De eso estaba segura

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Temari entró a la oficina de Gaara y cerró la puerta.

Kankuro estaba de pie mirando los mismos papeles que su otro hermano detrás del escritorio.

—¿Qué sucede?

—Necesito que escoltes al embajador de Konoha.

Temari se tensó.

Habían pasado cuatro meses sin que la hubiesen enviado. Había logrado zafarse de un viaje a Konoha el mes pasado, todo gracias a que había organizado un entrenamiento con sus alumnos fuera de la aldea. Lo había previsto y había estado preparada. Kankuro tuvo que ir en su lugar, pero ahora no había previsto que fuese el vago quien llegara. No había planificado nada para poder evadirlo.

Cuatro meses sin ver a Shikamaru y aunque había dejado de extrañarlo después del segundo mes, ante la noticia actual, sentía que de solo imaginarlo caminar con sus manos en los bolsillos y que este le sonriera de forma engreída, ya se ponía nerviosa.

—¿Es necesario que sea yo?

No había excusa preparada para esa petición.

—Sí, Kankuro debe reunirse con el señor feudal. —Gaara la miró pensativo —¿No puedes?

Oh claro que sí podía, el problema es que no debía.

—sí.

—Bien. Llegará mañana por la mañana. Solo entregará un mensaje confidencial. Tendrá que esperar contigo el resto del tiempo.

<<¡Perfecto!>> Se lamentó.

Temari asintió y se retiró.



Al otro día había despertado temprano.

Bien. Se había preparado toda la noche para el encuentro que tendría con el Nara esa mañana. Si algo debía lograr ese día, era que sería inmune a sus encantos.

Ya había llegado a la puerta principal y apoyó una mano en la cadera mientras esperaba al vago. No iba a sentir nada. Ya no lo extrañaba, y ni siquiera lo recordaba bien... Tenia esos puntos a su favor.

De pronto vio la silueta de alguien a lo lejos. Debía ser él, no podía ser nadie mas que él.

Era él.

Temari tomó una bocanada de aire profunda y se calmó. Bien, lucía guapo, pero era cierto que no sentía nada. Tantos meses sin haberlo visto y sin mantener contacto habían dado su fruto. Eso la tranquilizaba. Era mejor así. Si todo seguía así de bien podían ser amigos sin extrañas complicaciones.

El vago se acercó hacia ella. Temari confirmaba que no sentía nada cada treinta segundos. Era bueno. Shikamaru se paró frente a ella y le sonrió de lado.

—Hola.

Él llevaba sus manos en los bolsillos.

—He traido tu libro. Olvidé pasártelo para el festival.

¡Ay! ¡ ya sentía de todo! Temari se lamentaba mentalmente. Si el vago hubiese podido leerle la mente se habría dado cuenta de lo desesperadamente nerviosa que se encontraba, aunque por fuera no diera muestras de nada extraño. ¡Pero si es que hasta la voz le había hecho temblar de recordarla! Era como si todo en su memoria se hubiese activado. Lo había extrañado, y ahora lo tenia ahí de frente. Sonriéndole como un engreído y con sus manos en los bolsillos. Estaba en problemas. Cuatro meses de arduo trabajo se arruinaron solo por ese encuentro. Qué estúpida se volvía la gente cuando le gustaba una persona.

¿Es que vas a rendirte?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora