Cada vez que la veía...

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—¡Ya estoy en casa!

Shikamaru cerró la puerta y se sacó los zapatos.

—Llegas temprano.

Su madre se asomó por la puerta de la cocina para saludarlo. 

—La reunión no terminó muy tarde... y tampoco nos retrasamos en las posadas de camino hacia acá —dejó los zapatos en su lugar, y entró. 

Guardó sus manos en los bolsillos y avanzó hasta la cocina. Parecía que faltaba para cenar, pero se veía una olla echar vapor.

—Ya casi estará listo. —Sonrió Yoshino mientras revolvía con una paleta. 

—No te preocupes —bostezó — no tengo apuro. 

Miró hacia un costado pensando en qué podía hacer. Estaba cansado, así que quizas se sentaría a practicar algo el en tablero de shogi... ¿o un poco de Go quizas? No era malo jugando contra sí mismo. Incluso resultaba bastante desafiante hacerlo. Ladeó su boca, y luego asintió. Jugaría Go.

—¿Le gustó tu regalo?

Shikamaru volteó a mirar a su madre inmediatamente.

—¿De qué estas hablando?

Ella tapó la olla, y volteó a mirarlo. Puso sus manos en la cadera.

—Saliste de aquí con una planta, y volviste aquí sin ella —suspiró — Te vi plantarla, regarla y ponerla al sol. Jamás creí que te vería haciendo algo así —levantó las cejas —¿No puedo saber si al menos le gustó?

Shikamaru se sintió algo avergonzado.

—Eso... —se llevó una mano a la cabeza —Eso fue porque estará de cumpleaños mañana. —intentó explicar — El año pasado no le di nada, porque no lo sabía, pero ella sí me lo dio. Ahora solo quise corresponderle de buena forma. —Su madre no iba a empezar a molestarlo de nuevo.

Yoshino se quedó mirándolo seriamente.

—¿Entonces ella te dio ese juego?

—Sí —levantó sus cejas intentando no perturbarse. Aunque se sentía mas tranquilo cuando guardaba sus manos en los bolsillos.

—¿Y qué le dijiste?

Shikamaru la miró cansado.

—Feliz cumpleaños, mamá. ¿Qué más le iba a decir?

— Te pareces demasiado a tu padre —suspiró. 

Shikamaru resopló algo molesto. 

—Le dije que la escogí pensando en que podría tenerla cuando se mudara al país del Rayo... —LE dejaría claro a su mamá que no pretendía perturbar a la otra rubia. No mientras no supiera que pasaba dentro de su cabeza—. Requiere bastante agua, y ella siempre quiso una de esas -se llevo una mano a la nuca—, como ya no vivirá en la arena...

—¡Debiste sacar algo de mí! —interrumpió enojada—¡¿Por qué no sacaste algo de mi?! 

—¿Algo de ti?

—¡Valor de mi para decirle a esa chica que no case!

—Mamá no voy a decirle que no se case. Yo tampoco quiero hacerlo. Sería egoísta.

—¡Pues deberías decirle todo eso! Que eres egoísta porque no quieres que se case, aunque tu tampoco quieres hacerlo, pero que te gusta. Luego verá ella si se casa o no. Pero que sepa que te gusta.

¿Es que vas a rendirte?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora