Y como era de esperarse, cociné, y por si se lo preguntan, no, no quemé el departamento; pudo haber sido un golpe de suerte.
—Vaya, parece que no incendiaste el lugar —dijo Nayeon, sorprendida, acercándose a la cocina.
—Traje el extintor que tengo en mi habitación —exclamó Jihyo, acercándose de igual manera a la cocina—. Oh, parece que ya estas aprendiendo —se enorgulleció al ver que yo no había incendiado nada.
—Creo que tienes razón —afirmé, sirviendo la comida en la mesa.
—Al fin, muero de hambre —expresó Jihyo yendo a la mesa, Nayeon se sentó segundos después.
—Buen provecho —coincidimos en nuestra expresión, procediendo a comer el delicioso desayuno que yo había preparado.
—Mmm, está muy bueno —comentó Nayeon alegremente a la par que comía—. Deberías hacerte chef —recomendó a modo de broma.
—Quizás, solo quizás —reí.
—Aprendió de la mejor —mencionó Jihyo con un guiño, y eso era verdad, desde que llegué a Corea del Sur Jihyo me enseñó a cocinar diversos platillos.
—Concuerdo contigo —acentué.
—¿De verdad tú le enseñaste a cocinar? —preguntó Nayeon a Jihyo totalmente asombrada, y no la culpo.
—Sí —respondió mi mejor amiga. Al mismo tiempo, me miraba con una linda sonrisa—. Le enseñé todo lo que yo sé.
—No seas tan exagerada —argumenté en contra tras escuchar sus palabras.
—Solo digo la verdad.
Tras desayunar, Nayeon se ofreció a lavar los platos, cosa que yo iba a hacer; mientras que Jihyo simplemente se sentó en uno de los sofás con su celular en mano.
—Faltan 40 minutos para que las clases empiecen —informó Jihyo, dirigiendo su mirada hacia mí.
—Pero con el tráfico que hay afuera, además de que la universidad nos queda un poco lejos, yo digo que nos fuéramos ya —propuse, al mismo tiempo, me asomé a la enorme ventana que había en la sala de estar.
—Tienes razón, deberíamos de irnos ya —enfatizó Nayeon desde la cocina.
—Vale, los sigo —Habló Jihyo. Dicho eso, se levantó del sofá con dirección a su cuarto, segundos después, ella regresó con su pequeña mochila en sus manos.
—¿Para qué esa llevas tu mochila? ¿Olvidaste alguna libreta? —la quedé viendo algo extrañado. En la universidad teníamos casilleros en donde dejábamos nuestros libros y cuadernos, por eso se me hizo raro.
—No. Al contrario, iré por mis cosas —informó—. Recuerda que estamos a dos días de graduarnos. Deberías hacer lo mismo. Igual tú, Nayeon.
Tal revelación me cayó como un balde de agua fría. ¿Tan rápido había transcurrido la semana como para no darme cuenta?
—Iré por ellas mañana —contestó Nayeon.
—Oye, Jihyo, ¿De casualidad mis libretas no entrarán en tu mochila? —pregunté, golpeando su brazo con mi codo.
—No —negó Jihyo, seria—. Y ni creas que las llevaré cargando de regreso —sentenció—. Mejor vámonos.
—Entonces, ¿Qué estamos esperando? Andando —dijo Nayeon de una manera muy alegre, provocándome una sonrisa.
Durante nuestra caminata, notamos un ambiente más raro de lo común. Los vehículos militares que recorrían las calles eran demasiados, y ni hablar de las tropas de infantería y policías que literalmente estaban en cualquier parte.
—Esto me da mala espina —musitó Nayeon durante nuestra caminata.
—¿Te respondió tu mamá? —le preguntó Jihyo.
—No —negó con la cabeza—. Ayer en la noche le marqué varias veces, pero no me contestó.
—Tranquila, posiblemente esté ocupada o algo... —comenté, alzando mis hombros.
—Posiblemente... —enfatizó Nayeon.
—No te preocupes tanto —dijo Jihyo, dándole un leve golpe en la espalda—. Dijiste que tu mamá está de viaje, ¿No? Posiblemente este en un lugar donde no haya señal —agregó, tratando de despreocuparla.
—Creo que tienes razón —asintió la señorita Im sin dejar de caminar.
Llegamos a la universidad realmente cansados, nos sentamos en una banca del campus tras ver que aún faltaban 15 minutos para que empezaran las clases.
—Hola, amigos —nos saludó Taeyong al divisarnos—. ¿Ya vieron las noticias? —preguntó bastante angustiado.
—Sí —confirmó Nayeon—. ¿Viste el video del chico que convulsionó en el parque?
—Sí, ese video está circulando en todas las redes sociales —mencionó el recién llegado sacando su celular, mostrándonos ese video—. Que horrendo es ese metraje —comentó al solo verlo—. Al principio creí que se trataba de una campaña publicitaria de alguna una nueva película o serie de zombies —agregó.
—¿De casualidad no has visto a Sana? —le preguntó Nayeon a Taeyong conforme miraba hacia todas las direcciones.
—No, no sé nada de ella desde ayer —respondió Taeyong—. Posiblemente ya esté en su salón —habló con algo de razón.
—Ya falta poco para que inicie la primera clase —anuncié. Dicho eso, nos levantamos para dirigirnos hacia nuestro respectivo salón de clases.
—Bueno, amigos, nos vemos luego —se despidió Taeyong de nosotros, yéndose por otro pasillo.
Nayeon, Jihyo y yo entramos al aula para solo ver que muy pocos alumnos se habían presentado a clase, pero luego recordamos lo que estaba ocurriendo en el país.
Nos sentamos en nuestros asientos en espera del profesor, el cual llegó minutos después.
—Buenos días, alumnos —dijo el profesor al entrar, su rostro denotaba preocupación y miedo.
—Muy buenos días, profesor —todos lo saludamos al mismo tiempo.
El profesor se reclinó en su escritorio a la vez que nos hablaba.
—Bueno... Hubo una junta de maestros hace rato —comentó, acomodando sus libros en su escritorio—. Hablamos sobre lo que está pasando en el país con aquel virus o lo que sea esa enfermedad —continuó—. Parece que todos tendremos que respetar el aislamiento hasta nuevo aviso —aclaró la garganta para seguir hablando—. En cuanto a la graduación... lamento informarles que no se podrá realizar. Sé que estaban ansiosos... lo siento, de verdad —suspiró al final con tristeza en sus palabras.
Todos nos quedamos callados sin saber que decir, solo asimilamos la noticia. Uno de nuestros compañeros estaba llorando en silencio, se trataba de Seungkwan, aquel chico que le presté un lápiz por si no lo recuerdan.
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I Will Never Leave You Alone
FanfictionEstaba a punto de graduarme de la universidad junto con mis amigos, éramos inseparables. Todo estaba bien, hasta que aquellos monstruos aparecieron. No sabía que hacer, estaba realmente asustado, la ansiedad invadía mi mente. Pero... Todo va a estar...
