lo hizo.

Mejor no. No iba a evitarlo. Ella era fuerte y él no valía tanto como para que ella llorara por él. No iba a sentir dolor. No más.

—Irás tu a las reuniones ¿verdad? —preguntó él.

Se refería a las reuniones que a partir de ahora tendrían como delegados de cada aldea. Shikamaru era el encargado de representar a Konoha, y Gaara ya le había dicho a ella que representaría a Suna. 

Temari asintió.

Él volvió a mirar hacia la puerta y la abrió. 

La casa estaba llena y todos estaban en la sala principal, todos los vieron entrar por la puerta y todos los miraron detenidamente.

—¡Shikamaru!— exclamó su madre— ¡Vienen completamente mojados! Creí que al menos se habrían cubierto bajo techo.

—Creímos que esperaban a que pasara la lluvia —agregó Ino con malicia.

—Íbamos a hacer eso, pero luego nos dimos cuenta de que ésta no se detendría —Temari fingió naturalidad. No dejarían que pensaran nada más. 

Pero no se atrevió a mirar a Kankuro.

Shikamaru miró a Chouji que ya lo estaba mirando.

—¡Shikamaru! ¡No te quedes parado ahí como si nada! Pásale una toalla a Temarí para que se seque —alegó su madre— ¡y sécate tu también! van a pescar un resfriado.

Shikamaru miró a Temari y ella volvió a mirarlo a él también. 

Él vio que toda la ropa de ella estaba empapada, tanto o incluso más que la de él. Ya lo sabía. Sí lo sabía, pero no se había percatado de cuánta agua tenían hasta que la vio en ese momento. Subió la vista a su cara. Sus cuatro coletas estaban tan aguadas como la de él... y aun así se veía igual de hermosa.

Ninguno de los dos se movió.

—Quítense los zapatos y será mejor que pasen a secarse al baño. —Yoshino caminó hacia ellos.

¿Es que vas a rendirte?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora