Ciento veinticinco

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No podía negar que Kevin era sumamente guapo comparado con él.
Eran tan diferentes y parecidos a la vez.
De vez en cuando al estar con Kevin sentía que en realidad era el brillito de mis ojos por la similitud de su carácter pero miraba sus ojitos claros y no era lo mismo, es decir no me hacía sentir lo que él lograba con solo mirarme.

Tenía que aceptar que Kevin era mucho mejor en quizá todos los aspectos, ¿por qué no apareció antes en mi vida? Y en ese momento, ¿por qué no me podía enamorar de él?

Lo que pasó en el cine me tenía confundida no encontraba una explicación coherente para mis actos.

Quizá quería probar si sentía algo más por él pero eso no pasó y ahora me arrepentía.
Quizá me quería dar una oportunidad con él pero no lo veía más que como un amigo.
Quizá, ¿me gustaba? Sí lo hacía pero no eran fuertes mis sentimientos por él no de esa manera.

Un nudo en el estómago se hizo presente al caer en cuenta que yo lo estaba usando inconscientemente cómo él lo hacía conmigo.

Así empezó todo con simples besos y solo siendo amigos. Si yo no quería a Kevin de esa manera sería mejor alejarme, dejar de frecuentarlo y definitivamente dejar de besarlo.

Pero besaba tan bien...

No quería alejarme, lo quería tanto que ya era indispensable en esos momentos de mi vida. Entonces amigos, sin besos, seríamos para siempre si quería conservar su amistad.

Días después verlo a los ojos fue difícil, sentía culpa y vergüenza.

-Kevin yo...lo siento, lo del cine...perdón. -susurré al verlo entrar por la puerta con los grandulones.

- ¿Qué pasó en el cine? -preguntó el castaño.

-No te preocupes princesa no me molesta en lo absoluto. -Ignoró la pregunta y me dedicó una sonrisa juguetona.

-Pero está mal es decir no fue correcto lo que hice -dije insistente necesitaba aliviar mi conciencia.

- ¿Qué pasó en el cine? -preguntó esa vez el pelinegro.

-Lo que yo hice tampoco estuvo bien aunque el resultado fue el deseado. Solo le diste un toque extra primor.

-Pero...

-Pero nada no me molesta que me beses de vez en cuando princesa -dijo dejándome confundida.

- ¿Se besaron? -dijeron los chicos al mismo tiempo con semblantes asustados como si hubieran visto fantasmas o como si un beso fuera la gran cosa.

-Sí -contesté para aliviar sus dudas.

- ¿Y cómo fue, cómo estuvo? -preguntó el pelinegro.

-¿Kevin besa bien, fue grosero, se propasó contigo? -preguntó el castaño serio.

-No sean metiches señoritos no es de su incumbencia -contestó Kevin a sus preguntas haciendo que los muchachos se cruzaran de brazos inconformes.

¿Era en serio que a Kevin no le molestaba? No era justo jugar con las personas de esa manera, no podía andar besándolo a diestra y siniestra así nada más.

Kevin les hizo señas para que nos dejaran solos y ellos sin chistar salieron del lugar dejándome sola, tenía miedo y no quería afrontarlo, aun no estaba lista.

- ¿Por qué no te molesta que te haya besado? -pregunté rompiendo el silencio. Se encogió de hombros y sonrió de lado.

-No lo sé. Es raro pero me siento cómodo en tus labios.

Deseo OdiarteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora