Ciento trece

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Llegó a tiempo con guardaespaldas; dos chicos detrás de él. Me dio miedo y a la vez confianza, ya no sabía que pensar.

—Perdón pero insistieron en venir. —dijo al ver mi cara de confusión.

Lo saludé y besé su mejilla.

Kevin sonrió inspirandome confianza. En foto se veía lindo y en persona mucho más. Tenía unas hermosas pecas a lo largo de sus mejillas y en el puente de su nariz.

—Y bien, ¿a dónde vamos? —preguntó.

—A mi casa si no es mucha molestia. —respondí.

—Claro bonita.

—No me llames así. —mascullé. Alzó las cejas por mi respuesta.

—Lo siento es sólo que...

—Él te dice así. —terminó mi frase.

—Sí. Miré al suelo buscando la forma más adecuada de disculparme.

—Entiendo y no te preocupes encontraré mi apodo y quiero que sólo sea mío. —dijo.

Nos dirigimos al coche, sus amigos ya habían tomado su lugar en el vehículo dejándonos los asientos traseros libres.

Se instaló un silencio y tensión en el auto. Nadie decía nada. Yo no los conocía así que estaba apenada y nerviosa de no caerles bien.

— ¿Entonces cómo deseas que te diga? —preguntó después de unos largos minutos.

—No lo sé, como quieras, es igual o si gustas puedes llamarme por mi nombre. —contesté.

—No. Él te dice de una forma cariñosa por ende yo también. —masculló.

Puso su dedo índice y pulgar en su barbilla, supongo que pensando un buen mote.

—Sólo espero que muchas neuronas no mueran —comenté burlona al ver que no encontraba ninguno.

Los chicos profirieron una sonora carcajada.

Kevin los fulminó con la mirada por el retrovisor, ellos callaron de golpe.

— ¿Chapis? —espetó dudoso el conductor en un intento de ayuda.

—No. —contestó Kevin.

— ¿Muñeca? Tiene los cachetes cómo una. —comentó el co-piloto.

Kevin me miró en busca de aprobación. Fruncí mi nariz en forma de desagrado.

— ¿Por qué no mejor sólo miran el camino en silencio? —dijo mi compañero. Sus amigos hicieron caso de inmediato y postraron su vista al frente. Nos invadió un silencio después de la reacción de mi amigo nadie profirió palabra en los próximos minutos.

— ¿Princesa? —espetó Kevin rompiendo la calma. Clavó sus pupilas claras llenas de anhelo en las mías buscando una aprobación.

—Si eso deseas, está bien. —contesté.

—Si no quieres buscamos otro, no importa. —dijo ante mi respuesta.

—No es eso... —suspiré buscando las palabras adecuadas. No quería sonar ridícula. —Es sólo que nadie me había dicho así y en realidad no me considero una, supongo que es porque no luzco como tal. —concluí. Mordí mi labio inferior y me preparé mentalmente para las burlas que nunca llegaron.

Frunció el ceño y se perdió en sus pensamientos. Tomó mi mano y con su dedo pulgar dibujó pequeños círculos en la palma, después de unos minutos de silencio me miró a los ojos.

—En ese caso seré tu príncipe. —masculló y sonrió de lado provocando un suspiro para mis adentros, sonreí por inercia.

—Te ves más linda cuando regalas al mundo tu mejor curva, pero es magnífico que sea yo el que la provoque. —comentó haciendo que mis mejillas entraran en calor.

—Apuesto a que eso le dices a todas. —mascullé.

No debía volverme a ilusionar por palabras bonitas deun chico guapo que acababa de conocer oficialmente.

— ¿Kevin? Me mocho un huevo si es la primera vez que le dice algo así a una chica. —comentó el conductor.

—Y yo el otro. —dijo el acompañante.

—Dije silencio. —espetó Kevin molesto. Respiró repetidas veces para que regresara la paz a él.

—Sabes, ninguna princesa de cuento te llega a los talones y lo que digo es verdad. Deseo que ilumines mis días con esa sonrisa tuya tan especial. —dijo.

No sabía que contestar. Era muy lindo de su parte llenarme de halagos, sin embargo algo me decía que tanta confianza con Kevin me traería problemas con mi mejor amigo.

— ¿Me dejarás ser tu príncipe?

—preguntó con una hermosa sonrisa que marcaba unos adorables hoyuelos en sus mejillas.

—Seré tu princesa. —respondí. Él tenía ese no se qué especial que ne inspiraba confianza y calidez.

Jamás pensé que me encontraría en una situación similar; alguien lindo llamándome princesa y quizá viéndome cómo una.

—Sus amigos están a salvo por ahora. —comentó Kevin.

Los chicos chocaron las palmas aliviados.

El trayecto a casa estuvo lleno de risas y pláticas triviales.

Es malo juzgar a alguien por las apariencias.

Ni en mis más locos sueños imaginé estar en un coche con el tipo de chicos que evitaba. Los juzgaba mal cuando en realidad eran amables y divertidos.

Llegamos a casa y me despedí de ellos.

—Cualquier cosa no dudes en llamarnos, si no estoy yo, ellos también están a tu su disposición. —dijo Kevin al tiempo que volteba con sus amigos. Éstos asintieron regalandome una sonrisa.

—Los amigos de Kevin son nuestros amigos también. —dijo el conductor.

—Ya nos vamos. —resopló Kevin. Se acercó a mi y besó mi mejilla. —Descansa mi princesa. —dijo después de darme un último beso en la frente.

Les dejo una probadita de lo que viene mañana subo más :3
Los invito a pasarse por
MI DULCE KARMA
POSDATA
QUISIERA SER YO
FALSAS ESPERANZAS
TODOS DE SU SERVIDORA ESPERO QUE ALGO LES GUSTE.
SALUDOS Y BESOS! :3


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