—Ya no estés triste princesa, sabes que me achicopala verte así —musitó Kevin apartando un mechón de mi mejilla y colocándolo detrás de mi oreja.
Ese mismo gesto lo hacía él. Pensé para mis adentros.
—Lo siento, es que... —mascullé dejando en el aire la explicación. Sentía un nudo en la garganta cada vez que lo mencionaba.
— ¡Ya deja de pensarlo de una buena vez! —exclamó mi príncipe saliéndose de sus casillas.
—No puedo.
—No quieres, que es diferente. —Moderó el tono de voz, cambió por uno más frío.
No tenía palabras para decirle porque todo ya se lo había dicho junto con mis emociones por él.
—No es eso, es solo que no sé... —dije en un tono apenas audible mientras terminaba la frase.
—Olvídalo —inquirió.
—Cómo si eso fuera tan fácil —susurré.
Ya lo había intentado pero todo me recordaba a él. Todo, lugares, comidas, canciones, el clima, respirar, absolutamente todo como si su nombre estuviera impreso hasta en el aire invisible. ¿Cómo lo podía olvidar así?
—Si lo intentaras, quizá lo lograras amor —dijo ojitos claros haciendo un puchero.
—Lo intento, lo juro pero aun lo amo y es tan difícil intentar dejarlo en el olvido.
— ¿Por qué no sales con otros chicos? Te haría bien. —propuso. La idea de pasar por lo mismo me resultaba horrible. ¿Y si me volvían a lastimar?
—No conozco a nadie y mis gustos son especiales.
— ¿Especiales? Horrendos querrás decir, ¿lo has visto bien? Digo no es guapo princesa —dijo sacándome una sonrisa. No era el más guapo pero no era feo y así lo amaba.
—Déjalo es hermoso a su manera —musité en su defensa Kevin no hizo más que rodar los ojos.
— ¿Saldrías conmigo? Tienes suerte nena, sería una cita —preguntó en un tono coqueto. No tenía que preguntar sabía perfectamente que no me negaría, ¿quién sería capaz de hacerlo con tremenda sonrisa?
—Nah, tengo mejores cosas que hacer —dije para molestarlo. Puso su mano en el pecho indignado y fingió sozollos.
— ¿No soy suficiente princesa, es qué me ves como un feo sapo? ¡Pero si yo te amo! No me rompas así el kokoro —dijo dramático.
—Estás loco.
—Soy tu loquillo —susurró en forma sexy y me mandó un beso. —
¿Entonces, a que hora? —preguntó dejando de lado el drama.
—Da igual, usted manda su majestad.
—Muy bien. Ponte bonita —musitó. Ahora fui yo la ofendida. —Digo ponte algo bonito, arreglate pues —propuso, no cambié mi semblante indignado, estaba que no cabía de vergüenza por no encontrar las palabras adecuadas.
—Eh, solo, usa algo cómodo siempre te ves linda no importa qué uses —dijo y estallé en carcajadas, se la estaba pasando muy mal.
—Sí, entiendo y no te preocupes me pondré algo digno para salir con alguien tan guapo —bromeé y sus mejillas tomaron un ligero color rosa.
—Lo que sea está bien, no quería ofenderte, lo siento —susurró.
—No lo hiciste, no te preocupes —dije y éste sonrió.
—Iremos al cine, hay una película de terror espantosa tenemos que verla, me puedes abrazar si te da miedo —inquirió.
—Eres una nena para las películas de terror, ya te oigo a medianoche llamándome porque se escuchan ruidos de la nada. Eres un miedoso de primera. —dije recordando la última vez que fuimos al cine. Tenía que aceptar que verlo temeroso fue gracioso.
—Prometo comportarme.
Antes de entrar a ver la película fuimos a comer en el mismo centro comercial para no perder mucho tiempo.
— ¿Qué quieres comer?
—Lo que sea está bien. —Busqué una mesa disponible para esperar a Kevin.
Sentía pesadez en los hombros como cuando alguien te mira fijamente por mucho tiempo, miré a mis alrededores pero todos estaban en sus asuntos quizá eran solo alucinaciones mías. Mi príncipe venía con dos hamburguesas grandes con papas grandes y refresco grande; definitivamente era el chico perfecto.
Antes de que se sentara le pedí cambiar lugares y así poder ver a la gente a mis espaldas y corroborar lo que sentía.
Ahí estaba él. Con el amor de su vida a unos metros. No había cambiado nada, seguía siendo perfecto a mis ojos. Mi corazón hizo de las suyas y por unos segundos todo desapareció; el único sonido que lograba escuchar era el latido de mi corazón acelerado, estaba con su mirada fija en mí, al verlo a los ojos un escalofrío recorrió mi espalda, su expresión era fría, ¿por qué si estaba con ella? Bajó la mirada y negó repetidas veces clavando el tenedor que tenía en la mano con fuerza en lo que fuera que estaba comiendo.
— ¿Estás bien? —preguntó Kevin sacándome del transe en el que me encontraba.
—Uhm, si... —aparté mi mirada del lugar en dónde él estaba. Kevin frunció el ceño y miró hacia atrás.
—Putas casualidades —dijo enojado.
—Lo sé —suspiré y me burlé para mis adentros por la situación.
— ¡Vámonos! —ordenó.
—No, está bien. No tiene por qué arruinar nuestra tarde.
—Muy bien, pero solo porque la burguer me hace ojitos —dijo Kevin empezando a devorar a la pobre hamburguesa.
La situación era incómoda él no dejaba de mirarme y yo trataba de centrarme en las palabras de mi príncipe pero me era imposible con él a sus espaldas. De vez en cuando revisaba su celular. Su novia se fue al baño y él no me quitó la vista de encima, me perdí en sus ojos estaban melancólicos, me sonrió; después de tanto tiempo sin ver esa hermosa sonrisa, ahí estaba de nuevo haciendo despertar las mariposas dormidas en mi estómago y haciendo que mi pecho se sintiera vacío porque lo necesitaba cerca y no lejos.
Esa hermosa expresión de su rostro fue borrada por un beso de su inoportuna novia y todo lo que estaba despertando en mí se fue a los suelos.
Y una vez más me preguntaba, ¿por qué ella y no yo?
—Jugamos a que me pones atención, ¿si? —preguntó molesto mi acompañante.
—Perdón —susurré. Debía de estar concentrada en cuantas pecas tenía Kevin en el rostro y no concentrada en el chico que era inalcanzable.
—Te entiendo —dijo mi niño de ojos claros. Me concentré en la comida y en reprimir las sonrisas involuntarias que se me escapan por la alegría que me provocaba verlo de nuevo.
No se veía feliz, quizá me extrañaba.
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Deseo Odiarte
Roman d'amourTe escribo como si lo fueras a leer. ----- Portadas de la historia hechas por mi gemelita @GCRosemary. Ella es mía y solo mía pero comparto su talento y les recomiendo que se dejen querer por sus historias.
