Seguía enamorada de la misma manera en la que ciegamente lo había hecho meses atrás, podía asegurar que incluso lo amaba más que antes. Se había vuelto un amor imposible, vaya, mi amor platónico estando tan cerca, mi amor por él se asemejaba a las estrellas del cielo. Él era la estrella más grande del firmamento, lo podía ver, lo podían sentir cerca incluso si alzaba mi brazo al cielo y extendía mis dedos; la distancia disminuía pero en realidad estaba tan lejos, se había vuelto inalcanzable incluso imposible. Jamás me cansaría de ver esa estrella en el cielo brillando más que las otras, resaltando en el cielo por ese brillo único y encantador.
Si él era feliz también debería de serlo yo, no necesariamente con otro amor si no sabiendo que él lo era y eso era suficiente porque era lo único que me importaba en realidad, hubiera sacrificado cualquier cosa para ver una sonrisa adornando su bello rostro por solo un instante más.
Debía seguir con mi vida, debía empezar de nuevo lejos de los recuerdos de su amor; de mi amor por él. Debía dejar de contar los días que pasaban en mi intento de olvidarlo; narrar esa experiencia no hacía más que aferrarme a su recuerdo latente que sacaba lágrimas con facilidad.
Debía salir de nuevo sin el temor de encontrarlo y lanzarme a sus brazos suplicando con vehemencia una nueva oportunidad a su lado.
Debía superar lo insuperable.
Debía olvidar miles de recuerdos.
Debía de ahogar los momentos que salían a flote en los ratos libres.
Debía dejar todo atrás, dejarlo a él, dejarlo todo para empezar de nuevo, empezar desde cero solo con la esperanza de odiarlo aún sabiendo que sería imposible porque amarlo sería mi motor en esta vida.
Los día pasaron y con ellos la rutina de evitar los lugares que frecuentabamos para que los efímeros intantes vividos en esos lugares no vencieran mis ganas de enterrar su recuerdo o por lo menos no fracasar en el intento.
Pasaron los días e intentaba no pensar en él a cada instante, no recordar su voz; el susurro de sus palabras resonando en mis oídos. No recordar sus labios al compás de mi piel, recorriendo cada centímetro con pequeños roces que me provocaban un placentero frenesí lleno de amor y pasión o por lo menos eso era lo que me hacía sentir. No recordar esos pequeños detalles que lograron enamorarme perdidamente de él era un auténtico calvario; como una loca logré amarlo, si bien pudo ser obsesión aunque creía esa posibilidad errónea ya que mis sentimientos eran puros, eran sinceros, eran solo para él.
De vez en cuando pensaba en un futuro alternativo, uno en el que él estuviera conmigo, uno en el que él me amara con la misma intensidad que lo hacía con ella, uno en el que formabamos una familia sólida, uno en el que yo estuviera de pie en el altar aceptando una hermosa propuesta para toda la vida, haciendo oficial el juramento de amarlo por toda la vida, por la eternidad si era necesario.
Las cosas no salen como uno las planea, cuando uno tiene toda la fe en eso importante que deseas que suceda simplemente se desmorona en tus manos abriendo paso a la tristeza de ver esos sueños hechos polvo esfumandose en el aire.
Cada minuto que pasaba me parecía más doloroso que el otro ya que mi tiempo sin él se había maximizado para bien. Opté por no ver sus fotos, borrar las conversaciones sin embargo no corté los lazos de comunicación con la idea de que él me volvería a buscar, aún anhelaba eso, aún añoraba una simple llamada aunque fuese solo escuchar sus suspiros del otro lado de la línea, para ser realistas eso no pasó.
Me prohibía escribirle pero como no hacerlo si por él descubrí un pequeño y magnífico mundo en las letras, uno en el que yo era la reina y el mi encantador rey, uno en el que yo era nada y el era todo. Escribir en su nombre era inmortalizar un poco de lo que sentía por él, un poco de mi amor plasmado en papel. Yo le escribía mucho y él no lo leería porque ni siquiera le gustaba leer, pude haber hecho una historia de amor con nosotros dos y un final feliz pero sería mentirme, sería ilusionarme con un futuro que jamás sucedería, pude escribir una saga completa que derrochara amor en cada página pero no podía porque congelé; guardé ese amor para que no fuese lastimado más de lo que ya estaba, para que no fuese destruido por completo.
Quería poner punto final porque si lo dejaba con puntos suspensivos sería una posibilidad de no acabar esa historia de amor triste, esa historia sin final feliz, esa historia sin un vivieron felices por siempre.
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Deseo Odiarte
Roman d'amourTe escribo como si lo fueras a leer. ----- Portadas de la historia hechas por mi gemelita @GCRosemary. Ella es mía y solo mía pero comparto su talento y les recomiendo que se dejen querer por sus historias.
