¡Ay, esos dos!

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Al fin las cosas se habían puesto feas. 

La verdad, Shikamaru prefería que lo fueran, pero a vista de todos, así podían saber a qué consecuencias atenerse. Sentir que algo se movía por la oscuridad de forma amenazante sin saber cuán peligroso era, lo estresaba demasiado.

Hace tres días lo habían llamado para viajar a Suna de manera urgente. Iba a  llamarse a una reunión en el país de Hierro, y todos los kages se reunirían. Sabía que comenzarían los problemas, la invasión que se venía se olía en el aire.  Así que ahora él era enviado a Suna como embajador, con un importante mensaje que no podía ser interceptado.

Partió tan pronto como le dijeron, y tres días después ya llegaba a Suna.

Vio las puertas de la aldea. Era Iwake quien lo esperaba en la entrada. Habían pasado un tiempo desde que no veía a Temari. Saludó al hombre y se dirigieron a la torre del kazekage. Se veía que había bastante movimiento en el lugar, seguramente por todo el tema de que se venía la reunión. Como debían estar en unos días en el país del hierro, estarían adelantando tareas para que no se les acumulara el trabajo.

Llegaron al pasillo e Iwake tocó la puerta. Los hicieron pasar. Shikamaru entró a la oficina del Kazekage y se quedó inmóvil. Pasmado porque ahí estaba ella. Bueno, no era sorprendente encontrarla ahí, el problema es que no esperaba sentir todo lo que sintió cuando la vio allí...

Gaara dijo algo y entonces él se acercó a entregarle el mensaje.

Tuvo que pararse al lado de ella, pero no la quiso mirar. Dolía.

De todas formas, ella tampoco lo miró.

—bien— dijo Gaara—. ¿Puedes esperarme fuera? Hay otro asunto que debo hablar con mi hermana.

Shikamaru asintió y salió. 

Cuando iba saliendo vio que un hombre alto y bastante fornido entraba y se presentaba como de la nube. Había un grupo pequeño afuera, pero solo él entró a la oficina. Shikamaru esperó junto a las demás personas.

Se le apretó el estómago al pensar que él era el prometido de Temari. Miró a la demás gente que esperaba con él y se guardó las manos en los bolsillos, para relajarse un poco.

—¿shinobi de Konoha?— le habló uno.

Shikamaru asintió.

—¿Ustedes?— fingió desinterés.

—Del país del rayo. Luego de que ella viajara a la aldea de la nube, el señor Kazekage solicitó conocer al futuro prometido. Fueron buenas noticias. Fue organizado antes de se supiera lo de la guerra, pero aun así esperamos fijar el compromiso pronto. —El hombre se le inclinó y le hablo al oído—. Quieren ver si podrán casarse lo antes posible. Quizás antes de la guerra. Ya sabes... Por si alguno de los dos se muere.

Shikamaru abrió sus ojos sutilmente.

Su mente comenzó a trabajar a mil por hora. La última frase le había dado un indicio importantísimo: posiblemente todo era algo político. Suspiró imperceptiblemente. 

¿Pero Casarse antes de la guerra? No, eso era demasiado encima. Bueno, no le gustaba la idea, pero ese no sería el momento de pensar esas cosas. Debían enfocarse en la guerra que se les avecinaba.

Temari salió junto al otro hombre y pasó de largo.

Shikamaru se concentró y entró donde el Kazekage. Kankuro estaba a un costado cruzado de brazos.

—piden una reunión en el país del hierro. —dijo Shikamaru—... Y esperamos su voto a favor de la unión ninja.

—¿la unión?

¿Es que vas a rendirte?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora