Ciento veinticuatro

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Entramos en la sala de cine correspondiente a nuestra tan esperada función. Nos sentamos en los lugares que nos asignaron al pagar el boleto y esperar a que empezaran los cortos.

Antes no se hacía eso. En mis tiempos uno se sentaba dónde quisiera y ya. En fin. Mi princesa la había pasado mal hace un rato por el imbécil ese pero eso no impidió que se quisiera ir o que dejara de sonreír.

Eso es lo que admiraba de ella que por más que estuviera rota por dentro se mostraba fuerte y feliz por fuera.

Estaba concentrada en su móvil y yo solo me dedicaba verla.

Su perfil era tan tierno con esa tenue luz que la alumbraba. Las luces se apagaron dando aviso al comienzo de la película.

En eso una pareja muy cariñosa entró en la sala y ¡joder! Solo faltaba que un pájaro me cagara. Eran ellos, rápido miré en dirección de mi princesa y ella aún estaba con las narices puestas en el celular.

Sopesé la idea de irnos de ahí sin que ella se diera cuenta de la presencia de ese par pero me fue imposible formular una buena excusa para salir de ahí.
Se sentaron unas filas más adelante de las de nosotros.

Todo estuvo bien hasta que ya casi finalizaba la película. Cuando ellos se empezaron a besar como si no hubiera mañana.

Por Dios la gente iba a ver la chingada película no a besuquearse. Ella se dio cuenta de quienes eran los besucones y se puso rígida en su lugar, aferró las manos al portavasos y miró al suelo por mucho tiempo.

No sabía que hacer; tomé su mano y empecé a hacer círculos con mi dedo pulgar, ella al sentir los múltiples círculos se relajó y después quitó la mano de golpe.

— ¿Él también hacía eso? —pregunté lo obvio.
—Sí —dijo en un susurro.

Ella posó su mirada en ellos. Frunció los labios y pequeñas arrugas se marcaron en su labio superior.

Sentía que algo debía hacer, ¿pero qué?

Piensa, Kevin piensa...

— ¿Quieres darle un poco de su propio chocolate? —susurré en su oído y ella se estremeció.

— ¿A qué te refieres? —preguntó confundida. Esperaba que la idea diera resultado y no se enojara conmigo.

—Tú solo sígueme la corriente.

Tomé un puño de palomitas y las lancé a él.

Narra ella.

Lanzó las palomitas y después todo pasó muy rápido. Se abalanzó hacia mí y capturó mis labios con los suyos en un beso forzado, colocó su mano detrás de mi nuca para acercarme más a él.

Mi mente decía que me alejara pero mi cuerpo no respondía. Mis labios se sincronizaron con los suyos haciendo que él hiciera un poco de presión en mi cuello, en un impulso lo abracé por los hombros y estiré su cabello por la intensidad que estaba tomando el beso. Sonrió aun en mis labios, en el fondo se escuchó el sonido de unos tacones bajar las escaleras y perderse a lo lejos, me dio un casto beso para finalizar la escena.

—Ya se fueron —musitó y se alejó un poco. Lo detuve. No sabía lo que estaba pasando pero no pude reprimir las ganas de saborear sus suaves labios contra los míos una vez más.

Quizá era el frenesí que produjo la mantequilla de las palomitas que me hacían querer regresar o ¿realmente deseaba besarlo?

Lo miré a los ojos y él se encontraba confundido, le dediqué una tímida sonrisa y esa vez fui yo quien le robó un beso.

Se resistió por un momento, quizá asimilando la situación.

—No hay que fingir más —dijo entre beso y beso.

—Lo sé. —mordí su labio inferior logrando que soltará un gemido contra mis labios.

— ¿Te dolió? —pregunté.

—No. —Entrelazó nuestras lenguas, un cosquilleo en la boca de mi estómago empezó a hacerse prensente.

La adrenalina corría por mi cuerpo despertando cada parte de mi ser. No quería separarme de él pero no sabía la razón, mi corazón latía rápido y mis mejillas se pusieron calientes.

Me perdí en el sabor de sus labios disfrutando cada segundo. El aire nos faltaba pero no quería separme de él. Besé su barbilla para darnos un leve respiro.

—Lo siento —dije con culpa. Mis manos empezaron a temblar.

— ¿Tienes frío? —preguntó quitándose su abrigo.

—No, es solo... —junté nuestras narices, necesitaba sus labios.

Me acerqué a él y al querer regresar nuevamente a lo que esa vez yo había iniciado las luces prendieron dando fin a la película.

¿Tanto tiempo había pasado?

Me pareció escaso e insuficiente el momento con Kevin.

Reprimí mis impulsos y la pena me invadió.

— ¿Qué fue eso? —preguntó. La sala cada vez estaba más vacía.

—Yo... no lo sé.

Salimos en completo silencio. Después todo se volvió incómodo y pedí que me llevara a casa.

Kevin debía estar tan confundido como lo estaba yo en esos momentos.

¿Qué rayos me pasaba?

Hola preciosas y preciosos, sí los chicos son escasos pero si los hay! :3
Les dejo estos dos caps siento que están chiquitos pero picosos...
Oww el final cada vez más cerca :'(

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